Albert Terán / reseña en La Voz del Sur (Málaga) ‘Canon de cámara oscura’ (Seix Barral)

Enrique Vila-Matas es un escritor de primera magnitud. Original en la concepción de su obra y honesto en la aplicación de la misma. Si tuviéramos que establecer un canon de autenticidad literaria- (que por fortuna nadie nos lo pide)-, Vila-Matas, estaría en los estantes más asequibles. Su discurrir interdisciplinar, especialmente esa lírica y humorística mezcla de ensayo y ficción, vida y literatura, placeres o pasiones como la música, la pintura, los viajes, la lectura, le convierten en un autor que supera los parámetros de excelencia literaria y además le suma lo ameno, haciendo que cada novela sea una verdadera joya. Con la lectura de Historia abreviada de la literatura portátil, Vila-Matas nos diseña una singular identidad personal, que por si fuera poco es un tema recurrente en toda su novelística.

sMi amigo y también novelista, Justo Navarro, me dice que la novela es sustancialmente una buena historia bien contada. Esos son precisamente las virtudes que distinguen la escritura de Vila-Matas: una inteligente imaginación y un discurso narrativo tan preciso como sugerente. En sus múltiples diálogos con la historia y en concreto con la historia de la literatura que ocupa de un modo u otro su narrativa, participa de una ruptura con el psicologismo de la narrativa realista, una atenta mirada a las vanguardias, y un aller-retour que diría Patrick Modiano hacia la novelística universal con especial atención a la europea. El novelista Vila-Matas tiene esa capacidad innata de crear el conflicto, debatir casi de manera flemática sobre el mismo y aportarnos siempre soluciones entrecruzadas entre vitalismo y literatura, lucidez y marginalidad, pues en esa relación esencial entre vida y literatura, se sitúa una tercera vía como es la lectura; la lectura y sus influencias La trama de por sí es tan cautivadora como actual por no decir futurista. Un escritor barcelonés, con el sobrenombre de “El Fracasista” y que responde a la gracia de Antonio Altobelli deja como encargo a su secretario,Vidal Escabia, el establecer un canon literario disidente, intempestivo, mal iluminado, casi cercano a la locura conformado por 71 libros, casi al azar y desde luego casi a ciegas.

De ahí el mismo título de la novela. Desde el principio, aclara sus intenciones. El secretario y heredero afirma: “En ese mismo momento comprendí mejor por qué le llamaban el fracasista. Porque su lucidez le hacía ver que estaba fracasando y aun así seguía escribiendo. Y porque esa misma lucidez le hacía ver la imposibilidad de expresarse con el código limitado de la lengua”. Ese contexto de lo “indicible” es tan interno como externo, pues Cortázar, Sartre, Duras, Kafka, Pérec, Pessoa, Sterne, acuden a reforzarlo. En sincera argumentación y libre discurrir narrativo, Vila-Matas nos devuelve la sonrisa y el camino a la reflexión, con su singular proceder metaliterario. El ensayo, lo autobiográfico, el diario, incluso una suerte de movie road o libro de viajes. Desde luego, en literatura como en otros campos, sin riesgos ni experimentación poco puede avanzarse.

La nota discordante o concordante es el guiño a la inteligencia artificial, porque el encargado de establecer el canon, puede ser un androide avanzado, humanizado y mayordomizado. Incluso, asegura la profecía del arte, cuando nos señala que los Denver-7, o sea, las personas artificiales “fueron programados para vivir cuatro años y un grave fallo en su energía eléctrica -el “Gran Apagón” de Barcelona- les dio vida abierta, de duración indefinida”. Lo que precisamente humaniza todavía más al supuesto Denver, es la ausencia de su hija. Otro tema recurrente, en ese permanente cuestionarlo todo. Pregunta abiertamente sobre la naturaleza del autor, sobre el personaje, sobre el narrador. Vila-Matas, debe ser de los pocos y raros escritores en reírse de sí mismo, no en vano, es nuestro Buster Keaton literario. Esa recurrencia, acaso juego del desdoblamiento, haciéndonos creer que el autor está siendo escrito por el mismo texto que escribe.

La genialidad cinematográfica de Woody Allen transmitida en novela. Una novela espléndida, como lo fueron Montevideo, Dublinesca o Bartleby y compañía sólo por citar preferencias personales. De cualquier modo, la propia labor de establecer un canon y de ir enlazando libros, citas y relaciones, es decir, de obrar enciclopédicamente refuerza la idea del androide. Sea como fuere, su objetivo no es otro que la búsqueda con apariencia de improvisación de un nuevo espacio narrativo. Lo cierto es que su escritura posee un estilo tan inimitable como inédito que, en justa medida, ha sido reconocido.

Ser traducido a 37 idiomas, y contar con galardones internacionales desde el Médicis Étranger hasta el Meilleur livre étranger, pasando por el Elsa Morante, el Mondello, el Ennio Flaiano, el Rómulo Gallegos, el Nacional de lbert TeránCultura de Cataluña, el Herralde, el Fundación Lara, el de la Real Academia Española, entre otros, nos da cuenta de la huella que su novelística va marcando, sintetizada en la misma propuesta de este libro, pues fijar un canon arbitrario no es sino otra forma de indagar sobre el sentido de la existencia y su condición de escritor, su esperanza, su en la propia literatura, su invitación a explorar las fronteras del lenguaje y la experiencia humana, en cierta medida, su verdad es un tributo a la escriturs, como búsqueda constante de lo inasible o inaprensible, algo que en el terreno de la pintura lleva el genial pintor, Juan Gómez Macías. La paradoja está presente. Un androide, infiltrado para más señas, es ante todo, un padre con amor extremo por su hija. La cámara oscura fue en su momento el dormitorio cálido y luminoso de su hija Ryo.

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Rivista Cine Forum. Gualtiero De Marinis: Si chiama EVILamatas. Che letto al contrario (come si faceva un tempo con gli album dei Rolling Stones) diventa Satam Alive. Aquí sus 10 films preferidos de la Década prodigiosa.

Enrique Vila-Matas nasce a Barcellona il 31 marzo 1948. A vent’anni diventa redattore della rivista Fotogramas. Il suo primo articolo è dedicato a Eastwood e s’intitola El rostro impasible. Il secondo è una traduzione che viene pubblicata col nome di Mary Holmes (5 luglio 1968). La rivista aveva comprato un’intervista a Marlon Brando e Vila-Matas, per non ammettere di non sapere una parola d’inglese, invece di tradurla se l’inventa di sana pianta. In seguito fa lo stesso con Nureyev, Patricia Highsmith, Anthony Burgess e Cornelius Castoriadis, ben sapendo che nessuno di loro avrebbe avuto l’opportunità di contraddirlo. I guai nascono quando ripete il trucco con Francisco Rovira-Beleta e Juan Antonio Barden (lo zio di Javier) che non la prendono bene. Nel 1970 realizza due cortometraggi che non lasciano traccia. Di Todos los jovenes tristes e Fin de verano non si trovano responsi critici, se non quello del padre del regista (peraltro finanziatore delle opere) che gli consiglia senza mezzi termini di trovarsi un lavoro vero.

Nel 1973 esce il suo primo romanzo, Mujer en el espejo contemplando el paisaje. Oggi è considerato da molti come uno dei maggiori scrittori contemporanei di lingua spagnola.

1) La notte (Michelangelo Antonioni, 1961). Giovanni Pontano (Mastroianni) è uno scrittore di successo sposato con Lidia (Moreau). Questo basta al giovane Vila-Matas per individuare quali saranno le sue massime aspirazioni nella vita: diventare scrittore e avere una storia con Jeanne Moreau. Una delle due cose gli riesce.

2) Il diritto di uccidere (Nicholas Ray, 1950). Il titolo originale è In a Lonely Place. Quello spagnolo En un lugar solitario. Che sarebbe dovuto essere anche il titolo del primo romanzo di Vila-Matas. E che comunque diventa il titolo della riedizione, pubblicata nel 2011, dei suoi primi cinque libri. Dixon Steele (Bogart) è un reduce della Seconda Guerra Mondiale, un rissoso e intrattabile sceneggiatore di genio, di fatto, uno psicopatico. Vila-Matas si identifica talmente nel personaggio che per un periodo si mette a fare l’antipatico, convinto che in quel modo tutti si sarebbero resi conto della sua genialità, “a pesar de ser yo tan idiota”.

3) L’oscuro oggetto del desiderio (Luis Buñuel, 1977). “Habría hecho feliz a Buñuel el publico de la sesión a la que asistí: compactos grupos de tristanas, nazarines, viridianas, peleles y ángeles exterminadores aguardando en taquilla su entrada al reino de los cielos, desdicha y estupidez burguesa que siempre recrea Buñuel.” Questo è lo splendido incipit di En el amor hay teatro, la recensione al film che Vila-Matas consegna alla rivista Destino (n. 2011, 23 marzo 1978, p. 31)

4) Detour (Edgar Ulmer, 1945). Il protagonista di El mal de Montano (2002), non più José, ma già Rosario Girondo, è a Praga per una conferenza. A convincerlo ad andare a vedere il film di Ulmer è il suo amico Tonguy, l’uomo più brutto del mondo, l’attore che ha interpretato l’uomo libellula un un film di Fellini e che è stato protagonista di un biopic su Bela Lugosi. La visione del film è catartica. “Pelicula extraña, seguramente la más rara y la mejor que he visto en mi vida, pero que no tardé en saber que traía fadalidad y desamparo extraño, el que siento yo esta noche, falto de abrigo y comida, por la carretera perdida de la vida.”

5) India Song (Marguerite Duras, 1975), Nel febbraio del 1972 Vila-Matas va a stare a Parigi nella buhardilla che gli affitta Marguerite Duras. Nel 2003 su quell’esperienza scriverà un romanzo intitolato Paris no se acaba nunca. A Parigi va spesso al cinema (Johnny Guitar, Il conformista), ma con India Song è diverso perché lì può andare direttamente sul set. E quindi osservare Delphine Seyrig e Michael Lonsdale che si aggirano muti per il palazzo Rotschild al Bois de Boulogne, mentre nel sonoro una voce senza corpo parla di Anne-Marie Stretter, la moglie del vice-console, la donna di cui verrà ritrovata soltanto una vestaglia. Nei pressi del Gange. Duras no se acaba nunca.

6) Viaggio in Italia (Roberto Rossellini, 1954). Federico Mayol, il protagonista di El viaje vertical (1999), crede di assomigliare a George Sanders, anche se nessuno sembra essere d’accordo con lui. Il film di Rossellini comincia con Sanders che scambia battute banali con Bergman. Al momento non sappiamo chi siano, da dove vengano e dove vadano. E’ come se fossimo entrati a film già iniziato. Questo perché la vita è un tessuto continuo e ogni inizio è arbitrario. Il professor Morante di Doctor Pasavento (2005), quello che vive nel manicomio di Torre del Greco, dice che proprio per queste ragioni quello di Rossellini è il film della sua vita. Curiosamente sono le stesse argomentazioni che usa Vila-Matas nell’articolo Un tapiz que se dispara en muchas direciones, contenuto nella raccolta El viento ligero de Parma (2004). 

7) Rendex-vous à Bray (André Delvaux, 1971). Il protagonista di Perder teorias (2010) si trova a Lione per una conferenza, Il fatto che nessuno degli organizzatori lo accolga al suo arrivo non lo preoccupa più di tanto. Lui è a Lione, sulla presqu’île e quindi pensa allo scrittore Julien Gracq che così ha intitolato una sua raccolta di racconti. E pensa al terzo di questi, Le roi Cophetua, da cui André Delvaux ha tratto questo film. Un film che qualifica di inolvidable. E nell’intervista concessa ai Cahiers (n. 731, febbraio 2011, p. 93) aggiunge: “J’aime aussi dans le film cette idée du voyage aller-retour sans avoir rencontré l’ami qu’on était supposé rétrouver”.

8) Spider (David Cronenberg, 2002). Quando scende dal treno Spider ha quattro camicie indossso. Nonostante il caldo. E una piccola valigia piena di cose inutili, tra cui un libretto vergato da una grafia minuta. Simile a quella usata da Robert Walser quando scriveva in manicomio. Samuel Riba, il protagonista di Dublinesca (2010), vede Spider e pensa a L’homme qui dort di Perec e poi a Deserto rosso di Antonioni con Monica Vitti che è “un Spider en version femenina y avant-la-lettre”. E di Cronenberg dice asciutto asciutto “uno de los últimos directores que le quedan al cine”.

9) L’anno scorso a Marienbad (Alain Resnais, 1961). Il protagonista di Marienbad electrico (2016) passa cinque giorni a Marienbad e inevitabilmente ripensa a quando, da adolescente, vide per la prima volta il film di Resnais al cinema Savoy di Barcellona, senza capirci nulla. Cinquanta anni dopo si trova nella stessa situazione, ma quelle immagini gli rimangono in testa. “Il canto più bello non è forse quello in una lingua sconosciuta?”, si domanda. Una risposta più completa la troviamo nel racconto Ella era Hemingway (2008) dove dice: “Quando leggo qualcosa che capisco perfettamente, la abbandono deluso. Non mi piacciono i racconti che oscillano pericolosamente sull’abisso dell’ovvio. Perché capire può essere una condanna. E non capire, la porta che si apre”.

10) L’uomo di Londra (Béla Tarr, 2007). Nel 2023 la Filmoteca de Catalunya decide di dare carta bianca a Vila-Matas. Tra i dieci film selezionati c’è Una storia di violenza (ancora Cronenberg), Tam Tam dell’amico Arrieta, c’è un Ford, un Wenders. E poi c’è questo film che Béla Tarr ha tratto da un romanzo di Simenon, Su Youtube si trova una lunga intervista in cui spiega il perché delle sue scelte. Il giorno che imparo il catalano, capisco anche quel che dice.

P. S. Fin dalle interviste inventate del Vila-Matas ventenne si capisce che il ragazzo ha un’idea del tutto personale del rapporto tra realtà e finzione. Anche le notizie biografiche che ho riportato in questa lista sono tutte da prendere con le molle. I suoi libri sono pieni di citazioni non di rado false, più spesso rimaneggiate, a volte attribuite alla persona sbagliata, a volte a una inesistente. Insomma è il prototipo del narratore inaffidabile. Espressione che in spagnolo si rende con narrador sospechoso. Sospetto, tra l’altro, che possieda anche una segreta vena satanica. Non a caso si chiama EVILamatas. Che letto al contrario (come si faceva un tempo con gli album dei Rolling Stones) diventa Satam Alive.

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Vila-Matas premio Flest (Estepona)

Distinción del Festival de Estepona, dirigida «a creadores que han difuminado las fronteras entre géneros literarios mediante la experimentación»

Una obsesión por la literatura tiene algo de manía honesta. (Vila-Matas a Juan Marqués en el diálogo posterior a la entrega del premio.

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Sophie Calle ante Sara Polo [Lecturas, suplemento de El Mundo]: La historia del encuentro y desencuentro entre la artista conceptual francesa más influyente de nuestros tiempos y el más firme candidato español al Nobel de Literatura.


Sara Polo ante Sophie Calle (Lecturas, suplemento literario de El Mundo, viernes 26 de junio.

La mirada indiscreta de Sophie Calle, la artista que convirtió la intimidad en una obra de arte: «La gente cree que me conoce, pero lo que cuento no es mi vida sino momentos de los que huyo».

La artista conceptual francesa más influyente encontró en la intimidad el mejor material para su creación, que combina fotografía y relato. Publica ahora en España una de sus creaciones más conmovedoras, Dolor exquisito

«¿Ya me has perdonado?». La pregunta llegó al oído de Enrique Vila-Matas en forma de susurro, con ese tono burlón que impregna las bromas que van demasiado en serio y arrastrando la erre a la francesa quizá algo más de lo necesario. «Me cogió por sorpresa», recuerda él al teléfono, y se intuye una sonrisa que funciona como el traje a medida de una ficción pactada. La primera vez que el escritor barcelonés se plantó delante de Sophie Calle, confiesa que lo hizo con cierto miedo: «Me habían hablado de su carácter…». Cuando llegó la última, 20 años más tarde, ya estaba preparado.

Todo en torno a esta artista parisina de eterno flequillo Bardot, una verdadera estrella internacional con obra en el MoMA, el Guggenheim, el Pompidou o el mismísimo Metropolitan, es un equilibrismo entre la realidad y la ficción, lo personal y lo público, la vida y el arte y viceversa. Nada es nunca lo que parece. Ni lo que muestra ni lo que oculta. Quizá por eso, dos décadas atrás, aquella coincidencia creativa acabó con un colapso y una muerte. Ah, y también con un libro, o dos. Sophie Calle (París, 1953) es la precursora de la intimidad publicada que hoy todos practicamos en Instagram -menos ella, pero de eso hablaremos más adelante-. Tan exhibicionista como voyeur, Calle lleva desde finales de los años 70 narrando sus rupturas amorosas, espiando y haciéndose espiar o desnudando cuerpo y alma en performances siempre políticamente incorrectas. Ha compartido lecho con decenas de desconocidos, se ha sometido a test psiquiátricos para poner nombre a sus múltiples yoes e inspiró un personaje del Leviatán de Paul Auster. Se ha colado a hurtadillas en habitaciones de hotel para cotillear la basura de otros y, últimamente, ha desahuciado a Picasso de su propio museo para okuparlo ella misma.

La historia de encuentro y desencuentro entre la artista conceptual francesa más influyente de nuestros tiempos y Vila-Matas, el más firme candidato español al Nobel de Literatura se antoja como la mejor puerta de entrada a la biografía y la obra, siempre indisolubles, de una mujer obsesionada con comprender al ser humano, empezando por ella misma, y que goza, sin embargo, de constatar una y otra vez que nunca lo conseguirá.

«El hombre con el que comparto mi vida desde hace 23 años me hizo prometer cuando nos conocimos que jamás lo utilizaría como material artístico. ‘Ni una línea sobre mí, o te dejo’, dijo. Hasta ahora, he obedecido. Pero si me abandona tendré las manos libres para hacer lo que me dé la gana», confiesa Calle por video llamada desde su casa-taller en Malakoff, un suburbio al sur de París. Viste una sencilla bata gris sobre un suéter azul celeste; tras sus eternas gafas oscuras -que abandonará en un momento de la conversación, cuando la cita se ponga intensa- se esconde la mirada atenta de quien ha hecho de la observación una disciplina.

Es, de hecho, el fin de otro amor el que posibilita este encuentro. Dolor exquisito, la narración de un viaje a Japón y del periplo interior hacia la superación del duelo tras una llamada inesperada a un teléfono carmesí en la otra punta del mundo – «¿Has conocido a otra mujer?»; «Sí»-, llega por primera vez a España de la mano de Ediciones Comisura en forma de libro objeto en blanco y negro y varios tonos escarlata. Sus 280 páginas contraponen fotografía y texto para diseccionar el sufrimiento propio y cómo su enfrentamiento con el padecimiento ajeno puede resultar terapéutico. «Cuando cuentas la misma historia triste hasta la saciedad y pides que tu interlocutor te relate su momento de mayor dolor llega un punto en que tu tormento se banaliza hasta la vergüenza», analiza.

La sonrisa pícara de la mujer que espera la siguiente pregunta tranquilamente acodada ante una descomunal jirafa disecada colgada en la pared de su estudio es demoledora. Resulta fácil entender al instante cómo esta parisina de 72 años ha podido intimidar a Enrique Vila-Matas y a tantos otros hombres a lo largo de las décadas. Vayamos a los hechos. Otoño de 2005. El escritor recibe una llamada inesperada en su casa de Barcelona: la afamada artista francesa Sophie Calle le cita en el Café de Flore, en pleno centro de París, para proponerle algo. Algo que no puede hablarse por teléfono. Durante un año, él le escribirá la vida a Sophie y ella la vivirá. «Salvo matar, llevaré a la vida lo que me dictes», lanza ella. A él la propuesta lo motiva tanto que empieza a escribir de inmediato. Imagina para ella un viaje a una isla de las Azores en busca de un fantasma. Solo que ella jamás cumple su parte: a su madre le pronostican tres meses de vida y, casi a la vez, recibe una invitación para la Bienal de Venecia del año siguiente.

Estaba atrapada», reflexiona ante la pantalla. De repente, reacciona, airada, y se quita las gafas. Este debe de ser el carácter que asustaba a Vila-Matas. «Pensaba que Enrique tardaría en responder un año, tal vez dos, pero lo hizo inmediatamente y me sorprendió. Me desestabilizó, incluso». La primavera siguiente, Vila-Matas envió un mensaje a la artista: «Estoy en París, ¿nos vemos?». Ella le contestó con una esquela: «Mi madre ha muerto esta mañana». Él replicó: «Esta tarde paso a verte». Y hasta ahí llegó la historia compartida.

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Mayo movido

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Vila-Matas, o el delirio de la lógica [Martín-Miguel Rubio /El Debate]

@foto de Dominique Gonzalez-Foerster

Me encanta la elegante y bien articulada prosa, portadora siempre de una lógica alucinada, del eximio escritor barcelonés Enrique Vila-Matas. Sus libros no cuentan nada, al fin de cuentas, y lo cuentan todo, al fin de cuentas. No viajan a ningún sitio, no nos llevan a ningún lugar, no salen de ningún sitio y, a la vez, se dirigen a todos los sitios que la caótica asociación de ideas enredadas mueva la mano brillante del escritor. De hecho, una frase suya define a la perfección su magnífica novelería: «Seguí mi camino, que no iba en principio a ninguna parte». Es verdad que la literatura que plagia a la inteligencia artificial, a los chatgpt y cosas así, que ya escribe columnas y novelas, tampoco cuenta nada, siendo sólo retórica vacía, pero ese no es el caso del genial Vila-Matas, que funda su maravillosa y sorprendente literatura en el mismo motor creador que el divino Horacio nos mostró en su De Arte Poetica o Epistula ad Pisones: la callida iunctura, el ensamblaje de dos cosas que no tienen aparentemente nada que ver entre ellas, palabras de dos campos semánticos sin relación semántica ninguna. Dos mundos o universos distintos que entrelazados crean un mundo nuevo, un universo nuevo. In verbis etiam tenuis cautusque serendis/ dixeris egregie, notum su callida verbum/ reddiderit iunctura novum. Ya en el comienzo mismo del poema se habla del pintor que une a una cabeza humana una cerviz de caballo: Humano capiti cervicem pictor equinam/ iungere si velit. Desde entonces – y ya antes, claro– la gran literatura consiste en saber asociar con astucia, callide, las cosas de la creación de una manera distinta a como la lógica de la creación invita; aunque, quizás, cuando hagamos delirantes asociaciones de realidades, estemos imitando a la verdadera forma de crear la naturaleza. Así, los McGuffin de Hitchcock son muy apreciados por Vila-Matas, débiles excusas para unir episodios de la trama que sin esos McGuffin sería imposible justificar «de un modo lógico».

En Hitchcock y Vila-Matas la lógica está sustituida por la polilógica. Ver el mundo como un territorio lleno de mensajes de algún intricado código secreto es acercarse a la literatura como madre de mundos, y tener experiencias de lo desmesurado. Cervantes cuando escribe viaja subido en su «cabaña para pensar». ¿Quién no reparó alguna vez que los vigilantes de los museos vanguardistas son las verdaderas obras de arte? –se pregunta el escritor, lector de ensayos, egregio ensayista él mismo y crítico de arte. Esta forma de escribir, la forma clásica de escribir, exige como principal don creador, la memoria, una portentosa memoria de experiencia sensitiva real y de experiencia de literatura verosímil e inverosímil, y una cultura enciclopédica, tomado el término etimológicamente. El mundo, en verdad, está sufriendo siempre un desquiciamiento general que sólo la literatura, con su loca asociación de cosas, con su loca construcción de universos con materiales inverosímiles puede representar.

Sólo la gente iletrada, sin imaginación o la impotente que plagia la vacía retórica de matemática gramática muerta de la inteligencia artificial podría tomar esta forma de escribir y crear como locura. Que la creación más bella, con sus montañas, sus valles, sus ríos y sus mares, y su vida humana de belleza policletea, sea un producto de la locura más sistemática es un hecho probado. La lluvia, el viento, el sol, el mar, el hielo esculpen nuestros sublimes paisajes y la propia vida orgánica coordinados por un director de orquesta que los sensatos perpetradores de la Guerra de Persia podrían llamar «loco». Quien es incapaz de crear algo nuevo que se desvíe de las normas de la lógica canónica, nunca entenderá a los que lo hacen, y los tomará, si no como locos, sí como bichos raros. En todas las obras de Vila-Matas bullen centenares de libros, de músicas y de obras de arte, sin que por ello su obra acabe siendo un centón cultural, sino una construcción nueva con viejos materiales redivivos y, en cierto sentido, un producto enciclopédico. La literatura viene de la literatura, y esto desde Homero. Las experiencias de la propia vida del escritor llevan a los recuerdos de ficciones literarias innumerables que, a su vez, se habían sostenido con las propias experiencias vitales de los otros escritores, y así, hasta el infinito.

En el yo narrativo de Vila-Matas, tanto el sujeto diegético como metadiegético, por seguir con la jerigonza retórica de Genette, refleja sus constantes cambios de humor a lo largo del texto, desde la depresora ansiedad nocturna hasta el ánimo mañanero más exultante. Un genial narrador omnisciente con todas las diversas y efímeras psicopatías. Falta demencia y sentido del humor en nuestra literatura. ¿Fue alguna vez español el humor de El Quijote? Cervantes y Vila-Matas parecen ingleses ante la zafiedad y el mal olor de nuestra literatura actual. La belleza salida de la locura humana jamás podrá ser imitada por la inteligencia artificial.

–¿Volver a empezar?

–Ni siquiera volver a empezar. Ir hacia la nada.i


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El misterio de la muerte de Chet Baker. / Javier Memba en Zenda.

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Yvette Sanchez y la Universidad de Saint Gall (Suisse) en Le Monde (12-5-26)



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https://www.lemonde.fr/campus/article/2026/05/12/l-idee-selon-laquelle-il-faudrait-etre-riche-pour-venir-etudier-ici-est-totalement-fausse-l-universite-suisse-de-saint-gall-cocon-pour-la-future-elite-economique_6688198_4401467.html?search-type=classic&ise_click_rank=1

Loin des pelouses grouillantes des grandes universités américaines, tout n’est qu’ordre et beauté, sur le campus perché au sommet de la colline du Rosenberg. Une frise en céramiques de Joan Miro, une tapisserie de Pierre Soulages, une fresque du peintre allemand Gerhard Richter, une sculpture d’Alberto Giacometti ou encore une mosaïque de Georges Braque ornent les espaces communs, les couloirs et les escaliers. Une collection sur laquelle veille Yvette Sanchez, présidente de la commission d’arts.

« L’offre la plus indécente que j’aie reçue, c’est pour le Richter. Sotheby’s a aussi essayé plusieurs fois de l’acquérir mais, à chaque fois, on leur dit non, glisse, sourire en coin, l’ancienne professeure d’études latino-américaines. C’est dans nos statuts, même si ça peut paraître ironique qu’une université d’économie achète des œuvres d’art sans les revendre… »

Elisabeth Pineau Saint-Gall [Suisse], envoyée spéciale

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CONTRA ESTO Y AQUELLO

Café Perec —————————- 12 mayo 26

.https://enriquevilamatas.com/textos/textcontraesto.html

https://enriquevilamatas.com/textos/textcontraesto.html

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RECOMENDACIÓN DE UN LIBRO PARA DESPUÉS DEL DÍA DEL LIBRO / UNA FILOSOFÍA DE LA RISA. [Bernat Castany]

Dice Bernat Castany que su libro, además de un intento de quitar hierro sin causar una anemia, ha sido escrito bajo la ley que Rosario Castellanos enunció en 1973 en Mujer que sabe latín: “No aceptar ningún dogma, sino hasta ver si es capaz de resistir un buen chiste”. Una filosofía de la risa refuta los falsos valores que nos oprimen. Y es que ya decía Ferenczi que la risa es el fracaso de la represión. ¿Y cómo no va a serlo si todos participamos de una misma condición humana, igualmente ridícula y maravillosa? Me he reído como casi nunca leyendo las páginas dedicadas al narcisismo, que en el libro aparece como el reverso oscuro, o el obstáculo principal para el verdadero humor. Y es que la mejor cura para el narcisismo es comenzar por reírse de uno mismo.  

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Teresa Gómez Trueba [Universidad de Valladolid] acerca de ‘Canon de cámara oscura’

Canon desplazado Canon Canon

Canon de cámara oscura es el título de la última novela de Enrique Vila-Matas, autor de una brillantísima trayectoria a la que esta se suma contribuyendo una vez más a ensanchar un personalísimo mundo estético muy reconocible.

portada de Canon de cámara oscura.

En este caso lo hace a través de la voluntad del protagonista de construir un canon literario que, por supuesto, se sitúa al margen de todos los cánones oficiales, algo así como “una atmósfera de canon” capaz de trasportar a los personajes y a nosotros, los lectores, “fuera de aquí, a las afueras de todo y sin retorno posible”. Es, como todas las suyas, una obra literaria que ante todo habla de la gran literatura y de lo que esta es capaz de hacer por nosotros y nuestras vidas.

Pero, además, se acentúa en esta obra otra faceta del escritor, que ya venía asomando en sus últimas novelas: un extraordinario sentido del humor que, en este caso, nos hará enfrentarnos de forma menos solemne a ese debate social, ya un tanto tedioso, sobre las posibilidades y límites de la inteligencia artificial. Y ello porque, para sorpresa de los fieles lectores de Vila-Matas, en esta ocasión el personaje y narrador de la obra parece ser un androide o replicante que vive infiltrado entre los seres humanos.

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Unas palabras sobre ‘Canon de cámara oscura’

Canon de cámara oscura crea en el lector una tensión sutil, pero persistente: ¿Está Vidal Escabia, el narrador, construyendo realmente su Canon literario personal e intempestivo, o hay otra inteligencia junto a él, trabajando en la oscuridad? 

Casa de Brooklyn en la que vivió Truman Capote (foto de V-M)

Quiero creer que, cada vez más, mi obra es un puente entre la lógica y el delirio, así como una invitación constante al lector a que se pierda por los vericuetos de una conciencia humana, ajena a él. ¿Acaso no es ésta una de las maravillas que ofrece la lectura de un buen libro: conectar con una conciencia que no es la nuestra?  

En Canon de cámara oscura, realidad y delirio, más que dos polos opuestos, funcionan como partes esenciales de una misma experiencia humana. No rechazo la lógica, sino que trato de transformarla y ampliarla. Y quizás por esto Canon de cámara oscura tiene algo de charada, cuya resolución no es única, sino ambigua, lo que puede provocar en el lector un estímulo intelectual y emocional. Es más, creo que propicia una experiencia de lectura activa, en la que el sentido se construye en la interacción con el texto. Porque el libro fusiona lo racional con lo intuitivo, y no renuncia a la estructura, ni a la lógica, pero permite que la intuición guíe al lector por caminos insospechados y que las sospechas crezcan en torno a si el narrador es un androide, un Denver-7 infiltrado entre la gente corriente de Barcelona, o si, por el contrario, utiliza el Canon para dar sentido a su vida ante el amor desorbitado que siente por su hija ausente.

Un amor único, extraordinario, por Ryo, la hija.

Y una visión del arte literario como transmisión, colaboración y modificación de ideas ajenas. Y una búsqueda de un sentido último de la escritura, al tiempo que se exploran temas como el doble o la ausencia infinita que dejan aquellos a los que amamos, “la misma ausencia que Eurídice le dejó a Orfeo y de la que muchos creen que nació la escritura”

En la novela un escritor barcelonés fracasado le encomienda a su secretario y discípulo, al narrador Vidal Escabia, seleccionar, de entre su inmensa biblioteca, 71 libros y guardarlos en un cuarto mal iluminado para ir creando un canon literario desplazado, intempestivo y ligeramente inactual. Un canon disidente que discrepa, que bordea la locura, que se mueve, oscuro, entre las sombras.

¿Hay otra inteligencia junto a Vidal Escabia, trabajando en la oscuridad?

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Un destello de la memoria en el espejo roto del presente. por Olga Merino (La Vanguardia)

Una hebra de lino encerada, fina pero a la vez muy resistente, un hilo correoso, semejante al que usan los encuadernadores para coser los pliegos, enlaza los tres actos seleccionados de la semana cultural. Mejor dicho, los tres se confabularon para arder en una única hoguera: el destello de la memoria en el espejo roto del presente. Aunque parezca que los bomberos nos hayamos puesto estupendos, todo cobra sentido; vayamos por partes.

En la tarde del martes, algo desapacible de humedad, la librería La Central, la casa madre de la calle Mallorca, se llenó para acompañar a la ensayista Mercedes Monmany en el bautizo de Algo quedará de mí (Galaxia Gutenberg). Acudieron el editor, Joan Tarrida ; los escritores Monika Zgustova, Rafael Argullol, Rodrigo Fresán, Álvaro Colomer, Ana Rodríguez Fischer y Enrique Murillo ; también la profesora Paula Massot —la imprescindible Paula de Parma— y Agomar de Sagarra —nieta de uno de los grandes cronistas de esta casa—, además de dos padrinos de excepción: la editora Valerie Miles y Enrique Vila-Matas . Como bien dice Sergi Pàmies , en estas liturgias librescas resulta fundamental un presentador “predispuesto, experto, generoso y capaz de atraer a curiosos”.

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Una magnífica interpretación del Canon (la de Yale University Press):

En un paisaje inestable, donde la voluntad humana se cruza cada vez más con la automatización y el azar, CANON DE CÁMARA OSCURA (Camera oscura. A Novel) construye una tensión sutil pero persistente: ¿Está Escabia construyendo realmente el canon, o hay otra inteligencia trabajando junto a él, en la oscuridad?

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Comentario de MONTEVIDEO en leonorcurtiblog.

Terminé hace algunos días, MONTEVIDEO del admirable Vila-Matas. Necesité un tiempo para que la lectura decantara en mi. Me tomó más tiempo que los libros suyos que ya había leído. 

Entonces nuevamente se me instaló la pregunta, ya recurrente, que se me formula cuando termino de leerlo: ¿cómo se puede escribir algo así? 

Empiezo por lo formal. La portada, con un cuadro de Hammershoi, el pintor de los cuartos vacíos y las puertas abiertas, ya es todo un simbolismo.

edición en bolsillo de Montevideo.

Con una estructura tipo matrioska, de relatos dentro de relatos; una estructura que difumina los límites entre realidad y fantasía, entre hechos ocurridos y la memoria de los mismos, entre el sueño y la alucinación, Montevideo nos lleva a través de un viaje por distintos lugares del mundo, a la interioridad de un escritor torturada que siente que ya no puede escribir. No sabe muy bien a qué atribuir ese estado. Esa difuminación de límites, de fronteras, es algo cercano a lo que en la orientación lacaniana llamamos extimidad: un interior que es a la vez exterior. 

Empieza allí el derrotero, la búsqueda que se sirve de lo escrito por otros para que la pregunta retorne al protagonista como una brasa caliente, entre la intemperie del alma y la soledad. Tratando de esclarecerse, esboza una teoría de lo que hacen los que quieren escribir, los que narran, y los divide en tendencias: los que no tienen nada que contar, los que deliberadamente no narran nada, los que no lo cuentan todo, los que esperan que Dios revele y cuente todo, y la de los que se entregan al poder de la tecnología, «convirtiendo en prescindible el oficio de escritor».

Recorriendo citas de otros escritores, nuevamente nos hace saber a través de su protagonista, que el mundo desborda de cultores del TODO. De rastreadores del TODO. Pero ¿se trata para el escritor, de la historia que se narra? ¿Se trata de la amplificación de las palabras? El elogio de la brevedad también está presente en esta novela, de apenas trescientas páginas. Digo apenas, porque hay que experimentar en carne propia, cómo la narración transita por temas enormes: qué es la literatura, qué es ser escritor, lo efímero y en algún punto poco trascendente del oficio, con excepción de los que aspiramos a escribir (la literatura sólo es imprescindible para algunos seres, dentro de los miles de millones de una humanidad cada día más cerca de la debilidad mental y el analfabetismo cibernético). 

Entonces, con la excusa de visitar el hotel y la habitación en la que se supone se alojó Cortázar  en Montevideo (el hotel antiguamente llamado Cervantes), habitación en la que escribió su relato La puerta condenada, y que según parece, al decir de Beatriz Sarlo, en ese cuento aparece por primera vez lo fantástico en Cortázar, el protagonista se embarca en una búsqueda que tendrá más que ver con él mismo que con los otros y con una supuesta destreza perdida. Será una búsqueda que en el devenir, en sus idas y vueltas, lo confrontará con su propia puerta condenada. Dura tarea que ningún escritor que aspire a serlo seriamente, debería evitar. Porque quizá, al forzar la apertura de esa puerta (no hay ninguna naturalidad en el acto de abrirla; es una decisión cargada de coraje) lo que encuentre no sea la oscuridad fantaseada y temida, sino el vacío más radical con el que convivimos los seres hablantes. Una vez confrontado o a ese vacío, deberá decidir si asume la tarea de tratar con palabras, que el mundo sea menos idiota. 

Una vez más, tremenda novela del gran autor catalán, imprescindible para los que escribimos, y un viaje al alma del escritor que no ahorra al lector ni tragedias ni comedias.  Publicado por Leonor Curti

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Gonçalo M. Tavares, premio Formentor 2026.

Ha sido reconocido «por la osadía con que ha construido una narrativa ajena a las tentaciones de la obviedad».

REPORTAJE DE Andrés Seoane (El Mundo)

Acabo de enterarme hace unos minutos y ha sido una gran alegría», contesta emocionado al teléfono Gonçalo M. Tavares (Luanda, 1970), ganador del Premio Formentor de las Letras 2026, en su «portuñol» casi perfecto. «Más allá del gran prestigio del galardón es maravilloso entrar en una genealogía literaria en la que están autores como Beckett y Borges, pero también Javier Marías, Piglia, Calasso, Annie Ernaux, Vila-Matas, Cartarescu, Krasznahorkai… Todos estos escritores tienen en común la calidad, la creatividad y la pretensión de hacer algo nuevo, así que es un honor», remacha. «También comparten ser muy conscientes del papel de la literatura en la creación y evolución humanas. Un libro no es otro canal de televisión ni un masaje, ni está para divertir a la gente. La literatura, entendida con seriedad, es un proceso de creación y búsqueda de la verdad, no de ocultamiento ni división. No es un juego de sino una herramienta nuclear para intentar conocer las tragedias y comedias del ser humano. Y esta lista de autores, lo sabe.

V-M y Tavares en Madrid,

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El sentido último de la escritura

Louise Brooks, alias Ryo en ‘Canon de cámara oscura’

¿El sentido último de la escritura? Ésta nunca consistió en la inscripción de una obra personal, sujeta a la reinscripción de la originalidad, sino a “reactivar” una y otra vez la historia de la literatura, a repetir, con otras formas, lo ya escrito. Porque la historia de ésta puede verse como una obra colectiva y anónima de la que, al final, solo quedará lo que se ha escrito en la arena en el nombre de todos. Solo quedará –deberíamos saberlo– una sucesión de voces que se fueron expresando en sus respectivas épocas y que, conscientes o no, fueron obsesivamente repitiendo historias, como si creyeran en la inmortalidad cuando en realidad no hicieron más que ritualizar el destino ineludible del ser humano.

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No vivimos en el mundo sin Borges, todavía

Patricio Pron 14/02/2026

Una tarde, en Buenos Aires, Adolfo Bioy Casares estaba yendo a comprar la prensa cuando “un individuo joven, con cara de pájaro” lo detuvo para contarle que Borges había muerto en Ginebra. Días antes, Bioy —que cuenta esto en Borges , su diario de cincuenta años de amistad con el autor de Funes el memorioso y uno de los libros más fascinantes de la literatura argentina de las últimas décadas— había recibido una llamada suya. “Estoy deseando verte”, le había dicho. Pero la respuesta de Borges, poco antes de que se interrumpiese la comunicación, había sido “No voy a volver nunca más”. Silvina Ocampo, escritora excepcional y mujer de Bioy, afirmó, al terminar la llamada: “Borges estaba llorando”. Bioy no supo a qué se refería. Enrique Vila-Matas propuso hace algún tiempo “acabar con los números redondos”, pero éstos se niegan a desaparecer y —en cualquier caso— hace precisamente cuatro décadas que murió el autor de Ficciones

Pese a ello, el “mundo sin Borges” en el que Bioy creyó estar dando sus primeros pasos esa tarde, al alejarse de aquel joven y su noticia desgraciada, sigue postergándose, y la ‘vida póstuma’ de Borges es intensa. La conforman las numerosas intervenciones de Ricardo Piglia sobre el autor de Las ruinas circulares y el cuento de Rodolfo Fogwill Help a él. (Un acrónimo de El Aleph, por supuesto.) Son parte de ella la aparición de Borges como personaje en el Perramus de Juan Sasturain y Alberto Breccia —publicado recientemente en España por primera vez— y la novela de Fogwill Un guion para Artkino, donde, en una Argentina ya por completo integrada en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, las obras de Borges son consideradas apócrifos creados por la policía política. La componen El Aleph engordado de Pablo Katchadjian, El Hacedor (de Borges), remake de Agustín Fernández Mallo y la Primera Enciclopedia de Tlön. Tomo XI. hlaer – jangr editada por Jorge Volpi, los ensayos Con Borges de Alberto Manguel y El factor Borges de Alan Pauls y la excepcional instalación Fabio Kacero autor del Jorge Luis Borges, autor de Pierre Menard, autor del Quijote.

Cuarenta años después del comienzo de su ‘vida póstuma’, sin embargo, Borges ya no parece ser una inspiración para los escritores y las escritoras en español, muchos de los cuales practican un fantástico que aspira al asombro sin el vértigo de la idea; es decir, uno muy distinto al del autor de El Aleph. Pero que numerosos autores no cuenten con él no significa que ya habitemos en el mundo sin Borges que intuyó Bioy Casares. A la vez que sus mejores libros se alejan en el tiempo, convirtiéndose en una referencia lejana, su influencia parece haber devenido ambiental y estar —y la frase no es mía, por supuesto— ‘aquí, allá y en todas partes’. Borges se encuentra ‘en’ cierto tipo de ficción especulativa, entre cuyos autores más populares están Ted Chiang, Ursula K. Le Guin y Margaret Atwood. ‘Está’ en las ‘biografías imaginarias’ de Roberto Bolaño, Vila-Matas y Pierre Michon. ‘Está’ en productos audiovisuales de consumo masivo, como Lost, Black Mirror y Westworld. Borges es la figura tutelar de la ‘provincia’ del arte contemporáneo que se vale de sus procedimientos y de cierta estética queer que manifiesta sus disidencias mediante la reescritura, la traducción y la mezcla, que fueron algunos de sus principales métodos. 

Borges ‘está’ en el interés de las neurociencias actuales por la memoria, y su descrédito por parte de ellas, que a menudo le da la razón al autor de relatos como La memoria de Shakespeare, y se encuentra en la disolución de las distinciones entre original y copia que ha traído consigo la reproductibilidad absoluta de los contenidos digitales. Su Tlön, Uqbar, Orbis Tertius , en el que una enciclopedia nos trae noticias de un mundo incomprensible que se acerca a nosotros y va a desplazar al que habitamos, parece una expresión prematura —pero extremadamente lúcida— del modo en que lo virtual irrumpió hace unos treinta años en nuestras vidas. Su El escritor argentino y la tradición es un texto clave en un mundo que, desde la llegada de Donald Trump al poder, vuelve a reivindicar rabiosamente esa abstracción, las fronteras nacionales.

Puede que haya un “Borges para el siglo XXI”, desde luego. Sin embargo, la reedición de sus Ensayos completos, sus Cuentos completos y su Poesía completa es una oportunidad perdida para que encuentre su forma: aunque se pretende exhaustiva, omite libros tan importantes para comprender al autor de El acercamiento a Almotásim como su obra en colaboración con Bioy Casares, sus clases de literatura inglesa reunidas por Martín Hadis y Martín Arias, los “textos cautivos”, los Cuadernos & conferencias editados por el Borges Center, las conversaciones en universidades de los Estados Unidos, compiladas recientemente, etcétera.

La historia editorial de Borges es una en la que confluyen intereses y un celo que en ocasiones dieron la espalda a los lectores y al propio autor. Una vez más, esa historia traiciona las intenciones de Borges, para quien —como se sabe— los límites establecidos entre “ensayo”, “cuento” y “poesía” estaban allí sólo para ser cuestionados. Pero Borges es un clásico, y lo es también porque, como afirmó J. M. Coetzee en uno de sus ensayos, un clásico es todo “aquello que supera los límites del tiempo, que retiene un significado para las épocas venideras” y “sobrevive a la peor barbarie”, que nunca es precisamente editorial.

 Pensemos en el problema más importante de la obra de Borges, que según Piglia, “no es cómo la realidad aparece en la ficción sino cómo la ficción aparece en la realidad, cómo construye nuestra realidad”. Fake news, alternative facts, teorías conspirativas: una política que no se detiene ante la mentira, desconfía de la ciencia o prohíbe el uso oficial de ciertas palabras como manera de eliminar lo que esas palabras expresan, da cuenta de un mundo en el que el creador de El jardín de senderos que se bifurcan ya no es tanto un autor como un diagnóstico, y —tal vez— una forma de resistencia. Borges sigue estando entre nosotros, en un mundo que transformó y al que continúa interrogando.

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El giro conservador,

por Elvira Navarro

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Karina Sainz Borgo en conversación con Enrique Vila-Matas.

—La fuga y la desaparición han marcado su literatura. Sin embargo, ¿existe algo más duradero y firme que su estilo?

—Pero es que el estilo no es un simple adorno, sino la sustancia misma de mi obra. Por eso he hablado de que me dedico a escribir “la biografía de mi estilo”, y no la biografía de mis aventuras.

—Fue nombrado paseante oficial de Basilea. ¿Es difícil equiparar ese título, no cree?

—Hace años, una comisión presidida por Yvette Sánchez, catedrática de la Universidad de St. Gallen, me nombró “paseante e inspector oficial” de la Feria del libro de Basilea. Me prestaron una gabardina a lo doctor Clouseau y me encomendaron que velara por la “ética literaria” de cada una de las casetas, y, tras ser el terror de algunas, llevé a fondo la misión.

¿Qué significa el premio Zenda?

—Bueno, el Zenda de Honor tiene todas mis simpatías porque lo otorga una revista que, desde su creación –recuerdo que la fundaron Pérez Reverte, Javier Marías, Leandro Pérez, Mateo Díaz, José María Merino, Antonio Lucas– visito a menudo. Hay muy buenos colaboradores.

—Enrique Vila-Matas podría ser cualquiera de sus personajes. ¿Elige alguno? ¿Cuál es la voz que atraviesa sus libros? ¿La del narrador, la del que se mueve, la del que

duda, la del que observa?

—A mí me parece que, con el tiempo, he ido deslizando la ficción hacia un sitio en el que, sin renunciar a narrar, no pido al lector que suspenda la credulidad, porque si existe una atracción por leerme seguramente no viene, a estas alturas, de la historia que pueda contar, sino del reencuentro con mi voz. Una voz con acento de ensayista, especuladora, y que ligeramente varía en cada libro siempre de personalidad.

—El original y la réplica; la ficción y la realidad; ¿hasta dónde se desplaza el juego literario y por qué?

—Por el afán de aventurarse, que es algo intrínseco a la novela. Del mismo modo que un poema, sin riesgo, no es nada.

—Es usted la piedra primera y fundamental de la catedral metaliteraria. ¿Cómo la

definiría para quienes la leemos desde fuera?

—Pero es que yo no tengo nada que ver con todo eso. Es más, apoyé hace más de dos décadas a Ricardo Piglia cuando explicó que la «metaliteratura» como categoría teórica no existe realmente; más bien, es un cliché que se usa para referirse a la literatura que reflexiona sobre sí misma.

—Usted es leído y apreciado en toda Europa y toda Iberoamérica. ¿Es usted el autor vivo más universal de la literatura española?

—Hacer arte no es como competir en las olimpiadas.

—¿Su mejor libro?

—Hay una tendencia a considerar la obra que te da a conocer como tu mejor producción. Lou Reed estaba desesperado porque no soportaba Walk on the Wild Side y la canción le seguía a todas partes. Y ahí tienes a Godard, que ahora parece que sólo hubiera filmado Al final de la escapada. A mí de mis libros me parece el último (Canon de cámara oscura) el mejor de todos, aunque sólo sea porque aún me reconozco en él.

Le pido, por favor una anécdota, un recuerdo, lo que quiera decirme de sus días en la rue Saint Benôit.

—Creo que fui a París a escribir mi primera novela, pero no aprendí nada. Bueno, aprendí a escribir a máquina y ese consejo que dio Raymond Queneau a Marguerite Duras y que ella me traspasó a mí: “Usted escriba y no haga nada más». Y así me ha ido.



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TLS / Febrero 2026, Michael Kerrigan sobre MONTEVIDEO (Yale University Press)

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Vila-Matas.Más que novelista, ser novela.

por ANTONIO LUCAS

09/04/2017 1

En primera instancia, todo es presuntamente normal. Saluda con la mano tímida, con la carne blanda, con los ojos fijos. Nadie garantiza, sin embargo, que quien está delante sea Enrique Vila-Matas. Esto es así. Este hombre tiene algo de experto en milagros caseros. Por dentro de la cabeza le orbita un ajuar de extrañezas. Una autenticidad de ficciones. Una verdad de acontecimientos irreales que suceden con discreción aquí mismo, en la jurisdicción demarcada por su carcasa de hombre que mira con los ojos siempre a punto de fugarse del plano, detrás de una sonrisa que no es sonrisa pero puede llegar a serlo en cualquier momento. Si preguntas por la calle cuál es el narrador español (y catalán) más singular (iba a escribir «raro», pero me di cuenta a tiempo) de las últimas décadas su nombre sale. Incluso sus libros salen. Es uno de esos tipos serios que lanzan inesperadamente pequeñas descargas irónicas y cuando los demás ríen él deja la cosa a medias para volver a lo serio. Genera así un desconcierto muy dinámico. Igual que su literatura. Su última novela se titula Mac y su contratiempo. La publica Seix Barral. Es un libro cargado de libros para dejar claro que prefería ser un escritor distinto. Lo lleva haciendo así, en verdad, desde 1985, cuando publicó Historia abreviada de la literatura portátil. Lleva la literatura en la masa de la sangre, junto a algunas tormentas del vivir. La escritura es su misión. Y entre novelas, y cuentos, y ensayos, ha sumado más que un público una vasta cofradía de lectores y beatos de su causa. Es un tipo ferozmente literario, no por pintoresquismo sino por esa voluntad de ser, más que narrador, narración en sí mismo, relato, casi ficción, una insólita presencia. Hace pocos años una enfermedad que casi lo fulmina le hizo sentirse vivo. Es un sujeto capaz de meterse en sus libros y, como el camaleón, confundirse con las ramas. De cualquiera de sus ficciones se sale vapuleado y un poco más irreal, hagan la prueba. Una hora de lectura de Vila-Matas equivale a cruzar espejos.

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Debate a la vista.

[Café Perec / El País / 3 Febrero /

Fleur Jaeggy corrige mucho en su mente: “Empiezo a escribir suprimiendo en mi cabeza el texto desde el primer minuto. Comienzo ya quitando cosas. Quedan muchas eliminadas, muchas que ni siquiera he escrito”.

A Fleur Jaeggy (Los hermosos años del castigo) siempre hay que prestarle atención, no en vano es uno de los faros esenciales de la Constelación Lispector, esa azarosa y casi secreta conjunción de autoras de estilos únicos, ninguna de ellas parecida a la otra, pero todas cultivando “nuevas formas de escribir sobre la vida real”.

Jaeggy, en su patio particular, domina su personal técnica de la supresión y tiene casi la costumbre de dar giros imprevistos y radicales en sus textos y de pronto llevarnos, por ejemplo, a que reparemos en un pobre animal cautivo. Y domina también el arte de las réplicas ágiles. Escribía el año pasado Laura Fernández en estas mismas páginas: “Las respuestas de Jaeggy tienen las palabras contadas y cristalinamente esquivas”

En su reciente Oda y Encuentro en el Bronx (Ediciones UDP, Chile), Jaeggy rememora una conversación con Oliver Sacks en Nueva York y, lejos de entrar en muchos detalles sobre lo hablado, desvía enseguida su discurso, de forma cristalinamente esquiva, hacia un pez atrapado para siempre en la pecera del restaurante.

En giros imprevistos y radicales como éste, Jaeggy no tiene parangón, como tampoco lo tiene su fraseo trasparente, sobrio, tan preciso que difícilmente desearemos recuperar lo que su mente pudo tachar antes de ponerse a escribir. Jaeggy es sintética, y punto. No hay que tocar nada de lo que escribe. En cambio, no tengo la misma impresión en lo que publican amigas y amigos que se encuentran entre mis autores vivos favoritos. En el último libro de cada uno de ellos, he llegado a preguntarme qué palabras, qué frases, qué ideas pudieron quedar tachadas, traspapeladas, o equivocadamente socavadas, mientras se iba tejiendo la obra que finalmente publicaron.

¿En qué tropezaron y a qué renunciaron? Es cuestión bien susceptible de debate. Aun sabiendo lo difícil que es conseguir que los escritores escriban con franqueza sobre su propia obra y más en un mercado literario como el actual, llevo un rato planteándome el envío de correos a aquellos colegas con los que alguna vez hablé distendidamente sobre los fallos que se daban en nuestros respectivos estilos.   

Quizás porque añoro aquel distendido clima de confesiones, no he podido contenerme y hace un momento, garantizándoles el anonimato, acabo de escribir y enviar los correos a colegas admirados pidiéndoles que se atrevan a juzgar a fondo su último libro y no me escamoteen detalles a la hora de explicar los muy personales problemas que frenaron parte de la ambición que depositaron en él.

Si cuando lleguen las respuestas compruebo que nos iría bien a todos el profundo conocimiento de las hasta ahora ocultas dificultades de escritura de los demás, no tardaré en hacerlas públicas. Garantizando el prometido anonimato, se discutirán en un Gran Debate, en unas jornadas que lo trastornarán todo. Una catarsis poética que nos urge.

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Hay un elemento esencial que corre siempre el riesgo de faltarle a la crítica.

Pintura de Kiefer.

 [Texto perfecto de Julien Gracq encontrado en el blog La Calle del Orco / de Kim Nguyen Baraldi]

Hay un elemento esencial que corre siempre el riesgo de faltarle a la crítica, y en particular a las monografías, muy voluminosas con frecuencia, que dedica en nuestros días a esta o a aquella novela famosa: La génesis de La señora Bovary, Las fuentes de Las amistades peligrosas, etc. Ese elemento –del que sólo el escritor podría aportar información– lo constituyen los fantasmas de libros sucesivos que la imaginación del autor proyectaba continuamente en vanguardia de su pluma e iban cambiando, con esa deformación inevitable que la tarea de escribir imprime a todos los capítulos, de la misma forma que una carretera sinuosa proyecta ante el viajero, en el marco de un paisaje de determinada naturaleza, una serie de perspectivas diversas y, a veces, de lo más inesperado.

En todas y cada una de las revueltas del libro, otro libro, posible e incluso probable con frecuencia, va a parar a la nada. Un libro sensiblemente diferente no sólo en esa parte superficial que es la intriga, sino en esa parte fundamental que es el registro, el timbre, la tonalidad. Y esos libros, que van desapareciendo sobre la marcha, arrojados por millones al limbo de la literatura –y por eso tendrían importancia para el crítico que tenga empeño en explicarse a la perfección–, esos libros, que nacieron de la escritura, cuentan hasta cierto punto, no han desaparecido por completo. Durante páginas, durante capítulos enteros, fue una alucinación suya la que tiró del escritor como por un camino de sirga, la que le exacerbó la sed y le estimuló la energía; a su luz, a veces, se escribieron partes enteras de ese libro. El rastro sinuoso del viaje del autor por el desierto de las páginas blancas nada más puede explicarse si se tiene en cuenta no sólo el escalonamiento de los pozos en que bebió, sino también los espejismos hacia los que caminó tantas veces.

No podemos aquí exponer, sino la experiencia propia. Toda la primera parte de Los ojos del bosque se escribió con la perspectiva de una misa del gallo en Les Falizes, que tenía que ser un capítulo muy importante y habría dado al libro, al introducir en él esa tonalidad religiosa, un porte muy diferente. Y El mar de las Sirtes avanzando a golpe de cañón hasta el último capítulo hacia una batalla naval que nunca llegó a ocurrir.

Busquen, señores críticos, busquen más, tengan el empeño mallarmeano de seguirles el rastro a esos libros vanos, abolidos, inanes, que movieron la lanzadera mientras se iba tejiendo el libro real; sean los Dupin sutiles hasta el infinito que habrán de explorar y balizar ese itinerario mental que callejones sin salida inesperados jalonan de punta a cabo, que el influjo de unos campos magnéticos, que se van descargando sobre la marcha, tuerce por completo. Cuando hayan apurado, como saben hacerlo, el estudio del frágil proyecto viajero del autor, háganle un sitio -un sitio muy grande- a los incidentes del camino y ni tan siquiera los escritores les escatimaran la coronación. Y dejen de especular en lo referido a la composición. Porque si pasar de un ser vivo a su esqueleto tiene una razón de ser, para pasar del esqueleto al ser vivo no hay la mínima razón.

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