![]() Jordi Llovet y Vila-Matas. On the Road. El 17 de enero de 2019 a las 7 de la tarde, en la Whitechapel Gallery, de Londres, Dominique Gonzalez-Foerster y Vila-Matas conversaron ante el público como si estuvieran en el café Bonaparte, de París, en lo que la organización tituló BIG IDEAS. Por la mañana, tuvo lugar una rueda de prensa en la que Vila-Matas habló de su trabajo como curator de la exposición Cabinet d´amateur. An Oblique Novel. La muestra la compusieron seis obras –exhibidas desde enero 2019 a abril 2019- y fue la primera de una serie de tres, siendo los sucesivos comisarios de las otras dos exposiciones Tom McCarthy (Satin Island) y Valeria Luiselli. Con las seis obras de An Oblique Novel se podía armar una novela que de algún modo podía evocar a un “gabinete de aficionado”, que podría ser un homenaje minimalista a Georges Perec en los cuarenta años de la publicación en 1979 de su libro Le Cabinet d´amateur. Las obras seleccionadas por Vila-Matas fueron I.G (una pintura de Gerhard Richter), Petite (una instalación de Dominique Gonzalez-Foerster), La lección respiratoria (un vídeo de Dora García), Milonga (una fotografía de Carlos Pazos), Thebas West (una fotografía de Andreas Gursky) y Une poignée de terre (una pintura de Miquel Barceló). Paralelamente a la exposición, la editorial Whitechapel, en su colección literaria, publicó el libro, Cabinet d´amateur. An Oblique Novel. Traducción al inglés de la gran Margaret Jull-Costa. “Tengo claro que la herencia de los Duchamp, Joyce, Beckett y compañía ha ido a parar, en gran parte, al mundo de las artes visuales. Por su flexibilidad, inquietud y amplitud de miras el marco artístico hace más posible que uno pueda trabajar mejor con esa parte más radical y fascinante de la literatura. Y es que el mundo editorial ha caído en gran parte prisionero de la lógica del mercado. El dinamismo y la capacidad de renovación de la literatura, los experimentos y aventuras más radicales parecen más fáciles de llevar a cabo en el mundo del arte. Creo que en esto no puedo coincidir más con Tom McCarthy, un autor que me parece un “avanzado”, si es que aún hay escritores avanzados” (Vila-Matas en declaraciones a Verónica Scott Esposito, en Tin House). |
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Noches insomnes
Entre ellos 
Junto a otros escritores como Saïd El Kadaoiu (autor de No) o Najat el Hachmi (ganadora del Premio Ramón Llull con L’últim patriarca), Mohamed El Morabet (Alhucemas, 1983) pertenece a un destacado grupo, hasta no hace tanto bastante insólito, de jóvenes escritores marroquíes que viven en España y han adoptado el español (o el catalán) como lengua literaria. (
El rumano Tristán Tzara, fundador de DADÁ, llega con retraso a Turquía de la mano de PORTATIF EDEBIYATIN KISALTIMIS TARIHI [HISTORIA ABREVIADA DE LA LITERATURA PORTÁTIL de 


añadiendo en la Autobiografía los 2 nuevos libros de V-M en 2019:
El foco o punto de mira sobre mi contemporaneidad yo lo pondría en mi modo de comentar la desaparición del sujeto en Occidente y también en mi forma de trabajar con la intertextualidad en mis libros. Al principio, no sabía por qué citaba tantas frases de otros, me excusaba hablando de Jean-Luc Godard y su manía de las citas. Después, encontré en Perec una explicación a todo: en 1965 mostró un cierto optimismo al decir que la literatura se encaminaba hacia un “arte de las citas”, lo cual, en su opinión, representaba un posible progreso (siempre y cuando en literatura pudiera hablarse de progreso), puesto que tomaba como punto de partida todo aquello que había representado un logro o un hallazgo para nuestros predecesores, pues no era cuestión de tirar por la borda, decía Perec, los grandes aciertos del pasado, nuestro patrimonio de clarividencias: había que saber apropiarse de todo aquello que pudiera parecernos conveniente del amplio repertorio disponible.

Aunque pasado, presente y futuro no existan en el pensamiento einsteiniano, confusamente nítido, muchos seres de un tiempo, en lo psicológico apenas galileico, dirigimos sobre nuestro pasado una mirada causalista, quizás retrógrada.
En París, a las siete de la tarde del próximo 13 de diciembre, en el Centro Pompidou –que estos días acoge, por cierto, una formidable retrospectiva del catalán Isaki Lacuesta–, los seguidores de Jean-Yves Jouannais celebrarán el décimo aniversario de las conferencias que viene dando mensualmente en torno a su infinita Enciclopedia de las Guerras.[
ENTREVISTA de
El lector de Enrique Vila-Matas está de suerte. Porque no solo se había publicado ya el pasado marzo
UNA NOVELA OBLICUA


La idea inicial de Historia abreviada de la literatura portátil creo que proviene de una exposición sobre machines célibataires (según la expresión de Duchamp) que vi en 1983 en el Grand Palais de París. Ya el mismo título de aquella muestra me intrigó mucho, no sabía que se podían montar exposiciones sobre máquinas solteras. Yo era ya por aquel entonces un admirador de la novela Locus Solus, de Roussel, y ver allí expuestas sus máquinas inventadas, me conmocionó. Y aún más verlas al lado de las máquinas de Kafka (la de la Colonia Penitenciaria, por ejemplo) o de Duchamp. Me gustaba, por otra parte, el concepto mismo de machine célibataire, con el que me identificaba plenamente. Al volver a Barcelona, escribí un artículo sobre máquinas célibes, un artículo disparatado que publiqué en La Vanguardia y que a la larga fue el origen de mi libro sobre la conjura shandy. Historia abreviada se publicó en 1985 en España y fue mal recibido allí, porque triunfaba en narrativa una corriente que ellos llamaban “anti-experimentalista”, una corriente contra “los excesos vanguardísticos de la década de los años 70”. Pero en México se escribieron sobre el libro 27 reseñas en menos de veinte días, y en Francia y en Italia encantó. Algo se había puesto en marcha. También en Suecia porque el libro originó la creación de Ankan (salieron dos números) que se autodenominaba “la primera revista shandy de Europa”. En fin, que empezaron a pasarme cosas. Un crítico argentino, por ejemplo, dijo que yo había escrito una “ficción radical”. Y yo no tenía ni idea de haber hecho algo así, sólo sabía que me dedicaba al arte de la ficción, pero eso de “radical” no sabía qué diablos quería decir. ¿Acaso Nabokov no había dicho que “la ficción es ficción”, una frase que me recordaba a Oscar Wilde en Salomé: “La luna es la luna, y basta”?

CARLOS FONSECA: (…) Temí por todos los que se aventuraban hasta aquel extraño museo buscando repetir los pasos de Walser. Tal vez para tranquilizar los nervios, tal vez para disipar la imagen de aquel fatídico destino, me acerqué a la serie de cuadros que el joven pintaba. Se trataba de fascinante cuadros en los cuales en los que a base de repetición el pintor lograba un extraño efecto de encantamiento. Una suerte de escritura automática, repetitiva, parecía repetirse a través del cuadro hasta degenerar en una serie de trazos elásticos que terminaban convirtiéndose en dibujos que en algo me recordaron a los doodles que solía esbozar en el colegio en momentos de distracción (
Ítalo Calvino admiraba en Borges, maestro de la escritura breve, la forma que éste tenía de realizar sus aperturas hacia el infinito. Digo esto porque con el tiempo he aprendido a valorar tanto la “multiplicidad” en literatura (la de Carlo Emilio Gadda, por ejemplo, que se dedicó a representar el mundo, sin atenuar jamás su enredada complejidad) como la “levedad”. A esas dos propuestas de Calvino “para el próximo milenio” las veía como antagónicas, pero hoy en día las admiro por igual, quizás porque entiendo mejor la complejidad y también que ésta exige la presencia simultánea de los elementos más heterogéneos (