Un destello de la memoria en el espejo roto del presente. por Olga Merino (La Vanguardia)

Una hebra de lino encerada, fina pero a la vez muy resistente, un hilo correoso, semejante al que usan los encuadernadores para coser los pliegos, enlaza los tres actos seleccionados de la semana cultural. Mejor dicho, los tres se confabularon para arder en una única hoguera: el destello de la memoria en el espejo roto del presente. Aunque parezca que los bomberos nos hayamos puesto estupendos, todo cobra sentido; vayamos por partes.

En la tarde del martes, algo desapacible de humedad, la librería La Central, la casa madre de la calle Mallorca, se llenó para acompañar a la ensayista Mercedes Monmany en el bautizo de Algo quedará de mí (Galaxia Gutenberg). Acudieron el editor, Joan Tarrida ; los escritores Monika Zgustova, Rafael Argullol, Rodrigo Fresán, Álvaro Colomer, Ana Rodríguez Fischer y Enrique Murillo ; también la profesora Paula Massot —la imprescindible Paula de Parma— y Agomar de Sagarra —nieta de uno de los grandes cronistas de esta casa—, además de dos padrinos de excepción: la editora Valerie Miles y Enrique Vila-Matas . Como bien dice Sergi Pàmies , en estas liturgias librescas resulta fundamental un presentador “predispuesto, experto, generoso y capaz de atraer a curiosos”.

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