Unas palabras sobre ‘Canon de cámara oscura’

Canon de cámara oscura crea en el lector una tensión sutil, pero persistente: ¿Está Vidal Escabia, el narrador, construyendo realmente su Canon literario personal e intempestivo, o hay otra inteligencia junto a él, trabajando en la oscuridad? 

Casa de Brooklyn en la que vivió Truman Capote (foto de V-M)

Quiero creer que, cada vez más, mi obra es un puente entre la lógica y el delirio, así como una invitación constante al lector a que se pierda por los vericuetos de una conciencia humana, ajena a él. ¿Acaso no es ésta una de las maravillas que ofrece la lectura de un buen libro: conectar con una conciencia que no es la nuestra?  

En Canon de cámara oscura, realidad y delirio, más que dos polos opuestos, funcionan como partes esenciales de una misma experiencia humana. No rechazo la lógica, sino que trato de transformarla y ampliarla. Y quizás por esto Canon de cámara oscura tiene algo de charada, cuya resolución no es única, sino ambigua, lo que puede provocar en el lector un estímulo intelectual y emocional. Es más, creo que propicia una experiencia de lectura activa, en la que el sentido se construye en la interacción con el texto. Porque el libro fusiona lo racional con lo intuitivo, y no renuncia a la estructura, ni a la lógica, pero permite que la intuición guíe al lector por caminos insospechados y que las sospechas crezcan en torno a si el narrador es un androide, un Denver-7 infiltrado entre la gente corriente de Barcelona, o si, por el contrario, utiliza el Canon para dar sentido a su vida ante el amor desorbitado que siente por su hija ausente.

Un amor único, extraordinario, por Ryo, la hija.

Y una visión del arte literario como transmisión, colaboración y modificación de ideas ajenas. Y una búsqueda de un sentido último de la escritura, al tiempo que se exploran temas como el doble o la ausencia infinita que dejan aquellos a los que amamos, “la misma ausencia que Eurídice le dejó a Orfeo y de la que muchos creen que nació la escritura”

En la novela un escritor barcelonés fracasado le encomienda a su secretario y discípulo, al narrador Vidal Escabia, seleccionar, de entre su inmensa biblioteca, 71 libros y guardarlos en un cuarto mal iluminado para ir creando un canon literario desplazado, intempestivo y ligeramente inactual. Un canon disidente que discrepa, que bordea la locura, que se mueve, oscuro, entre las sombras.

¿Hay otra inteligencia junto a Vidal Escabia, trabajando en la oscuridad?

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