OJERIZA AL CRITICADO

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El poeta chileno Enrique Lihn suponía que el odio que algunas personas manifestaban hacia él venía de haberlas visto durante treinta años sin haberlas saludado jamás. Lo explica Roberto Merino en Pista resbaladiza (Universidad Diego Portales), quien a renglón seguido observa que los políticos, en cambio, siempre saludan, porque saben que un ofendido es un voto menos. /// Recuerdo que, cuando fui miope —misteriosamente dejé de serlo—, algunos me reprochaban que pasara por su lado sin decirles nada, lo que terminó por llevarme al extremo de saludar a cuanta figura borrosa veía de lejos y me parecía familiar. Naturalmente, semejante exceso de celo me buscó la ruina y me llevó al ridículo, pues no paraba de saludar a desconocidos que me tomaban por chiflado. [sigue leyendo]

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FELICIDAD (Una entrada del Diccionario Vila-Matas)

Nueva York, 2006 (foto de V-M)

Nueva York, 2006 (foto de V-M)

La felicidad no es literaria. A diferencia de la tristeza o la desgracia, sobre las que se han escrito miles de libros, la literatura de la felicidad es escasa, aunque algunos de sus pocos autores sean clásicos incontestables: Rabelais, Cervantes, Montaigne, Sterne, Stendhal, Stevenson… La tristeza nos parece más poética, más interesante; peor aún: más inteligente, más sabia (“estúpido y horrible ornamento”, se quejaba ya con razón el Señor de la Montaña en su ensayo “De la tristeza”, que es más bien contra ella). Seducido por el prestigio de la desdicha, Vila-Matas cultivó de joven el arte de la desesperación, como cuenta en París no se acaba nunca, hasta que una duda se introdujo en su pesimismo: “tal vez lo elegante era vivir en la alegría del presente, que es una forma de sentirnos inmortales. Nadie nos pide que vivamos la vida en rosa, pero tampoco la desesperación en negro. Como dice el proverbio chino, ningún hombre puede impedir que el pájaro oscuro de la tristeza vuele sobre su cabeza, pero lo que sí puede impedir es que anide en su cabellera… Ahora pienso que no es elegante sino de verdaderos cataplasmas estar en el mundo sin experimentar la alegría de vivir” (pp. 73-74). /// La obra de Vila-Matas es una de las pocas obras alegres de la literatura moderna. Se trata, sobra decirlo, de una alegría compleja, como la que encontramos en los Ensayos de Montaigne, producto no solo de una buena disposición natural, sino de la reflexión y la experiencia; una alegría que no ignora los abismos de la melancolía, sino que, precisamente por conocerlos, ha decidido afirmarse como tal. La Historia abreviada de la literatura portátil es un libro esencialmente jovial, lúdico, festivo, al igual que sus héroes, los shandys; sin embargo, esta jovialidad (o sea, el dominio de Júpiter) no deja de ser problemática, pues se ve a ratos empañada por Saturno, el planeta de la melancolía. El alma del shandy se debate constantemente entre esas dos influencias. En Suicidios ejemplares, en apariencia, la felicidad no pintaría demasiado, pero paradójicamente varios de sus aspirantes a suicidas lo son porque tienen una alta idea de la misma, porque saben que la vida no puede colmar sus aspiraciones y que solo en el suicidio es posible lograr la realización total. Incluso en la desesperación, sobre todo en la desesperación, es preciso conservar el sentido del humor y reír. En “Las noches del iris negro”, uno de los mejores cuentos del volumen, se perfila una idea de felicidad muy cercana a la del estoicismo (no por nada el relato tiene un epígrafe de Séneca y uno de los personajes principales se llama Catón), no como un estado de exaltación o entusiasmo, sino como una suave tranquilidad del ánimo: “la velada fue inolvidable y también muy alegre, porque la serenidad… no está precisamente reñida con la alegría” (p. 98). Séneca, al que con frecuencia juzgamos como más severo de lo probablemente fue en realidad, no habría podido estar más de acuerdo: “el auténtico sabio está rebosante de gozo, jovial, tranquilo… fruto de la sabiduría es un gozo siempre igual. Tal es el alma del sabio cual el cielo que está sobre la luna: allí reina siempre la serenidad” (Epístolas a Lucilio, VI, 59). /// Este ideal estoico lo encontraremos más elaborado en obras posteriores como Exploradores del abismo (a raíz, sobre todo, del colapso físico ocurrido en 2006): “mis constantes vitales de esta mañana son el sol que saluda los despertares, el descubrimiento del placer de ser cortés, la revelación algo tardía de que todo es excepcional, el despliegue de gentileza en el trato a las personas, la impresión de vivir en plena tempestad de calma, la satisfacción de haber perdido unos kilos, la gestión de la herencia literaria del antiguo ocupante de mi cuerpo, el abordaje suave de una lógica espartana de trabajo, la creencia de que los gordos son los demás, la utilización de la ironía templada como rasgo de elegancia, de tímida felicidad, en definitiva” (pp. 16-17). La alegría frenética de la época shandy (que reaparecerá, aligerada, en Aire de Dylan) ha dado paso una más moderada, aleccionada brutalmente por la fragilidad del cuerpo, pero que no renuncia a sí misma, que se aferra a la felicidad, pese a todo. /// R. L. Stevenson, escritor alegre donde los haya y predilecto de Vila-Matas, escribió en el ensayo “Aes triplex”, síntesis de su ética: “el valor y la inteligencia son las cualidades de más valía para la educación de un buen hombre; la primera parte de la inteligencia es reconocer nuestro precario estado en la vida, y la primera parte del valor es no amedrentarse en absoluto por ello”. Stevenson no opinaba en abstracto. Su vida, que consistió en una larga batalla con la tuberculosis, pudo justificadamente haber hecho de él un Kafka; sin embargo, renunció a la facilidad del pesimismo y tomó un partido decidido por la alegría. Vila-Matas, en Dietario voluble, sostiene una convicción parecida: “no nos engañemos. Se enfriará este mundo, una estrella entre las estrellas y, por otra parte, una de las más pequeñas del universo, es decir, una gota brillante en el terciopelo azul. Se enfriará este mundo un día y se deslizará en la ciega tiniebla del infinito –ni como una bola de nieve, ni como una nube muerta–, como una nuez vacía. Creo que debemos tener en cuenta esto y amar al mundo en todo momento, amarlo tan conscientemente que podamos al final cada uno de nosotros decir: he vivido” (pp. 40-41). La lección de Stevenson y Vila-Matas es a fin de cuentas la misma: es preciso (e inevitable) tomar conciencia lúcida de nuestra fragilidad y la fundamental insignificancia, no digamos de nuestra existencia personal, sino del mundo, pero, una vez hecho esto, tener aplomo y entregarnos a la vida con toda la fuerza y el gozo de que seamos capaces.PABLO SOL MORA (¿Qué es el diccionario Vila-Matas?)

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EL ESTILO DE LA FELICIDAD

 Y, además, se trata de una felicidad que no termina entre sus páginas

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MÁSCARA (Una entrada del Diccionario Vila-Matas)

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“Los comediantes llamados a escena, para no dejar ver el rubor de su frente, se ponen máscaras. Como ellos, al momento de subir a este teatro del mundo donde hasta ahora no había sido sino espectador, avanzo enmascarado”, o sea, larvatus prodeo. Las palabras son del joven Descartes, que las adoptaría como divisa, y manifiestan su intención de conducirse con cautela y secreto en el camino que se había trazado luego de sus famosos sueños del 10 de noviembre de 1619: la búsqueda personal de la verdad mediante el uso la razón. La reafirmaría en el Discurso del método, donde se define a sí mismo como un hombre que avanza “solo y en la oscuridad”. ///  El larvatus prodeo cartesiano aparece aquí y allá, de manera explícita o encubierta, en la obra de Vila-Matas y se ha convertido en una especie de clave. En Dietario voluble, a propósito del uso de la cita, el autor sostiene: “escribimos siempre después de otros, y quizás por eso tantas veces perseguí –con citas literarias distorsionadas o inventadas que ayudaban a crear sentidos diferentes– una imagen mía hecha con rasgos ajenos, y quizá por eso tantas veces fragmenté el antiguo texto de la cultura, y diseminé sus rasgos haciéndolos irreconocibles, del mismo modo en que se maquilla una mercadería robada. Así fui abriéndome camino, así fui avanzando. Para andar por ahí nada tranquiliza tanto como una máscara” (p. 228). ///  Ahora bien, el ocultamiento tras la máscara es ambiguo. La máscara esconde la superficie, pero puede revelar lo profundo. Como bien sabía Wilde, nada garantiza mejor la verdad que una máscara; cubierto el propio rostro, sustituido por otro, artificial, podemos empezar, entonces sí, a ser nosotros mismos. Y, sin embargo, hay una forma aún más sutil y radical de enmascararse: ser otro bajo la apariencia de uno mismo. En El viajero más lento se habla de un sospechoso amigo del autor que, angustiado por la identidad y resuelto a “convertirse en otro o dejar de ser” (p. 66), opta por la forma más inesperada de la alteridad: ser él mismo. Será, en efecto, otro dentro de sí, bajo el mismo nombre y la misma cara; los demás, superficialmente, podrán juzgarlo idéntico, pero él se sabe ya otro. En el fondo, no hay mejor máscara que el propio rostro ni pseudónimo o heterónimo más eficaz que el propio nombre. Lo sabía el enmascarado por definición: “nadie me ha conocido bajo la máscara de la igualdad, ni ha sabido nunca qué era una máscara, porque nadie sabía que en este mundo hay enmascarados. Nadie ha supuesto que a mi lado estuviese siempre otro que, al final, era yo. Me creyeron siempre idéntico a mí” (Fernando Pessoa, Libro del desasosiego). (¿QUÉ ES EL DICCIONARIO VILA-MATAS?)

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Errata Naturae publica un libro sobre MAD MEN

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Escriben en MAD MEN o la frágil belleza de los sueños en Madison Avenue :  Matthew Weiner, Enrique Vila-Matas, Jorge Carrión, Raquel Crisóstomo, Enric Ros, etc.).

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MIEDO AL SILENCIO (Comentario al epílogo [La pregunta de Florencia] de la nueva edición de BARTLEBY Y COMPAÑÍA

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ELISA RODRIGUEZ COURT. ¿Te da miedo el silencio? -le preguntó a bocajarro Emmanuel Carrère a Enrique Vila-Matas en un encuentro casual. Los dos estaban en Florencia y coincidieron en un café. La pregunta del escritor francés se convierte en hilo conductor del epílogo de Vila-Matas en la reciente reedición de su libro Bartleby y compañía. (sigue leyendo)

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EL SÓTANO DE SCHULZ

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 El personaje central de En la cabeza de Bruno Schulz —relato de Maxim Biller recién publicado por Minúscula— es un hombre “pequeño, delgado y serio” que en la Drogóbich de 1938, al fondo de una callejuela, ve pasar corriendo a un brutal insecto negro. Todos conocemos al monstruo. Oscuro y prehistórico, no tiembla cuando asesina, sigue ahí, nunca se fue. En cuanto al pequeño hombre delgado y serio, se trata, en efecto, de Bruno Schulz, hijo de un tendero judío de Drogóbich —entonces ciudad polaca, hoy ucraniana— y autor de la fascinante Las tiendas de canela fina:un tipo diminuto y atemorizado, modesto y dulce, pero al parecer también cruel, de una severidad oculta en el fondo de su mirada infantil; un tipo que dibujaba muy bien y escribía aún mejor (seguir leyendo)

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¿QUÉ ES EL DICCIONARIO VILA-MATAS?

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[Una propuesta de PABLO SOL MORA en Letras Libres] Un universo único: un universo portátil de shandys, bartlebys, suicidas, solteros, espías y femmes fatales; de capitales lo mismo en París y Barcelona que en Praga y Veracruz; de máscaras y ventrílocuos; de viajes y viajeros lentos; de citas y conferencias; de ficción y crítica; de fiesta y tedio; de vida y literatura. El Diccionario Vila-Matas pretende ser, ante todo, un homenaje a una obra, un tributo que nace de la admiración y el entusiasmo razonados de la crítica. Busca ofrecer al lector, al que apenas se interna en el mundo vilamatiano o al familiarizado con sus caminos, un mapa, una guía o, mejor aún, un compañero de viaje. De “Abismo” a “www.enriquevilamatas.com” es un itinerario personal y hedonista a lo largo de una obra leída y releída con pasión… (entra en el diccionario)

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CREADORES INDOLENTES (por Alan Pauls)

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«Sólo importa la obra, pero finalmente la obra no está ahí más que para conducir a la búsqueda de la obra» (Maurice Blanchot)

En el intenso y elegante prólogo de Alan Pauls a El gran libro del dandismo. Balzac, Baudelaire, Barbey d´Aurevilly (que publicara en 2014  Buenos Aires, Mardulce editora, llegando el libro a España en enero 2015), hay un fragmento que, al hablar de esa variante portátil del dandismo que fue el shandysmo, sintetiza y unifica con genialidad Historia abreviada de la literatura portátil y Bartleby y compañía, dos libros de V-M separados quince años en el tiempo (recientes reediciones en Debolsillo y Seix Barral respectivamente):

“Más de una vez Enrique Vila-Matas ha reivindicado esa épica de la abstención, destilando todo el lirismo lunático que encierra y encarnándola en una comunidad de “respiradores” extravagantes que solo difiere por un sonido de la legión dandi: la casta shandy. La componen –sin que eso los obligue a tener alguna relación entre sí, a tal punto lo que forman es una comunidad de célibes –escritores que no escriben, genios atacados de pereza, procrastinadores compulsivos, creadores indolentes, promotores de una “literatura portátil” que abjura de toda realización objetiva, de toda obra, y sólo parece existir como leyenda o aura existencial, reducida a la forma de vida que estos escritores del No se han dado a sí mismos. ¿Redactar libros, versos, tratados? La empresa suena demasiado manual (demasiado retiniana, diría Duchamp, que inventó el ready-made y estuvo décadas sin hacer otra cosa que respirar) para escritores que ya están más acá o más allá del arte de escribir, que conciben el arte de escribir, como cosa mentale y, como el Joubert de Blanchot, desdeñan las obras-resultados y se interesan por las condiciones que las hacen posibles, y no escriben para añadir un libro encima de otro sino para dar con el punto preciso del que surgen todos los libros, “punto que, una vez hallado, los eximiría de escribirlos”

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¿BARCELONA COSMOPOLITA?

harry-callahan-color-02UN TEXTO DE JORDI LLOVET. Hace poco, firmado por un grupo de intelectuales de calidad indiscutible, se presentaba en Barcelona un manifiesto de la entidad CLAC (Centro Libre de Arte y Cultura) en el que se clamaba, textualmente, por una Barcelona con el “carácter cosmopolita que siempre ha tenido”. En buena medida, es una lógica reacción al despliegue abusivo de la cultura popular y el apoyo exagerado que está teniendo el folclore por parte de nuestras autoridades, y al hecho insólito de que, en TV3, ya no se pueda ver un telenoticias sin la aparición de castellers, ferias del caracol, “forasters”, buscadores de setas, cosechas propias, degluciones de calçots y todo lo que se quiera (la sardana, pobre, ha caído en desgracia): es comprensible que la gente que se ha formado en una cultura universal y metanacional encuentre desmesurado este abuso de unas formas de cultura que, siendo de gran dignidad, poseen el inconveniente de ser siempre idénticas, invariables, sin posibilidad de metamorfosis ni impulso hacia la creatividad.
Pero los firmantes del manifiesto, presentes o no en un acto más bien improvisado y falto de concepto, muchos de ellos amigos de un servidor (que formaba parte de la entidad, y se ha dado de baja), no tuvieron presente una de las propiedades más gloriosas, o lo contrario, de la cultura de Barcelona, hablando diacrónicamente: la mediocridad. Nada que ver con Londres, París, Berlín o, incluso, Zúrich. Basta que volvamos a ver aquella famosa entrevista que Soler Serrano le hizo a Josep Pla -payés muy viajado- para recordar que, en Barcelona, tradicionalmente, ha sido vulgar la arquitectura (la del XIX hasta ahora), la vida cotidiana, las artes plásticas y también -¡ay!- la literatura. Está claro que hay dos grandes excepciones en el siglo XX: los hitos altísimos del Modernismo en arquitectura (no en literatura) y en cultura de entretenimiento resucitada (desde el teatro Romea de Sagarra a la vida nocturna del Paralelo), y la enorme literatura del Noucentisme, en parte su arquitectura, y mucho menos la pintura, y un ideal de civilidad heredero de la gran pedagogía nacida con la Mancomunitat.
Mucho más tarde, en los setenta y ochenta -hasta que Barcelona se masificó y banalizó a causa de un turismo embobado, mal informado y sin el menor gusto-, Barcelona conoció dos décadas de enorme actividad editorial, literaria -los autores sudamericanos afincados en la ciudad, por ejemplo-, artística -Tàpies, el auge de las galerías de arte y el cine- y también en otros campos. Una cultura cosmopolita, que agradecimos mucho en su momento, un momento efímero.
Ahora bien: ¿era todo esto una cultura que iba más allá de la burguesía barcelonesa que conservaba, con más espectáculo que solera, formas de vida educadas, también viajadas, que obedecían sólo a una estela de la gran burguesía de antes de la Guerra Civil? No: esta cultura (Gauche Divine, Tuset Street) poseía un elitismo propio de gente privilegiada y distinguida y una escasa vocación didáctica -quiero exceptuar a la Escuela Eina de diseño-, que de ninguna manera podía llegar más allá de aquellos cenáculos. Era una cultura enormemente viva, que dio prestigio en Barcelona, pero que vivía en un hortus conclusus, al igual que vivían en un paraíso amurallado D’Ors, Carner, Riba o Foix en las mejores tertulias de café.
La verdad sociológica es que Barcelona no ha tenido nunca vocación cosmopolita; ha sido, como decía muy bien Joan Maragall en su Oda nova, una ciudad “airosa” y “risueña”, pero también “cobarde, cruel y grosera”; más aún: “una menestralía advenediza”. Barcelona ya era así en 1909, y el panorama no ha cambiado. Prat de la Riba, Cambó y Galí hicieron lo posible para dar altura intelectual a la ciudad; pero las bases ideológicas de la burguesía histórica son tan volubles y mezquinas, y se han sometido tanto, con los años, a la lógica del capitalismo neoliberal o al impudor del nacionalismo folklórico, que, salvo los grupos ya dichos, la cultura que ha imperado en Barcelona ha sido de una vulgaridad en parte heredada de los medios rurales (hoy, con más salud que la metrópolis) y en parte promovida por el pujolismo y sus herederos descafeinados, que detestan la capital.
Si el CLAC se presentara como un partido, decidido a trabajar, en el futuro, en un Parlamento y en las consejerías de Educación y de Cultura, daría todo mi apoyo a la iniciativa. Porque decir que Barcelona «siempre ha sido cosmopolita» es caer en una ilusión nada propia, precisamente, de los intelectuales.

(Traducción del catalán de V-M. El País, 26 febrero 2015)

l’article de Llovet en la seva versió original catalana.

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ATILA, UNA NOVELA DE JAVIER SERENA.

El enigmático escritor español Aliocha Coll, centro de ATILA, una novela de Javier Serena.

El enigmático escritor español Aliocha Coll, centro de ATILA, una novela de Javier Serena.

El blog de Mario Crespo recoge algunos fragmentos de Atila novela de Javier Serena -autor sin duda a seguir-. Publicada por Tropo editores, Atila. Un escritor indescifrable gira en torno a la historia del desaparecido Aliocha Coll, escritor que se suicidó. La lectura -aunque quizás no tengan mucho que ver- me ha devuelto a la memoria   Fuego fátuo, de Drieu La Rochelle, donde el protagonista es una contrafigura de Jacques Rigaut, uno de los suicidas -junto a Cravan, Torma y Vaché- del movimiento Dadá. Y tambien me ha hecho pensar -como si de pronto volviera a un pasado no demasiado lejano- en aquella novela de Martin Amis, La información, en la que se tocaba el tema de las dos opciones del escritor contemporáneo. Se hablaba en ese libro de alguien que, después de unos inicios prometedores en el medio literario, cae pronto en el olvido, pues su escritura se vuelve excesivamente experimental, hasta el punto de resultar ilegible para todos, mientras que, en cambio,  su mejor amigo, condiscípulo desde temprana edad, consigue, aún con una escritura mediocre y ramplona, el reconocimiento de múltiples premios y la aceptación generalizada de los lectores.  En fin, creo que el escritor valiente e ilegible siempre inquieta a un escritor honesto (una especie de especímen en franca extinción) y que eso es lo que le ha sucedido o ha podido sucederle a a Javier Serena, que ha hecho un buen trabajo en Atila, un libro que abre puertas a un tipo de narrativa que es poco o nada usual en nuestro país. Una novela sobre la pasión y la negatividad (tan opuestas a primera vista), una novela muy estimulante.

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27 SEMANAS CON ODRADEK

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 Hoy se cumplen 27 semanas de la llegada de este odradek a la escalera de la casa de monsieur Vok, Vilhem. Dado el matiz shandy de la celebración, Dora Rester quiere unirse a los festejos (desmesurados)

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FRAGMENTO DE BARTLEBY Y COMPAÑÍA

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Sometimes one stops writing because one simply falls into a state of madness from which one never recovers. The best example of this is Hölderlin, who had an involuntary successor in Robert Walser. The former spent the last thirty-eight years of his life enclosed in the attic of the carpenter Zimmer, in Tübingen, writing strange and incomprehensible verses which he signed with the names Scardanelli, Killalusimeno and Buonarotti. The latter spent the last twenty-eight years of his life shut up in the mental hospitals first of Waldau and then of Herisau, engaged in a frenetic activity of microscopic handwriting, fictitious and indecipherable gibberish scrawled on minute pieces of paper.
I think it might be said that, in a certain way, both Hölderlin and Walser carried on writing. “To write,” Marguerite Duras remarked, “is also not to speak. It is to keep silent. It is to howl noiselessly.” Of Hölderlin’s noiseless howls, we have the record of, among others, J. G. Fischer, who gives the following account of his final visit to the poet in Tübingen: “I asked Hölderlin to write some lines on anyone topic, and he asked me if I would have him write on Greece, on Spring or on the Spirit of Time. I replied the last of these three. And then, with what might be described as a youthful fire burning in his eyes, he settled himself at his desk, took a large sheet of paper, a new pen, and began to write, marking the rhythm on his desk with the fingers of his left hand and expressing a hum of satisfaction at the end of each line while nodding his head in a gesture of approval … ”
Of Walser’s noiseless howls, we have the copious testimony of Carl Seelig, the loyal friend who continued to visit the writer when he ended up in the mental hospitals of Waldau and Herisau. Out of all the “portraits of a moment” (the literary genre Witold Gombrowicz was so fond of), I choose the one where Seelig caught Walser at the exact moment of truth, that instant when a person, with a gesture — Hölderlin’s nodding of the head, for example — or a phrase, reveals who they really are: “I shall never forget that morning in autumn when Walser and I were walking together from Teufen to Speichen, through a thick fog. 1 told him that day that perhaps his work would last as long as Gottfried Keller’s. He stood rooted to the spot, viewed me with utter seriousness and asked me, if I valued his friendship, never to repeat such a compliment. He, Robert Walser, was a walking nobody and he wished to be forgotten.”
Walser’s entire work, including his ambiguous silence of twenty-eight years, is a commentary on the vanity of all initiative, the vanity of life itself. Perhaps that is why he only wanted to be a walking nobody. Someone has compared Walser to a long-distance runner who is on the verge of reaching the longed-for finishing-line and stops in surprise, looks round at masters and fellow disciples, and abandons the race, that is to say remains in what is familiar, in an aesthetics of bewilderment. Walser reminds me of Pique mal, a curious sprinter, a cyclist in the sixties who suffered from mood swings and would sometimes forget to finish a race.
Robert Walser loved vanity, the fire of summer, women’s ankle boots, houses illumined by the sun, flags fluttering in the wind. But the vanity he loved had nothing to do with the drive for personal success, rather it was the sort that is a tender display of what is minimal, what is fleeting. Walser could not have been further from the heady heights, where power and prestige dominate: “Were a wave to lift me and carry me to the heights, where power and prestige are predominant, 1 would destroy the circumstances that have favoured me and hurl myself downwards, to the vile, insignificant darkness. Only in the lower regions am I able to breathe.”
Walser wanted to be a walking nobody and what he most desired was to be forgotten. He realised that every writer must be forgotten almost as soon as he has stopped writing, because the page has been lost, has literally flown away, has entered a context of different situations and sentiments, answers questions put by other men, which its author could not even have imagined.
Vanity and fame are ridiculous. Seneca claimed that fame is horrible because it depends on the judgement of many. But this is not exactly what made Walser desire to be forgotten. More than horrible, worldly fame and vanity were, to him, completely absurd. This was because fame, for example, seems to assume that there is a proprietorial relationship between a name and a text that now has an existence, yet which that pallid name can surely no longer influence.
Walser wanted to be a walking nobody, and the vanity he loved was like that of Fernando Pessoa, who once, on throwing a chocolate silver-foil wrapper to the ground, said that, in doing so, he had thrown away life.

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A veces se abandona la escritura porque uno simplemente cae en un estado de locura del que ya no se recupera nunca. El caso más paradigmático es el de Hölderlin, que tuvo un imitador involuntario en Robert Walser. El primero estuvo los treinta y ocho últimos años de su vida encerrado en la buhardilla del carpintero Zimmer, en Tubinga, escribiendo versos raros e incomprensibles que firmaba con los nombres de Scardanelli, Killalusimeno o Buonarotti. El segundo pasó los veintiocho últimos años de su vida encerrado en los manicomios de Waldau, primero, y después en el de Herisau, dedicado a una frenética actividad de letra microscópica, ficticios e indescifrables galimatías en unos minúsculos trozos de papel.
Creo que puede decirse que, de algún modo, tanto Hölderlin como Walser siguieron escribiendo: «Escribir —decía Marguerite Duras— también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido.» De los aullidos sin ruido de Hölderlin tenemos el testimonio, entre otros, de J. G. Fischer, que cuenta así la última visita que le hizo al poeta en Tubinga: «Le pedí a Hölderlin algunas líneas sobre cualquier tema, y él me preguntó si quería que le escribiera sobre Grecia, sobre la Primavera o sobre el Espíritu del Tiempo. Le contesté que esto último. Y entonces, brillando en sus ojos algo así como un fuego juvenil, se acomodó en el pupitre, tomó una gran hoja, una pluma nueva y escribió, escandiendo el ritmo con los dedos de la mano izquierda sobre el pupitre y exclamando un hum de satisfacción al terminar cada línea al tiempo que movía la cabeza en signo de aprobación…»
De los aullidos sin ruido de Walser tenemos el amplio testimonio de Carl Seelig, el fiel amigo que siguió visitando al escritor cuando éste fue a parar a los manicomios de Waldau y de Herisau. Elijo entre todos el «retrato de un momento» (ese género literario al que tan aficionado era Witold Gombrowicz) en el que Seelig sorprendió a Walser en el instante exacto de la verdad, ese momento en el que una persona, con un gesto —el movimiento de cabeza en señal de aprobación de Hölderlin, por ejemplo— o con una frase, delata lo que genuinamente es: «No olvidaré nunca aquella mañana de otoño en la que Walser y yo caminamos de Teufen a Speichen, a través de una niebla muy espesa. Le dije aquel día que quizás su obra duraría tanto como la de Gottfried Keller. Se plantó como si hubiese echado raíces en la tierra, me miró con suma gravedad y me dijo que, si me tomaba en serio su amistad, no le saliese jamás con semejantes cumplidos. Él, Robert Walser, era un cero a la izquierda y quería ser olvidado.»
Toda la obra de Walser, incluido su ambiguo silencio de veintiocho años, comenta la vanidad de toda empresa, la vanidad de la vida misma. Tal vez por eso sólo deseaba ser un cero a la izquierda. Alguien ha dicho que Walser es como un corredor de fondo que, a punto de alcanzar la meta codiciada, se detiene sorprendido y mira a maestros y condiscípulos y abandona, es decir, que se queda en lo suyo, que es una estética del desconcierto. A mí Walser me recuerda a Piquemal, un curioso sprinter, un ciclista de los años sesenta que era ciclotímico y a veces se le olvidaba terminar la carrera.
Robert Walser amaba la vanidad, el fuego del verano y los botines femeninos, las casas iluminadas por el sol y las banderas ondeantes al viento. Pero la vanidad que él amaba nada tenía que ver con la ambición del éxito personal, sino con ese tipo de vanidad que es una tierna exhibición de lo mínimo y de lo fugaz. No podía estar Walser más lejos de los climas de altura, allí donde impera la fuerza y el prestigio: «Y si alguna vez una ola me levantase y me llevase hacia lo alto, allí donde impera la fuerza y el prestigio, haría pedazos las circunstancias que me han favorecido y me arrojaría yo mismo abajo, a las ínfimas e insignificantes tinieblas. Sólo en las regiones inferiores consigo respirar.»
Walser quería ser un cero a la izquierda y nada deseaba tanto como ser olvidado. Era consciente de que todo escritor debe ser olvidado apenas ha cesado de escribir, porque esa página ya la ha perdido, se le ha ido literalmente volando, ha entrado ya en un contexto de situaciones y de sentimientos diferentes, responde a preguntas que otros hombres le hacen y que su autor no podía ni siquiera imaginar.
La vanidad y la fama son ridiculas. Séneca decía que la fama es horrible porque depende del juicio de muchos. Pero no es exactamente esto lo que llevaba a Walser a desear ser olvidado. Más que horrible, la fama y las vanidades mundanas eran, para él, completamente absurdas. Y lo eran porque la fama, por ejemplo, parece dar por sentado que hay una relación de propiedad entre un nombre y un texto que lleva ya una existencia sobre la que ese pálido nombre ya no puede seguramente influir… Walser quería ser un cero a la izquierda y la vanidad que amaba era una vanidad como la de Fernando Pessoa, que en cierta ocasión, al arrojar al suelo el papel de plata que envolvía una chocolatina, dijo que así, que de aquella forma, había tirado él la vida. (ver más en la página dedicada a Bartleby y compañía)

 

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AMÉRICA EN EL OJO

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De la revista literaria Buensalvaje, fundada en Lima por Dante Trujillo, hay una versión española, editada por Demipage, y en el número dos pueden leerse sagaces reseñas sobre Levrero, Gaddis, Ismael Grasa y Doctorow, así como muy buenas entrevistas con Marta Sanz y con el crítico cultural Jordi Costa. Y hay una columna de Lina Meruane que mientras la leía he pensado que tendría que reproducirla entera aquí (sigue leyendo)

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SE ACABÓ LA ÉPICA

edición en Mansalva editorial de ‘Nosotros dos’, de Néstor Sánchez.

edición en Mansalva editorial de ‘Nosotros dos’, de Néstor Sánchez.

Se acabó la épica, un documental de Matilde Michanié –en el que participa Vila-Matas como testimonio secundario- analiza la deriva existencial y estética del escritor argentino Néstor Sánchez, el penúltimo bartleby.

“Hasta ahora sólo tengo misterio”, decía Matilde Michanié el año pasado, mientras terminaba de editar su documental Se acabó la épica, donde rastrea las derivas del escritor argentino Néstor Sánchez. Eso –el misterio– es lo que intenta atrapar la cámara a través de espacios, personas, voces. De flâneur en París a vagabundo en Nueva York, Sánchez fue una sombra que también pasó por España, Italia y las mesas del Gavilán en la Argentina, y tras ella, Michanié recorre calles, esquinas, salones de baile o destartalados vagones de tren para capturar una figura esquiva y misteriosa. “Sánchez convierte su marginalidad literaria y personal en una cuestión ética. Va tras de sí sin concesiones. Para mí es un raro ejemplo de fidelidad a la búsqueda profunda de lo que significa el compromiso real de un artista”, dice Michanié, que estrenará el filme el 26 de febrero, por ahora, sólo en la sala Gaumont. Se acabó la épica (una frase que repetía Sánchez cuando explicaba por qué había dejado de escribir) es una memoria coral de aquellos que conocieron a uno de los escritores más originales de la literatura argentina, un autor que hizo de su obra una manera de componer sueños o pesadillas. Impredecibles, violentos, musicales, los libros de Sánchez se construyen desde la improvisación, desde sus balbuceos, desde su vacilación, en busca de una libertad total. “El arte es siempre una pregunta y nunca una respuesta.” El “no saber” –queda claro en el documental– fue algo esencial en la vida de Sánchez. Y también queda en evidencia ese sin sentido que tenía la vida para él. “No hay ninguna posibilidad de consuelo” es, según su hermano Carlos que vive en Italia, la última frase de una novela que Sánchez escribió y luego destruyó. Esa novela tenía como título El arte de la fuga. TEXTO DE DIEGO ERLAN para Revista Ñ, Buenos Aires, febrero 2015.

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ES QUE SOY DE VERACRUZ (SERGIO PITOL ESCUCHA ÓPERA)

Pitol & V-M

Pitol & V-M

Desde su cuenta de twitter, Margo Glantz reunió a más de 700 escritores que salieron al rescate inmediato de Pitol, demostrando que tiene un millón de amigos y admiradores respaldándole. (sigue leyendo)

 

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Apoyan más de 500 escritores a Sergio Pitol

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México, DF. Más de 500 escritores y amigos de Sergio Pitol firmaron una carta que desde la semana pasada circula en apoyo al autor de El desfile del amor, en la que aseguran que éste “goza de cabal salud”. La reacción se dio luego de que el pasado 4 de febrero, el primo de Pitol dijo a La Jornada que su familiar había perdido lucidez y se encontraba “en manos de una camarilla” que frustró su acción judicial por obtener la tutela del también traductor y diplomático. En la misiva se señala: “Nosotros, los amigos, compañeros y alumnos de Sergio Pitol, a quien a menudo visitamos, sabemos que empieza a recobrar la salud y que ya se encuentra en terapia intermedia y oyendo ópera, en el Hospital Ángeles de Jalapa, Veracruz.

[…]

Entre los firmantes se encuentran: Alberto Ruy-Sánchez, Ana García Bergua, la Asociación de Mexicanistas integrada por 92 académicos, Bárbara Jacobs, Brian Nissen, Carmen Boullosa, Cristina Pacheco, instituciones como Difusión Cultural UNAM, las editoriales Era, Sexto Piso y La tumbona, Elena Poniatowska, Enrique Vila-Matas (España), Fabrizio Mejía, Fernando González Gortázar, Graciela Iturbide, Hugo Hiriart, Ida Vitale, Ignacio Padilla, Ignacio Toscano, Jesusa Rodríguez, Juan Antonio Masoliver, Jorge Alberto Manrique, Jorge Herralde (España), José Agustín, Juan Villoro, Julio Ortega, Luisa Valenzuela (Argentina), Luz del Amo, Lydia Cacho, Manuel Felguérez, Sònia Hernández, Marcelo Uribe, Margo Glantz, Mario Bellatín, Mercedes de la Garza Camino, Mónica Mansour, Noé Jitrik (Argentina), Paul Leduc, Phillippe Ollé Laprune, Rosa Beltrán, Sara Poot, Sylvia Molloy (Argentina, E.U.) y Vicente Rojo.

Has hecho  girar la locura

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BIOY CASARES, AÑO 101.

Cinema Metropol, de Barcelona, año 1933.

Cinema Metropol, de Barcelona, año 1933.

Le preguntaron un día a Adolfo Bioy Casares cuál era el sentido de su obra. Y él acusó el golpe (que diría un cronista de boxeo)

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EL ‘ARCHIVO BOLAÑO’ EN MADRID

bolaño (imagen del film de TVE Bolaño, el último maldito)Un texto de Juristo en Cuarto Poder comenta la muestra que se prepara en Madrid.

La revista chilena The Clinic publica una entrevista que Pedro Lemebel le hizo a Roberto Bolaño en 1999, en el programa de radio “Si nos dejan”.

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Poema para EVM

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UN DUCHAMP RELAJADO

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 En El legado de Humboldt (Galaxia Gutenberg), hay un momento en el que Saul Bellow nos recuerda cómo Artaud invitó a los intelectuales más brillantes de París a una conferencia y, cuando los tuvo a todos reunidos, no leyó nada, se subió al escenario y se puso a gritarles como un animal salvaje; soltó gritos horrísonos mientras los intelectuales parisienses permanecían sentados considerando que en el fondo (sigue leyendo)

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Vienen los fantasmas, poema inédito de A. G. Porta

Poema en prosa que escribió A. G. Porta en 2003, a la muerte de su amigo Roberto Bolaño y pertenece a un libro de poemas inédito: “Cartas a los muertos” Un libro que consta de tres poemas, los tres dedicados a Bolaño.

Poema en prosa que escribió A. G. Porta en 2003, a la muerte de su amigo Roberto Bolaño y pertenece a un libro de poemas inédito: “Cartas a los muertos” Un libro que consta de tres poemas, los tres dedicados a Bolaño.

“el organizador del concurso eras tú y tal vez traías el dinero en un bolsillo y yo te decía que había olvidado el poema, que era sangriento y ya no me importaba…” (Roberto Bolaño, octubre de 1982.)

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UNA ENCICLOPEDIA IRÓNICA (Café Perec)

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Mientras tanto, en ese mismo París, el escritor Jean-Yves Jouannais prosigue con su Enciclopedia de las guerras. Se trata de un ciclo de conferencias escenificadas que viene dando desde 2008 en una sala del Centro Pompidou. Sesión tras sesión, teatraliza el proceso de escritura de un libro inmenso, una gran enciclopedia bélica que iría de La Ilíada a la II Guerra Mundial y que, por su propio carácter ilimitado, nunca terminará. (sigue leyendo)

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UN ASUNTO AMARILLO [Enric Farrés Durán]

Farrés y Vila-Matas

Enric Farrés Durán ha publicado una serie de libros que imitan a la versión de Anagrama de Paris no se acaba nunca, aunque llevan subtítulos con el nombre de barriadas de Barcelona. Los ha expuesto ya en el MACBA de esta ciudad y no sabe por qué hace todo esto, no recuerda qué le movió a hacerlo, ni siquiera sabe si lo ha hecho él, a veces cree que es Vila-Matas quien ha editado esos extraños libros amarillos.
El lunes 19 de enero, a las 19,30h en la Bernat, (calle Buenos Aires 6) se encuentran Vila-Matas y Farrés Duran para aclarar este amarillo asunto. LAURA RECARTE.

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VOLVERÁS A KASSEL (II)

volverás a K

 Una trayectoria literaria innovadora y rompedora, alejada de la literatura más comercial, pero fiel a su intención experimental de provocar “extrañeza”. Sin lugar a dudas, Vila-Matas (1948) es uno de los escritores españoles más insólitos de la literatura española contemporánea.
Kassel no invita a la lógica recupera muchos de los ingredientes que han hecho famosa su literatura: sentido del humor, reflexión sobre el arte y la vida, atractivo por la mezcla de géneros, positiva visión de las vanguardias, el viaje sin retorno que es la propia literatura… Y lo hace en esta ocasión abandonando el tipo de novela que estaba escribiendo últimamente. Con esa mezcla de géneros que tanto reivindica, escribe Vila-Matas un personalísimo reportaje autoficcional después de ser invitado, en 2012, a participar en Documenta 13, macrocertamen de arte vanguardista que se celebra cada cinco años en la ciudad alemana de Kassel. Vila-Matas recibe una invitación de los organizadores que no puede rechazar, pues le han puesto el cebo de proponerle un viaje para que “conozca la solución al misterio del universo”.
Tentado por la aventura, acepta participar en una original performance de la que él es el único protagonista: en un restaurante chino de las afueras de Kassel, el Dschingis Kahn, Vila-Matas debe acudir todas las mañanas durante una semana, sentarse en una mesa con el cartel writer in residence y dedicarse a escribir a la vista del público. Su único cometido es dejarse ver y si surge la ocasión entablar conversación con las personas que se dirijan a él. Este surrealista plan más el apoteósico espectáculo vanguardista que Vila-Matas espera encontrarse fueron suficientes para animarle a viajar a Kassel, estancia que fue la inspiración de un libro en el que el propio autor se convierte en el protagonista de una huída hacia el centro del universo del arte contemporáneo.
Como en otras novelas suyas, su incorporación como protagonista del argumento resulta un acierto literario. Vila-Matas, el narrador, se presenta como una persona con momentos de entusiasmo (por la mañana) y de oscura depresión (por la tarde); pesimista ante “la fatiga mortal de Occidente”, el destino de Europa y la realidad que le ha tocado vivir; cansado de la existencia; escéptico ante las propuestas estéticas que le rodean y de las respuestas que le dan el arte actual y la literatura. Los responsables de su invitación asisten a sus obsesiones estéticas y al choque, “colapso y recuperación”, que provoca en Vila-Matas su estancia en Kassel y su experiencia en el restaurante chino Dschingis Kahn. Acompañado de Alka, Pim o Chus, las anfitrionas, conoce también el resto de las instalaciones que están diseminadas por Kassel, ciudad destruida durante la Segunda Guerra Mundial y meca del arte más vanguardista. En su página web www.enriquevilamatas.com hay colgadas algunas fotografías de las obras de arte de Pierre Huyghe, Janet Cardiff y George Bures Miller, António Jobim, Tacita Jean y, entre otros, Tino Shegal, expuestas durante esos días en Documenta 13, instalaciones que provocan en Vila-Matas un fuerte choque intelectual y que le reafirman en sus conocidas posiciones estéticas de rechazo del realismo, o sea, “de la repetición de lo que ya se había repetido”. Como un Robert Walser moderno, autor muy citado en sus obras, lo mismo que Sebald, Borges y Nietzsche, el protagonista emprende un excéntrico, hilarante, desquiciado y entretenido viaje sin retorno por las experiencias más radicales del arte vanguardista.
La obra, como es habitual en sus escritos, está salpicada de ironía y un ingenioso sentido del humor que tiene mucho que ver con el extravagante carácter de su protagonista: inseguro, que da vueltas a todo, que busca siempre el lado sorpresivo de las cosas, que maneja con habilidad sus obsesiones, que cita constantemente a sus autores favoritos y que reflexiona sobre el destino del arte, lo experimental y también sobre su propia literatura… Vila-Matas se mueve a sus anchas en este territorio. (Adolfo Torrecilla en Libros ¿y por qué no?)

 

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Litanies of an Audacious Rosary (Letanías de un Rosario audaz) by Enrique Vila-Matas in THE WHITE REVIEW

1981

(Wonderful observations about Malamud, Kafka, Sebald, and others–and a scene set in the offices of New Directions. Fragments of DIETARIO VOLUBLERosalind Harvey / translation

Writing – Roberto Bolaño said – is a rational, visionary activity, an exercise in intelligence and adventure. From among the multiple adventures, readers of the visionary Borges will never forget the spiral staircase, which plunges down and soars up off into the remote distance in his memorable tale ‘The Library of Babel’. When this story was first published in 1941, few could have imagined that this staircase would end up turning Borges into a demiurge, a strange visionary who described the Internet before it existed.

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MUSEOS DE UN SOLO CUADRO

Y se dedica sólo a su cuadro favorito, una iglesia de Saenredam.

Y se dedica sólo a su cuadro favorito, la nave central de Mariakerk, Utrecht, un cuadro  de Saenredam.

 

 Pero ahora que se habla tanto de que el lector pide que le ayuden a entender, ¿se me entenderá si digo que cuando más se dice es no diciendo nada? La frase de Dubois atrae la atención del lector distraído y lo hace con más fuerza que si hubiera sido comprensible y profunda. ¿O acaso el canto más bello no es siempre el de una lengua desconocida? (sigue leyendo)

 

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