Me encanta la elegante y bien articulada prosa, portadora siempre de una lógica alucinada, del eximio escritor barcelonés Enrique Vila-Matas. Sus libros no cuentan nada, al fin de cuentas, y lo cuentan todo, al fin de cuentas. No viajan a ningún sitio, no nos llevan a ningún lugar, no salen de ningún sitio y, a la vez, se dirigen a todos los sitios que la caótica asociación de ideas enredadas mueva la mano brillante del escritor. De hecho, una frase suya define a la perfección su magnífica novelería: «Seguí mi camino, que no iba en principio a ninguna parte». Es verdad que la literatura que plagia a la inteligencia artificial, a los chatgpt y cosas así, que ya escribe columnas y novelas, tampoco cuenta nada, siendo sólo retórica vacía, pero ese no es el caso del genial Vila-Matas, que funda su maravillosa y sorprendente literatura en el mismo motor creador que el divino Horacio nos mostró en su De Arte Poetica o Epistula ad Pisones: la callida iunctura, el ensamblaje de dos cosas que no tienen aparentemente nada que ver entre ellas, palabras de dos campos semánticos sin relación semántica ninguna. Dos mundos o universos distintos que entrelazados crean un mundo nuevo, un universo nuevo. In verbis etiam tenuis cautusque serendis/ dixeris egregie, notum su callida verbum/ reddiderit iunctura novum. Ya en el comienzo mismo del poema se habla del pintor que une a una cabeza humana una cerviz de caballo: Humano capiti cervicem pictor equinam/ iungere si velit. Desde entonces – y ya antes, claro– la gran literatura consiste en saber asociar con astucia, callide, las cosas de la creación de una manera distinta a como la lógica de la creación invita; aunque, quizás, cuando hagamos delirantes asociaciones de realidades, estemos imitando a la verdadera forma de crear la naturaleza. Así, los McGuffin de Hitchcock son muy apreciados por Vila-Matas, débiles excusas para unir episodios de la trama que sin esos McGuffin sería imposible justificar «de un modo lógico».
En Hitchcock y Vila-Matas la lógica está sustituida por la polilógica. Ver el mundo como un territorio lleno de mensajes de algún intricado código secreto es acercarse a la literatura como madre de mundos, y tener experiencias de lo desmesurado. Cervantes cuando escribe viaja subido en su «cabaña para pensar». ¿Quién no reparó alguna vez que los vigilantes de los museos vanguardistas son las verdaderas obras de arte? –se pregunta el escritor, lector de ensayos, egregio ensayista él mismo y crítico de arte. Esta forma de escribir, la forma clásica de escribir, exige como principal don creador, la memoria, una portentosa memoria de experiencia sensitiva real y de experiencia de literatura verosímil e inverosímil, y una cultura enciclopédica, tomado el término etimológicamente. El mundo, en verdad, está sufriendo siempre un desquiciamiento general que sólo la literatura, con su loca asociación de cosas, con su loca construcción de universos con materiales inverosímiles puede representar.
Sólo
la gente iletrada, sin imaginación o la impotente que plagia la vacía
retórica de matemática gramática muerta de la inteligencia artificial
podría tomar esta forma de escribir y crear como locura. Que la creación
más bella, con sus montañas, sus valles, sus ríos y sus mares, y su
vida humana de belleza policletea, sea un producto de la locura más
sistemática es un hecho probado. La lluvia, el viento, el sol, el mar,
el hielo esculpen nuestros sublimes paisajes y la propia vida orgánica
coordinados por un director de orquesta que los sensatos perpetradores
de la Guerra de Persia podrían llamar «loco». Quien es incapaz de crear
algo nuevo que se desvíe de las normas de la lógica canónica, nunca
entenderá a los que lo hacen, y los tomará, si no como locos, sí como
bichos raros. En todas las obras de Vila-Matas bullen centenares de
libros, de músicas y de obras de arte, sin que por ello su obra acabe
siendo un centón cultural, sino una construcción nueva con viejos
materiales redivivos y, en cierto sentido, un producto enciclopédico. La
literatura viene de la literatura, y esto desde Homero. Las
experiencias de la propia vida del escritor llevan a los recuerdos de
ficciones literarias innumerables que, a su vez, se habían sostenido con
las propias experiencias vitales de los otros escritores, y así, hasta
el infinito.
En
el yo narrativo de Vila-Matas, tanto el sujeto diegético como
metadiegético, por seguir con la jerigonza retórica de Genette, refleja
sus constantes cambios de humor a lo largo del texto, desde la depresora
ansiedad nocturna hasta el ánimo mañanero más exultante. Un genial
narrador omnisciente con todas las diversas y efímeras psicopatías.
Falta demencia y sentido del humor en nuestra literatura. ¿Fue alguna
vez español el humor de El Quijote? Cervantes y Vila-Matas parecen
ingleses ante la zafiedad y el mal olor de nuestra literatura actual. La
belleza salida de la locura humana jamás podrá ser imitada por la
inteligencia artificial.
–¿Volver a empezar?
–Ni siquiera volver a empezar. Ir hacia la nada.i
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Publicado enSin categoría|Comentarios desactivados en Vila-Matas, o el delirio de la lógica [Martín-Miguel Rubio /El Debate]
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Loin des pelouses grouillantes des grandes universités américaines, tout n’est qu’ordre et beauté, sur le campus perché au sommet de la colline du Rosenberg. Une frise en céramiques de Joan Miro, une tapisserie de Pierre Soulages, une fresque du peintre allemand Gerhard Richter, une sculpture d’Alberto Giacometti ou encore une mosaïque de Georges Braque ornent les espaces communs, les couloirs et les escaliers. Une collection sur laquelle veille Yvette Sanchez, présidente de la commission d’arts.
« L’offre la plus indécente que j’aie reçue, c’est pour le Richter. Sotheby’s a aussi essayé plusieurs fois de l’acquérir mais, à chaque fois, on leur dit non, glisse, sourire en coin, l’ancienne professeure d’études latino-américaines. C’est dans nos statuts, même si ça peut paraître ironique qu’une université d’économie achète des œuvres d’art sans les revendre… »
Elisabeth Pineau Saint-Gall [Suisse], envoyée spéciale
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Publicado enSin categoría|Comentarios desactivados en Yvette Sanchez y la Universidad de Saint Gall (Suisse) en Le Monde (12-5-26)
Dice Bernat Castany que su libro, además de un intento de
quitar hierro sin causar una anemia, ha sido escrito bajo la ley que Rosario
Castellanos enunció en 1973 en Mujer que sabe latín: “No aceptar ningún
dogma, sino hasta ver si es capaz de resistir un buen chiste”. Una filosofía
de la risa refuta los falsos valores que nos oprimen. Y es que ya decía Ferenczi
que la risa es el fracaso de la represión. ¿Y cómo no va a serlo si todos
participamos de una misma condición humana, igualmente ridícula y maravillosa? Me
he reído como casi nunca leyendo las páginas dedicadas al narcisismo, que en el
libro aparece como el reverso oscuro, o el obstáculo principal para el
verdadero humor. Y es que la mejor cura para el narcisismo es comenzar por
reírse de uno mismo.
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Publicado enSin categoría|Comentarios desactivados en RECOMENDACIÓN DE UN LIBRO PARA DESPUÉS DEL DÍA DEL LIBRO / UNA FILOSOFÍA DE LA RISA. [Bernat Castany]
Canon de cámara oscura
es el título de la última novela de Enrique Vila-Matas, autor de una
brillantísima trayectoria a la que esta se suma contribuyendo una vez
más a ensanchar un personalísimo mundo estético muy reconocible.
En este caso lo hace a través de la voluntad del protagonista de
construir un canon literario que, por supuesto, se sitúa al margen de
todos los cánones oficiales, algo así como “una atmósfera de canon”
capaz de trasportar a los personajes y a nosotros, los lectores, “fuera
de aquí, a las afueras de todo y sin retorno posible”. Es, como todas
las suyas, una obra literaria que ante todo habla de la gran literatura y
de lo que esta es capaz de hacer por nosotros y nuestras vidas.
Pero, además, se acentúa en esta obra otra faceta del escritor, que
ya venía asomando en sus últimas novelas: un extraordinario sentido del
humor que, en este caso, nos hará enfrentarnos de forma menos solemne a
ese debate social, ya un tanto tedioso, sobre las posibilidades y
límites de la inteligencia artificial. Y ello porque, para sorpresa de
los fieles lectores de Vila-Matas, en esta ocasión el personaje y
narrador de la obra parece ser un androide o replicante que vive
infiltrado entre los seres humanos.
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Publicado enSin categoría|Comentarios desactivados en Teresa Gómez Trueba [Universidad de Valladolid] acerca de ‘Canon de cámara oscura’
Casa de Brooklyn en la que vivió Truman Capote (foto de V-M)
Quiero
creer que, cada vez más, mi obra es un puente entre la lógica y el delirio, así
como una invitación constante al lector a que se pierda por los vericuetos de una
conciencia humana, ajena a él. ¿Acaso no es ésta una de las maravillas que
ofrece la lectura de un buen libro: conectar con una conciencia que no es la
nuestra?
En Canon
de cámara oscura, realidad y delirio, más que dos polos opuestos, funcionan
como partes esenciales de una misma experiencia humana. No rechazo la lógica,
sino que trato de transformarla y ampliarla. Y quizás por esto Canon de
cámara oscura tiene algo de charada, cuya resolución no es única, sino
ambigua, lo que puede provocar en el lector un estímulo intelectual y emocional.
Es más, creo que propicia una experiencia de lectura activa, en la que
el sentido se construye en la interacción con el texto. Porque el libro fusiona
lo racional con lo intuitivo, y no renuncia a la estructura, ni a la lógica,
pero permite que la intuición guíe al lector por caminos insospechados y que
las sospechas crezcan en torno a si el narrador es un androide, un Denver-7
infiltrado entre la gente corriente de Barcelona, o si, por el contrario,
utiliza el Canon para dar sentido a su vida ante el amor desorbitado que siente
por su hija ausente.
Un
amor único, extraordinario, por Ryo, la hija.
Y
una visión del arte literario como transmisión, colaboración y modificación de
ideas ajenas. Y una búsqueda de un sentido último de la escritura, al tiempo
que se exploran temas como el doble o la ausencia infinita que dejan aquellos a
los que amamos, “la misma ausencia que Eurídice le dejó a Orfeo y de la que
muchos creen que nació la escritura”
En la
novela un escritor barcelonés fracasado le encomienda a su secretario y
discípulo, al narrador Vidal Escabia, seleccionar, de entre su inmensa
biblioteca, 71 libros y guardarlos en un cuarto mal iluminado para ir creando
un canon literario desplazado, intempestivo y
ligeramente inactual. Un canon disidente que discrepa, que bordea la locura,
que se mueve, oscuro, entre las sombras.
¿Hay
otra inteligencia junto a Vidal Escabia, trabajando en la oscuridad?
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Publicado enSin categoría|Comentarios desactivados en Unas palabras sobre ‘Canon de cámara oscura’
Una hebra de lino encerada, fina pero a la vez muy
resistente, un hilo correoso, semejante al que usan los encuadernadores
para coser los pliegos, enlaza los tres actos seleccionados de la semana
cultural. Mejor dicho, los tres se confabularon para arder en una única
hoguera: el destello de la memoria en el espejo roto del presente.
Aunque parezca que los bomberos nos hayamos puesto estupendos, todo
cobra sentido; vayamos por partes.
En la tarde
del martes, algo desapacible de humedad, la librería La Central, la casa
madre de la calle Mallorca, se llenó para acompañar a la ensayista Mercedes Monmany en el bautizo de Algo quedará de mí (Galaxia Gutenberg). Acudieron el editor, Joan Tarrida ; los escritores Monika Zgustova, Rafael Argullol, Rodrigo Fresán, Álvaro Colomer, Ana Rodríguez Fischer y Enrique Murillo ; también la profesora Paula Massot —la imprescindible Paula de Parma— y Agomar de Sagarra —nieta de uno de los grandes cronistas de esta casa—, además de dos padrinos de excepción: la editora Valerie Miles y Enrique Vila-Matas . Como bien dice Sergi Pàmies ,
en estas liturgias librescas resulta fundamental un presentador
“predispuesto, experto, generoso y capaz de atraer a curiosos”.
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Publicado enSin categoría|Comentarios desactivados en Un destello de la memoria en el espejo roto del presente. por Olga Merino (La Vanguardia)
En un paisaje inestable, donde la voluntad humana se cruza cada vez más con la automatización y el azar, CANON DE CÁMARA OSCURA (Camera oscura. A Novel) construye una tensión sutil pero persistente: ¿Está Escabia construyendo realmente el canon, o hay otra inteligencia trabajando junto a él, en la oscuridad?
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Publicado enSin categoría|Comentarios desactivados en Una magnífica interpretación del Canon (la de Yale University Press):
Terminé
hace algunos días, MONTEVIDEO del admirable Vila-Matas. Necesité un
tiempo para que la lectura decantara en mi. Me tomó más tiempo que los
libros suyos que ya había leído.
Entonces nuevamente se me
instaló la pregunta, ya recurrente, que se me formula cuando termino de
leerlo: ¿cómo se puede escribir algo así?
Empiezo por lo formal.
La portada, con un cuadro de Hammershoi, el pintor de los cuartos vacíos
y las puertas abiertas, ya es todo un simbolismo.
edición en bolsillo de Montevideo.
Con una estructura tipo matrioska, de relatos dentro de relatos; una estructura que difumina los límites entre realidad y fantasía, entre hechos ocurridos y la memoria de los mismos, entre el sueño y la alucinación, Montevideo nos lleva a través de un viaje por distintos lugares del mundo, a la interioridad de un escritor torturada que siente que ya no puede escribir. No sabe muy bien a qué atribuir ese estado. Esa difuminación de límites, de fronteras, es algo cercano a lo que en la orientación lacaniana llamamos extimidad: un interior que es a la vez exterior.
Empieza allí el derrotero, la búsqueda que se sirve de
lo escrito por otros para que la pregunta retorne al protagonista como
una brasa caliente, entre la intemperie del alma y la soledad. Tratando
de esclarecerse, esboza una teoría de lo que hacen los que quieren
escribir, los que narran, y los divide en tendencias: los que no tienen
nada que contar, los que deliberadamente no narran nada, los que no lo
cuentan todo, los que esperan que Dios revele y cuente todo, y la de los
que se entregan al poder de la tecnología, «convirtiendo en
prescindible el oficio de escritor».
Recorriendo citas de otros
escritores, nuevamente nos hace saber a través de su protagonista, que
el mundo desborda de cultores del TODO. De rastreadores del TODO. Pero
¿se trata para el escritor, de la historia que se narra? ¿Se trata de la
amplificación de las palabras? El elogio de la brevedad también está
presente en esta novela, de apenas trescientas páginas. Digo apenas,
porque hay que experimentar en carne propia, cómo la narración transita
por temas enormes: qué es la literatura, qué es ser escritor, lo efímero
y en algún punto poco trascendente del oficio, con excepción de los que
aspiramos a escribir (la literatura sólo es imprescindible para algunos
seres, dentro de los miles de millones de una humanidad cada día más
cerca de la debilidad mental y el analfabetismo cibernético).
Entonces,
con la excusa de visitar el hotel y la habitación en la que se supone
se alojó Cortázar en Montevideo (el hotel antiguamente llamado
Cervantes), habitación en la que escribió su relato La puerta condenada,
y que según parece, al decir de Beatriz Sarlo, en ese cuento aparece
por primera vez lo fantástico en Cortázar, el protagonista se embarca en
una búsqueda que tendrá más que ver con él mismo que con los otros y
con una supuesta destreza perdida. Será una búsqueda que en el devenir,
en sus idas y vueltas, lo confrontará con su propia puerta condenada.
Dura tarea que ningún escritor que aspire a serlo seriamente, debería
evitar. Porque quizá, al forzar la apertura de esa puerta (no hay
ninguna naturalidad en el acto de abrirla; es una decisión cargada de
coraje) lo que encuentre no sea la oscuridad fantaseada y temida, sino
el vacío más radical con el que convivimos los seres hablantes. Una vez
confrontado o a ese vacío, deberá decidir si asume la tarea de tratar
con palabras, que el mundo sea menos idiota.
Una vez más, tremenda novela del gran autor catalán, imprescindible para los que escribimos, y un viaje al alma del escritor que no ahorra al lector ni tragedias ni comedias. Publicado por Leonor Curti
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Publicado enSin categoría|Comentarios desactivados en Comentario de MONTEVIDEO en leonorcurtiblog.
Ha sido reconocido «por la osadía con que ha construido una narrativa ajena a las tentaciones de la obviedad».
REPORTAJE DE Andrés Seoane (El Mundo)
Acabo de enterarme hace unos minutos y ha sido una gran alegría», contesta emocionado al teléfono Gonçalo M. Tavares (Luanda, 1970), ganador del Premio Formentor de las Letras 2026, en su «portuñol» casi perfecto. «Más allá del gran prestigio del galardón es maravilloso entrar en una genealogía literaria en la que están autores como Beckett y Borges, pero también Javier Marías, Piglia, Calasso, Annie Ernaux, Vila-Matas, Cartarescu, Krasznahorkai… Todos estos escritores tienen en común la calidad, la creatividad y la pretensión de hacer algo nuevo, así que es un honor», remacha. «También comparten ser muy conscientes del papel de la literatura en la creación y evolución humanas. Un libro no es otro canal de televisión ni un masaje, ni está para divertir a la gente. La literatura, entendida con seriedad, es un proceso de creación y búsqueda de la verdad, no de ocultamiento ni división. No es un juego de sino una herramienta nuclear para intentar conocer las tragedias y comedias del ser humano. Y esta lista de autores, lo sabe.
V-M y Tavares en Madrid,
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Publicado enSin categoría|Comentarios desactivados en Gonçalo M. Tavares, premio Formentor 2026.
Louise Brooks, alias Ryo en ‘Canon de cámara oscura’
¿El sentido último de la escritura? Ésta nunca consistió en la inscripción de una obra personal, sujeta a la reinscripción de la originalidad, sino a “reactivar” una y otra vez la historia de la literatura, a repetir, con otras formas, lo ya escrito. Porque la historia de ésta puede verse como una obra colectiva y anónima de la que, al final, solo quedará lo que se ha escrito en la arena en el nombre de todos. Solo quedará –deberíamos saberlo– una sucesión de voces que se fueron expresando en sus respectivas épocas y que, conscientes o no, fueron obsesivamente repitiendo historias, como si creyeran en la inmortalidad cuando en realidad no hicieron más que ritualizar el destino ineludible del ser humano.
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Publicado enSin categoría|Comentarios desactivados en El sentido último de la escritura
Una
tarde, en Buenos Aires, Adolfo Bioy Casares estaba yendo a comprar la
prensa cuando “un individuo joven, con cara de pájaro” lo detuvo para
contarle que Borges había muerto en Ginebra. Días antes, Bioy —que
cuenta esto en Borges , su diario de cincuenta años de amistad con el autor de Funes el memorioso y
uno de los libros más fascinantes de la literatura argentina de las
últimas décadas— había recibido una llamada suya. “Estoy deseando
verte”, le había dicho. Pero la respuesta de Borges, poco antes de que
se interrumpiese la comunicación, había sido “No voy a volver nunca
más”. Silvina Ocampo, escritora excepcional y mujer de Bioy, afirmó, al
terminar la llamada: “Borges estaba llorando”. Bioy no supo a qué se
refería. Enrique Vila-Matas propuso hace algún tiempo “acabar con los
números redondos”, pero éstos se niegan a desaparecer y —en cualquier
caso— hace precisamente cuatro décadas que murió el autor de Ficciones.
Pese
a ello, el “mundo sin Borges” en el que Bioy creyó estar dando sus
primeros pasos esa tarde, al alejarse de aquel joven y su noticia
desgraciada, sigue postergándose, y la ‘vida póstuma’ de Borges es
intensa. La conforman las numerosas intervenciones de Ricardo Piglia
sobre el autor de Las ruinas circulares y el cuento de Rodolfo Fogwill Help a él. (Un acrónimo de El Aleph, por supuesto.) Son parte de ella la aparición de Borges como personaje en el Perramus de Juan Sasturain y Alberto Breccia —publicado recientemente en España por primera vez— y la novela de Fogwill Un guion para Artkino,
donde, en una Argentina ya por completo integrada en la Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas, las obras de Borges son consideradas
apócrifos creados por la policía política. La componen El Aleph engordado de Pablo Katchadjian, El Hacedor (de Borges), remake de Agustín Fernández Mallo y la Primera Enciclopedia de Tlön. Tomo XI. hlaer – jangr editada por Jorge Volpi, los ensayos Con Borges de Alberto Manguel y El factor Borges de Alan Pauls y la excepcional instalación Fabio Kacero autor del Jorge Luis Borges, autor de Pierre Menard, autor del Quijote.
Cuarenta
años después del comienzo de su ‘vida póstuma’, sin embargo, Borges ya
no parece ser una inspiración para los escritores y las escritoras en
español, muchos de los cuales practican un fantástico que aspira al
asombro sin el vértigo de la idea; es decir, uno muy distinto al del
autor de El Aleph. Pero que numerosos autores no cuenten con él
no significa que ya habitemos en el mundo sin Borges que intuyó Bioy
Casares. A la vez que sus mejores libros se alejan en el tiempo,
convirtiéndose en una referencia lejana, su influencia parece haber
devenido ambiental y estar —y la frase no es mía, por supuesto— ‘aquí,
allá y en todas partes’. Borges se encuentra ‘en’ cierto tipo de ficción
especulativa, entre cuyos autores más populares están Ted Chiang,
Ursula K. Le Guin y Margaret Atwood. ‘Está’ en las ‘biografías
imaginarias’ de Roberto Bolaño, Vila-Matas y Pierre Michon. ‘Está’ en
productos audiovisuales de consumo masivo, como Lost, Black Mirror y Westworld. Borges es la figura tutelar de la ‘provincia’ del arte contemporáneo que se vale de sus procedimientos y de cierta estética queer que
manifiesta sus disidencias mediante la reescritura, la traducción y la
mezcla, que fueron algunos de sus principales métodos.
Borges
‘está’ en el interés de las neurociencias actuales por la memoria, y su
descrédito por parte de ellas, que a menudo le da la razón al autor de
relatos como La memoria de Shakespeare, y se encuentra en la
disolución de las distinciones entre original y copia que ha traído
consigo la reproductibilidad absoluta de los contenidos digitales. Su Tlön, Uqbar, Orbis Tertius ,
en el que una enciclopedia nos trae noticias de un mundo incomprensible
que se acerca a nosotros y va a desplazar al que habitamos, parece una
expresión prematura —pero extremadamente lúcida— del modo en que lo
virtual irrumpió hace unos treinta años en nuestras vidas. Su El escritor argentino y la tradición es
un texto clave en un mundo que, desde la llegada de Donald Trump al
poder, vuelve a reivindicar rabiosamente esa abstracción, las fronteras
nacionales.
Puede que haya un “Borges para el siglo XXI”, desde luego. Sin embargo, la reedición de sus Ensayos completos, sus Cuentos completos y su Poesía completa es
una oportunidad perdida para que encuentre su forma: aunque se pretende
exhaustiva, omite libros tan importantes para comprender al autor de El acercamiento a Almotásim como
su obra en colaboración con Bioy Casares, sus clases de literatura
inglesa reunidas por Martín Hadis y Martín Arias, los “textos cautivos”,
los Cuadernos & conferencias editados por el Borges Center, las conversaciones en universidades de los Estados Unidos, compiladas recientemente, etcétera.
La
historia editorial de Borges es una en la que confluyen intereses y un
celo que en ocasiones dieron la espalda a los lectores y al propio
autor. Una vez más, esa historia traiciona las intenciones de Borges,
para quien —como se sabe— los límites establecidos entre “ensayo”,
“cuento” y “poesía” estaban allí sólo para ser cuestionados. Pero Borges
es un clásico, y lo es también porque, como afirmó J. M. Coetzee en uno
de sus ensayos, un clásico es todo “aquello que supera los límites del
tiempo, que retiene un significado para las épocas venideras” y
“sobrevive a la peor barbarie”, que nunca es precisamente editorial.
Pensemos
en el problema más importante de la obra de Borges, que según Piglia,
“no es cómo la realidad aparece en la ficción sino cómo la ficción
aparece en la realidad, cómo construye nuestra realidad”. Fake news, alternative facts,
teorías conspirativas: una política que no se detiene ante la mentira,
desconfía de la ciencia o prohíbe el uso oficial de ciertas palabras
como manera de eliminar lo que esas palabras expresan, da cuenta de un
mundo en el que el creador de El jardín de senderos que se bifurcan ya
no es tanto un autor como un diagnóstico, y —tal vez— una forma de
resistencia. Borges sigue estando entre nosotros, en un mundo que
transformó y al que continúa interrogando.
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Publicado enSin categoría|Comentarios desactivados en No vivimos en el mundo sin Borges, todavía
—La fuga y la desaparición han marcado su literatura. Sin
embargo, ¿existe algo más duradero y firme que su estilo?
—Pero es que el estilo no es un simple adorno, sino la
sustancia misma de mi obra. Por eso he hablado de que me dedico a escribir “la
biografía de mi estilo”, y no la biografía de mis aventuras.
—Fue nombrado paseante oficial de Basilea. ¿Es difícil
equiparar ese título, no cree?
—Hace años, una comisión presidida por Yvette Sánchez,
catedrática de la Universidad de St. Gallen, me nombró “paseante e inspector
oficial” de la Feria del libro de Basilea. Me prestaron una gabardina a lo
doctor Clouseau y me encomendaron que velara por la “ética literaria” de cada
una de las casetas, y, tras ser el terror de algunas, llevé a fondo la misión.
¿Qué significa el premio Zenda?
—Bueno, el Zenda de Honor tiene todas mis simpatías porque lo otorga una revista que, desde su creación –recuerdo que la fundaron Pérez Reverte, Javier Marías, Leandro Pérez, Mateo Díaz, José María Merino, Antonio Lucas– visito a menudo. Hay muy buenos colaboradores.
—Enrique Vila-Matas podría ser cualquiera de sus personajes.
¿Elige alguno? ¿Cuál es la voz que atraviesa sus libros? ¿La del narrador, la
del que se mueve, la del que
duda, la del que observa?
—A mí me parece que, con el tiempo, he ido deslizando la
ficción hacia un sitio en el que, sin renunciar a narrar, no pido al lector que
suspenda la credulidad, porque si existe una atracción por leerme seguramente
no viene, a estas alturas, de la historia que pueda contar, sino del
reencuentro con mi voz. Una voz con acento de ensayista, especuladora, y que
ligeramente varía en cada libro siempre de personalidad.
—El original y la réplica; la
ficción y la realidad; ¿hasta dónde se desplaza el juego literario y por qué?
—Por el afán de aventurarse, que es algo intrínseco a la
novela. Del mismo modo que un poema, sin riesgo, no es nada.
—Es usted la piedra primera y fundamental de la catedral
metaliteraria. ¿Cómo la
definiría para quienes la leemos
desde fuera?
—Pero es que yo no tengo nada que ver con todo eso. Es más, apoyé
hace más de dos décadas a Ricardo Piglia cuando explicó que la
«metaliteratura» como categoría teórica no existe realmente; más
bien, es un cliché que se usa para referirse a la literatura que reflexiona
sobre sí misma.
—Usted es leído y apreciado en toda Europa y toda
Iberoamérica. ¿Es usted el autor vivo más universal de la literatura española?
—Hacer arte no es como competir en las olimpiadas.
—¿Su mejor libro?
—Hay una tendencia a considerar la obra que te da a conocer
como tu mejor producción. Lou Reed estaba desesperado porque no soportaba Walk
on the Wild Side y la canción le seguía a todas partes. Y ahí tienes a
Godard, que ahora parece que sólo hubiera filmado Al final de la escapada.
A mí de mis libros me parece el último (Canon de cámara oscura) el mejor
de todos, aunque sólo sea porque aún me reconozco en él.
—Le pido, por favor una anécdota, un recuerdo, lo que quiera decirme de sus días en la rue Saint Benôit.
—Creo que fui a París a escribir mi primera novela, pero no
aprendí nada. Bueno, aprendí a escribir a máquina y ese
consejo que dio Raymond Queneau a Marguerite Duras y que ella me traspasó a mí:
“Usted escriba y no haga nada más». Y así me ha ido.
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Publicado enSin categoría|Comentarios desactivados en Karina Sainz Borgo en conversación con Enrique Vila-Matas.
En primera instancia, todo es
presuntamente normal. Saluda con la mano tímida, con la carne blanda,
con los ojos fijos. Nadie garantiza, sin embargo, que quien está delante
sea Enrique Vila-Matas. Esto es así. Este hombre tiene algo de experto en milagros caseros. Por dentro de la cabeza le orbita un ajuar de extrañezas. Una autenticidad de ficciones.
Una verdad de acontecimientos irreales que suceden con discreción aquí
mismo, en la jurisdicción demarcada por su carcasa de hombre que mira
con los ojos siempre a punto de fugarse del plano, detrás de una sonrisa
que no es sonrisa pero puede llegar a serlo en cualquier momento. Si
preguntas por la calle cuál es el narrador español (y catalán) más
singular (iba a escribir «raro», pero me di cuenta a tiempo) de las
últimas décadas su nombre sale. Incluso sus libros salen. Es uno de esos
tipos serios que lanzan inesperadamente pequeñas descargas irónicas y
cuando los demás ríen él deja la cosa a medias para volver a lo serio.
Genera así un desconcierto muy dinámico. Igual que su literatura. Su
última novela se titula Mac y su contratiempo. La publica Seix Barral. Es un libro cargado de libros para dejar claro que prefería ser un escritor distinto. Lo lleva haciendo así, en verdad, desde 1985, cuando publicó Historia abreviada de la literatura portátil. Lleva la literatura en la masa de la sangre, junto a algunas tormentas del vivir. La escritura es su misión.
Y entre novelas, y cuentos, y ensayos, ha sumado más que un público una
vasta cofradía de lectores y beatos de su causa. Es un tipo ferozmente
literario, no por pintoresquismo sino por esa voluntad de ser, más que narrador, narración en sí mismo, relato, casi ficción, una insólita presencia.
Hace pocos años una enfermedad que casi lo fulmina le hizo sentirse
vivo. Es un sujeto capaz de meterse en sus libros y, como el camaleón,
confundirse con las ramas. De cualquiera de sus ficciones se sale
vapuleado y un poco más irreal, hagan la prueba. Una hora de lectura de
Vila-Matas equivale a cruzar espejos.
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Publicado enSin categoría|Comentarios desactivados en Vila-Matas.Más que novelista, ser novela.
Fleur Jaeggy corrige mucho en su
mente: “Empiezo a escribir suprimiendo en mi cabeza el texto desde el primer
minuto. Comienzo ya quitando cosas. Quedan muchas eliminadas, muchas que ni
siquiera he escrito”.
A Fleur Jaeggy (Los hermosos años del castigo)
siempre hay que prestarle atención, no en vano es uno de los faros esenciales
de la Constelación Lispector, esa azarosa y casi secreta conjunción de autoras
de estilos únicos, ninguna de ellas parecida a la otra, pero todas cultivando
“nuevas formas de escribir sobre la vida real”.
Jaeggy, en su patio particular, domina su personal técnica
de la supresión y tiene casi la costumbre de dar giros imprevistos y radicales en
sus textos y de pronto llevarnos, por ejemplo, a que reparemos en un pobre
animal cautivo. Y domina también el arte de las réplicas ágiles. Escribía el
año pasado Laura Fernández en estas mismas páginas: “Las respuestas de Jaeggy
tienen las palabras contadas y cristalinamente esquivas”
En su reciente Oda y Encuentro en el Bronx (Ediciones
UDP, Chile), Jaeggy rememora una conversación con Oliver Sacks en Nueva York y,
lejos de entrar en muchos detalles sobre lo hablado, desvía enseguida su
discurso, de forma cristalinamente esquiva, hacia un pez atrapado para siempre
en la pecera del restaurante.
En giros imprevistos y radicales como éste, Jaeggy no tiene
parangón, como tampoco lo tiene su fraseo trasparente, sobrio, tan preciso que
difícilmente desearemos recuperar lo que su mente pudo tachar antes de ponerse
a escribir. Jaeggy es sintética, y punto. No hay que tocar nada de lo que
escribe. En cambio, no tengo la misma impresión en lo que publican amigas y
amigos que se encuentran entre mis autores vivos favoritos. En el último libro
de cada uno de ellos, he llegado a preguntarme qué palabras, qué frases, qué
ideas pudieron quedar tachadas, traspapeladas, o equivocadamente socavadas,
mientras se iba tejiendo la obra que finalmente publicaron.
¿En qué tropezaron y a qué renunciaron? Es cuestión bien susceptible
de debate. Aun sabiendo lo difícil que es conseguir que los escritores escriban
con franqueza sobre su propia obra y más en un mercado literario como el
actual, llevo un rato planteándome el envío de correos a aquellos colegas con
los que alguna vez hablé distendidamente sobre los fallos que se daban en
nuestros respectivos estilos.
Quizás porque añoro aquel distendido clima de confesiones,
no he podido contenerme y hace un momento, garantizándoles el anonimato, acabo
de escribir y enviar los correos a colegas admirados pidiéndoles que se atrevan
a juzgar a fondo su último libro y no me escamoteen detalles a la hora de
explicar los muy personales problemas que frenaron parte de la ambición que
depositaron en él.
Si cuando lleguen las respuestas compruebo que nos iría bien a todos el profundo conocimiento de las hasta ahora ocultas dificultades de escritura de los demás, no tardaré en hacerlas públicas. Garantizando el prometido anonimato, se discutirán en un Gran Debate, en unas jornadas que lo trastornarán todo. Una catarsis poética que nos urge.
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[Texto perfecto de
Julien Gracq encontrado en el blog La Calle del Orco / de Kim Nguyen Baraldi]
Hay un elemento esencial que corre siempre el riesgo de
faltarle a la crítica, y en particular a las monografías, muy voluminosas con
frecuencia, que dedica en nuestros días a esta o a aquella novela famosa: La
génesis de La señora Bovary, Las fuentes de Las amistades peligrosas,
etc. Ese elemento –del que sólo el escritor podría aportar información– lo
constituyen los fantasmas de libros sucesivos que la imaginación del autor
proyectaba continuamente en vanguardia de su pluma e iban cambiando, con esa
deformación inevitable que la tarea de escribir imprime a todos los capítulos,
de la misma forma que una carretera sinuosa proyecta ante el viajero, en el
marco de un paisaje de determinada naturaleza, una serie de perspectivas
diversas y, a veces, de lo más inesperado.
En todas y cada una de las revueltas del libro, otro libro,
posible e incluso probable con frecuencia, va a parar a la nada. Un libro
sensiblemente diferente no sólo en esa parte superficial que es la intriga,
sino en esa parte fundamental que es el registro, el timbre, la tonalidad. Y
esos libros, que van desapareciendo sobre la marcha, arrojados por millones al
limbo de la literatura –y por eso tendrían importancia para el crítico que
tenga empeño en explicarse a la perfección–, esos libros, que nacieron de la
escritura, cuentan hasta cierto punto, no han desaparecido por completo.
Durante páginas, durante capítulos enteros, fue una alucinación suya la que
tiró del escritor como por un camino de sirga, la que le exacerbó la sed y le
estimuló la energía; a su luz, a veces, se escribieron partes enteras de ese
libro. El rastro sinuoso del viaje del autor por el desierto de las páginas
blancas nada más puede explicarse si se tiene en cuenta no sólo el
escalonamiento de los pozos en que bebió, sino también los espejismos hacia los
que caminó tantas veces.
No podemos aquí exponer, sino la experiencia propia. Toda la primera parte de Los ojos del bosque se escribió con la perspectiva de una misa del gallo en Les Falizes, que tenía que ser un capítulo muy importante y habría dado al libro, al introducir en él esa tonalidad religiosa, un porte muy diferente. Y El mar de las Sirtes avanzando a golpe de cañón hasta el último capítulo hacia una batalla naval que nunca llegó a ocurrir.
Busquen, señores críticos, busquen más, tengan el empeño mallarmeano
de seguirles el rastro a esos libros vanos, abolidos, inanes, que movieron la
lanzadera mientras se iba tejiendo el libro real; sean los Dupin sutiles hasta
el infinito que habrán de explorar y balizar ese itinerario mental que
callejones sin salida inesperados jalonan de punta a cabo, que el influjo de
unos campos magnéticos, que se van descargando sobre la marcha, tuerce por
completo. Cuando hayan apurado, como saben hacerlo, el estudio del frágil
proyecto viajero del autor, háganle un sitio -un sitio muy grande- a los
incidentes del camino y ni tan siquiera los escritores les escatimaran la
coronación. Y dejen de especular en lo referido a la composición. Porque si
pasar de un ser vivo a su esqueleto tiene una razón de ser, para pasar del
esqueleto al ser vivo no hay la mínima razón.
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—La fuga y la desaparición han marcado su literatura. Sin
embargo, ¿existe algo más duradero y firme que su estilo?
—Pero es que el estilo no es un simple adorno, sino la
sustancia misma de mi obra. Por eso he hablado de que me dedico a escribir “la
biografía de mi estilo”, y no la biografía de mis aventuras.
—Fue nombrado paseante oficial de Basilea. ¿Es difícil
equiparar ese título, no cree?
—Hace años, una comisión presidida por Yvette Sánchez,
catedrática de la Universidad de St. Gallen, me nombró “paseante e inspector
oficial” de la Feria del libro de Basilea. Me prestaron una gabardina a lo
doctor Clouseau y me encomendaron que velara por la “ética literaria” de cada
una de las casetas, y, tras ser el terror de algunas, llevé a fondo la misión.
¿Qué significa el premio Zenda?
—Bueno, el Zenda de Honor tiene todas mis simpatías porque lo otorga una revista que, desde su creación –recuerdo que la fundaron Pérez Reverte, Javier Marías, Leandro Pérez, Mateo Díaz, José María Merino, Antonio Lucas– visito a menudo. Hay muy buenos colaboradores.
—Enrique Vila-Matas podría ser cualquiera de sus personajes.
¿Elige alguno? ¿Cuál es la voz que atraviesa sus libros? ¿La del narrador, la
del que se mueve, la del que
duda, la del que observa?
—A mí me parece que, con el tiempo, he ido deslizando la
ficción hacia un sitio en el que, sin renunciar a narrar, no pido al lector que
suspenda la credulidad, porque si existe una atracción por leerme seguramente
no viene, a estas alturas, de la historia que pueda contar, sino del
reencuentro con mi voz. Una voz con acento de ensayista, especuladora, y que
ligeramente varía en cada libro siempre de personalidad.
—El original y la réplica; la
ficción y la realidad; ¿hasta dónde se desplaza el juego literario y por qué?
—Por el afán de aventurarse, que es algo intrínseco a la
novela. Del mismo modo que un poema, sin riesgo, no es nada.
—Es usted la piedra primera y fundamental de la catedral
metaliteraria. ¿Cómo la
definiría para quienes la leemos
desde fuera?
—Pero es que yo no tengo nada que ver con todo eso. Es más, apoyé
hace más de dos décadas a Ricardo Piglia cuando explicó que la
«metaliteratura» como categoría teórica no existe realmente; más
bien, es un cliché que se usa para referirse a la literatura que reflexiona
sobre sí misma.
—Usted es leído y apreciado en toda Europa y toda
Iberoamérica. ¿Es usted el autor vivo más universal de la literatura española?
—Hacer arte no es como competir en las olimpiadas.
—¿Su mejor libro?
—Hay una tendencia a considerar la obra que te da a conocer
como tu mejor producción. Lou Reed estaba desesperado porque no soportaba Walk
on the Wild Side y la canción le seguía a todas partes. Y ahí tienes a
Godard, que ahora parece que sólo hubiera filmado Al final de la escapada.
A mí de mis libros me parece el último (Canon de cámara oscura) el mejor
de todos, aunque sólo sea porque aún me reconozco en él.
—Le pido, por favor una anécdota, un recuerdo, lo que quiera decirme de sus días en la rue Saint Benôit.
—Creo que fui a París a escribir mi primera novela, pero no
aprendí nada. Bueno, aprendí a escribir a máquina y ese
consejo que dio Raymond Queneau a Marguerite Duras y que ella me traspasó a mí:
“Usted escriba y no haga nada más». Y así me ha ido.
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Publicado enSin categoría|Comentarios desactivados en Preguntas de Karina Sainz Borgo a Enrique Vila-Matas
Un
escritor es un tipo que se quita los guantes, dobla la bufanda, menciona la
nieve, nombra la guerra, se frota las manos, mueve el cuello, cuelga el abrigo,
va más allá, y se atreve a todo. Si no se atreve a todo, no será jamás un
escritor.
Atreverse
a todo incluye saber que no se trata, por ejemplo, de luchar a fondo contra los
imbéciles digitales, porque imbéciles los hay en todos los ambientes, se trata
más bien de escuchar lo que éstos dicen y comprenderlos, sin duda para luego
crear un mundo donde los imbéciles no entren.
De
niño, cuando comencé a saber qué significaba construir algo por el solo placer
de construirlo, dibujaba casas, todas con chimeneas humeantes, que era mi modo
de expresar que el ambiente familiar era el adecuado y que estaba a gusto en
casa. La puerta principal y las ventanas indicaban el interés por relacionarme
con los demás. Y, aunque no podía saberlo, el camino que desde la puerta iba a
las afueras del dibujo, llevaba a la escritura. Y ésta a la libertad.
Cuando
en uno de mis relatos quisieron cambiarme el color de una chimenea que había
dibujado en mi infancia, me negué alegando que no pensaba renunciar a ser
absolutamente fiel a la visión que tenía de mi pasado personal. Esa negativa me
recuerda a la del heroico granjero que en el relato Yo y mi chimenea, de
Hermann Melville, se opone a que su familia remodele su casa y derribe la
inmensa y vieja chimenea. Se opone alegando que destruirían lo más esencial de
su finca, pues sin ese fuego, afirma, la casa perdería su espíritu.
En
apoyo de ese espíritu, quiero creer que estoy, que estamos aquí hoy.
El
viejo espíritu de la literatura. De la literatura sí. Nada que tenga demasiada
importancia, y quizás por eso precisamente tan interesante.
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Publicado enSin categoría|Comentarios desactivados en El discurso de minuto y medio [del premio Zenda]
Ese fenómeno se está dando ya en la literatura de nuestro país con una proliferación de autores, entre la veintena y la treintena, que con frescura, originalidad y riesgo han armado novelas que, sin renunciar a la calidad, han triunfado. Tres de ellas –Laura Chivite, Irene Pujadas y Lucía Solla Sobral– comparten el premio a mejor libro del año del suplemento cultural de este diario, La Lectura. Y, fuera de esa generación, desde hace décadas, esas han sido las líneas maestras de la escritura de Enrique Vila-Matas. «La autenticidad está en que haya una intimación entre quien escribe y el lector, un acontecimiento metafísico que nunca puede llegar a conocerse pero se da. Este es el problema de muchos escritores, que creen que es fácil que la conciencia propia conecte con otra y viceversa cuando no lo es. […] La búsqueda de un estilo es la búsqueda de uno mismo y de tratar de conectar. Que el camino de un escritor sea hablar de algo que la televisión ya ha explicado es muy triste y desvirtúa la literatura», afirma el escritor catalán, que plantea un escenario para el futuro: «Puede ser que se complique todo tanto que se olvide que existió la escritura a mano, pero un día en un texto escrito con IA alguien cree adivinar que ahí detrás hubo un humano. De esos de las que han oído hablar como ahora con los paleolíticos. Y eso sería un nuevo comienzo para la escritura. Eso lo descubrirá un buen lector porque esa conciencia humana es la que se descubre al leer a un escritor».
Quizás así empieza el Renacimiento 2.0.
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Publicado enSin categoría|Comentarios desactivados en https://www.todoliteratura.es/noticia/62021/el-ambigu-del-director/los-10-mejores-libros-de-2025-que-deberias-haber-leido.html
En Oviedo (librería Kafka & Co) presentación de ‘Canon de cuarto oscuro’. Nochebuena del 2025
Vidal Escabia, se aísla con 71 libros en un cuarto oscuro para elaborar, día a día, un canon «desplazado» y disidente de los oficiales. El procedimiento —extraer fragmentos al azar y hacerlos dialogar con la vida— convierte la lectura en un mecanismo narrativo, y la literatura en un sistema que desordena la identidad.
(José Carlos Llop, The Objective 27 Diciembre 2025)
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