CREADORES INDOLENTES (por Alan Pauls)

alan pauls

“Sólo importa la obra, pero finalmente la obra no está ahí más que para conducir a la búsqueda de la obra” (Maurice Blanchot)

En el intenso y elegante prólogo de Alan Pauls a El gran libro del dandismo. Balzac, Baudelaire, Barbey d´Aurevilly (que publicara en 2014  Buenos Aires, Mardulce editora, llegando el libro a España en enero 2015), hay un fragmento que, al hablar de esa variante portátil del dandismo que fue el shandysmo, sintetiza y unifica con genialidad Historia abreviada de la literatura portátil y Bartleby y compañía, dos libros de V-M separados quince años en el tiempo (recientes reediciones en Debolsillo y Seix Barral respectivamente):

“Más de una vez Enrique Vila-Matas ha reivindicado esa épica de la abstención, destilando todo el lirismo lunático que encierra y encarnándola en una comunidad de “respiradores” extravagantes que solo difiere por un sonido de la legión dandi: la casta shandy. La componen –sin que eso los obligue a tener alguna relación entre sí, a tal punto lo que forman es una comunidad de célibes –escritores que no escriben, genios atacados de pereza, procrastinadores compulsivos, creadores indolentes, promotores de una “literatura portátil” que abjura de toda realización objetiva, de toda obra, y sólo parece existir como leyenda o aura existencial, reducida a la forma de vida que estos escritores del No se han dado a sí mismos. ¿Redactar libros, versos, tratados? La empresa suena demasiado manual (demasiado retiniana, diría Duchamp, que inventó el ready-made y estuvo décadas sin hacer otra cosa que respirar) para escritores que ya están más acá o más allá del arte de escribir, que conciben el arte de escribir, como cosa mentale y, como el Joubert de Blanchot, desdeñan las obras-resultados y se interesan por las condiciones que las hacen posibles, y no escriben para añadir un libro encima de otro sino para dar con el punto preciso del que surgen todos los libros, “punto que, una vez hallado, los eximiría de escribirlos”

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