JUANJO ALBACETE en Libertad Digital: «ESTA BRUMA INSENSATA, una de las más complejas y radicales novelas de Vila-Matas»
(19 mayo 2019)
Nada menos inocente que los títulos de las novelas de Vila-Matas, autor que cuida hasta el menor detalle de sus libros y que no deja al azar más que la incertidumbre del lector, obligado a navegar sin brújula por unos textos que, a la vez que llevan la marca de aguas genuina y bien discernible de su estilo inconfundible, nos abocan una y otra vez a inesperados y difíciles retos. En el caso de “Esta bruma insensata”, el reto es múltiple y la dificultad se acrecienta, porque el autor se desdobla y baila en el espacio incierto de una dualidad en la que su narrador se confronta con el espejo más complicado: el de su propio hermano.
Podría cometerse el disparate de hablar de una novela freudiana, de que Vila-Matas al fin se psicoanaliza, de que asistimos a un combate esperado entre sus dos yos, que con gran espíritu de contradicción pueblan casi todos sus libros. Pero no, el libro no va de eso, no va de psicología, ni de temperamento, ni de caracteres, sino… de literatura… y de los conflictos que ella desata, mientras vive (como el protagonista de la novela) al borde de un precipicio, en una casa ruinosa que se tambalea… y en la que ya no se puede vivir.
La literatura, como el mundo, discurren al borde de ese precipicio… perdiendo poco a poco conexión con esa realidad que se difumina, cuyos contornos se desdibujan en la niebla, y que ya solo brilla en su aparatoso (fatuo y falso) reflejo virtual.
En esa realidad insensatamente brumosa, Vila-Matas escenifica un drama tan apasionadamente literario que podría abrumar al lector. Pero, para evitar precisamente eso, el escritor barcelonés tiene la habilidad de hacer discurrir la novela en un momento bien reconocible: los tres días de octubre de 2017 que estremecieron Cataluña (y España) con la proclamación/no proclamación de la brumosa República catalana y la consiguiente confrontación de los nacionalismos. Este aparatoso conflicto, que ha producido hasta hoy más ruido que nueces, es el escenario tenso y absurdo que sirve como telón de fondo sobre el que se plantea el duelo al que aboca el reencuentro de los hermanos Schneider, dos catalanes de apellido alemán, que encarnan dos ideas y dos praxis de la literatura… y del fin de la literatura. Porque más allá de estos dos modelos antagónicos, lo que sobrevuela en todo el libro es otro conflicto mayor, la tensión entre la fe en la escritura y el rechazo incondicional de esta, amén de otros temas adyacentes, como la visibilidad y la invisibilidad del autor, el éxito y el fracaso, la incertidumbre entre continuar la escritura o abandonarla para siempre.
Simon Schneider, el hermano mayor y narrador del relato, es un escritor fracasado, que publicó en un pasado remoto una novela que no tuvo el menor eco, y que desde hace muchos años desempeña el trabajo de proporcionar citas literarias por encargo a un autor de éxito que se hace llamar el Gran Bros y que vive oculto en Nueva York casi dos décadas, sin que nadie haya llegado a desentrañar su identidad. Pero este Gran Bros, como muy bien sabe Simon, no es otro que su hermano Rainer Schneider, que llevó una vida de escritor mediocre en Barcelona hasta que, tras su huida a la gran manzana y la publicación de sus cinco “novelas veloces”, se ha convertido en un escritor famoso, un superventas, avalado por la crítica más sesuda.
Simon vive esta realidad entre el asombro, la perplejidad… y la secreta convicción de que el éxito de su hermano se debe sobre todo a él, a su trabajo, no solo como “hokusai” (proporcionador de citas), sino también merced a las “crípticas” indicaciones que le ha estado enviando en los correos y que, a su parecer, han influido decisivamente en la mejoría de sus novelas.
La novela comienza con uno de esos momentos “exclusivamente vila-matianos”, y que marcan la singularidad de su narrativa: Simon se ve de pronto obstruido e incapaz de culminar una cita. Angustiado por la situación, abandona la casa al borde de un precipicio que ha heredado de su padre y emprende un errático paseo hacia la población de Cadaqués, mientras en el ambiente flota el enigma de “una Cataluña al borde del abismo”. El “paseo walseriano” de Simon es una viaje más interno que externo: un viaje a sus pesadillas, a sus obsesiones, a sus dudas, a sus elucubraciones, tan errático como su caminar. La mente brumosa de Simon va de acá para allá, pero en esos vaivenes va construyendo, casi sin querer, el catálogo de reproches y divergencias que le enfrentan a su hermano oculto y que dibujan, al final, dos ideas del quehacer literario, que el lector va capturando paso a paso, al ritmo de las digresiones que asaltan la mente del narrador.
El paseo reflexivo de Simon (que consume más de un tercio del libro, 130 de las 309 páginas) funciona como un adecuado y complejo prólogo de lo que se prepara en la parte final de la novela: el encuentro (que no llega a ser un duelo de western, pero casi) entre los dos hermanos y sus dos ideas y dos horizontes de lo literario en el marco de Barcelona, “la gran ciudad neurasténica, admiración de tantos forasteros”.
“Esta bruma insensata” es seguramente una de las más complejas novelas de Vila-Matas, una de las más metaliterarias y una de las más radicales, pues toda ella camina sobre un inestable alambre colgado sobre el vacío en el que el funambulista se cuestiona si seguir o no seguir, si persistir en la fe y seguir caminando, o saltar al abismo.
Simon, el hombre que conoce el fracaso, que ha recopilado todas las citas (y sabe que nada es original) y que sobrevive en precario (como un Vicent Van Gogh de la literatura), es el “héroe” vila-matiano por excelencia, pues justo en su inadecuación total para el éxito y la fama encuentra la secreta razón para continuar, mientras su famoso hermano se aboca al abandono y la renuncia.
Novela adictiva para los lectores habituales del escritor, no resultará fácil de digerir para otro tipo de públicos, a pesar de que el libro está plagado de guiños e imágenes seductoras, situaciones cómicas y hasta hilarantes, giros surrealistas y, como siempre, una mirada honda y descarnada sobre la realidad. Una lectura literaria para paladares exigentes.
GABRIEL RUIZ ORTEGA. Dueño Vila-Matas de una obra radioactiva y reconocida mundialmente, se mantiene en la cresta de la ola con su última novela. Y conversa sobre ella en exclusiva con CARETAS.
Nacemos, y la insistencia ya está ahí. Es algo que, por ejemplo, el cine constató desde el momento mismo de ser inventado: a los Lumière no les convenció su primera versión de Salida de los obreros de la fábrica y, conscientes de que en aquel nuevo arte repetir sería ineludible, rodaron dos veces más la misma secuencia, perfeccionándola.
El que no sabe qué hacer con su vida mientras vive necesita una de sus manos para desviar un poco la desesperación por su destino -esto ocurre de un modo muy imperfecto-, pero con la otra mano puede tomar nota de lo que ve por debajo de las ruinas, porque ve cosas diferentes y en más abundancia que los otros; es sin duda, un muerto en vida, y a la vez el único superviviente, lo cual no presupone que no necesite las dos manos, y más, si las tuviera, para luchar contra la desesperación.
Contó una vez Homero Alsina Thevenet que en una de sus muchas caminatas por Corrientes, entre el Obelisco y Callao, ida y vuelta, con paso lento y las manos enlazadas en la espalda, Onetti llegó a decirle tras un silencio: “Lo que tiene de bueno estar en Buenos Aires es que uno no tiene que saludar a nadie, nadie lo saluda a uno, nadie lo molesta”. Y tras otro silencio, agregó: “Ahora, lo que tiene de malo estar en Buenos Aires es que uno no tiene que saludar a nadie, nadie lo saluda a uno, nadie lo molesta”


Antonio Lucas escribe en LA ESCRITURA DE ESCRIBIR LA ESCRITURA acerca de ‘Esta bruma insensata’ [El Mundo. 28/04/2019]:
«Para acabar con esa discusión sobre la realidad: el descubrimiento de documentos autenticos prueba que Tácito mintió en todo, de cabo a rabo. ¿Qué daño le hace esto a la gloria y al estilo de Tácito? Ninguno. El resultado es que, en vez de una verdad, tenemos dos: la de la Historia y la de Tácito» FLAUBERT (carta de 2 de febrero de 1880)
Mac´s Problem (Mac y su contratiempo) reseñado por Michael Orthofer en The Complete Review. 21 April 2019. /// It might not be everyone’s idea of reading-fun, but for those who enjoy Vila-Matas’ literature-steeped and multi-referential form-adjusting story-telling, Mac’s Problem is yet
A todo esto, tercia hoy Joan de Sagarra en La Vanguardia: «Permítanme que les recomiende un título: ‘ESTA BRUMA INSENSATA’, de Enrique Vila-Matas (Seix Barral), la novela más audaz para el lector más inteligente.»
Puede también relacionarse ESTA BRUMA INSENSATA con un aforismo benjaminiano (en Breves Sombras II): “Señal secreta. Pasa de boca en boca una palabra de Schuler según la cual todo conocimiento debe contener un gramo de insensatez, al igual que las alfombras o los frescos ornamentales de la Antigüedad siempre presentaban en algún sitio una ligera irregularidad en su diseño. Dicho de otra manera, lo decisivo no es la progresión de conocimiento en conocimiento, sino la brecha dentro de cada uno. Una imperceptible marca de autenticidad que la distingue de toda mercancía fabricada en serie.”
…De la subsistencia de la literatura en tiempos hostiles, de la persistencia en ella o el desistimiento, del sentido de perseverar o dejarlo, de la tentación de la fuga y el anonimato, de la originalidad como fetiche o espejismo, del eco intertextual en forma de reescritura … [Rodénas de Moya,
Giacometti convive estos días con su admirado Velázquez en la galería central del Prado, pero los de siempre siguen creyendo que el arte contemporáneo es asunto de zombis y frikis y de pirámides de ladrillos levantadas por seres inútiles. Da igual. Eso no quita que Giacometti siga ahí en la galería central, cargando tras de sí con una ya larga y fascinante experiencia en diálogos con otros artistas. Sin ir más lejos, hará sólo unos meses su obra dialogaba en la Fundación Beyeler…
¿Es por tanto la Dicha un Abismo
Una hoja del bloc de trabajo de ‘París no se acaba nunca’. (fecha del cuaderno: Barcelona 2002)
(Jordi Nopca, para ARA. Traducción: Sara Bengay) La complicidad entre Enrique Vila-Matas y Gonçalo Tavares comenzó, primero, cuando se leyeron mutuamente -ambos elogian la obra del otro- y, en segundo lugar, en un congreso en la ciudad brasileña de Parati. «Participamos en una mesa redonda, y después observé que Enrique era tan tímido como yo -explicó Tavares-. Estaba sentado largo rato en silencio y cuando se levantaba para irse le decían que se volviera a sentar: «Sente-se'». Cada vez que le decían esto, Vila-Matas entendía «Síntesis», y fue con esta palabra con la que que bautizó a Tavares en el prólogo de El reino (Seix Barral).»Le digo señor Síntesis porque, al igual que las sustancias se concentran, también lo hacen las ideas, y Tavares es un maestro a la hora de sintetizar -admitió, sonriendo-. El reino se fija en la trastienda de nuestros cerebros, cargada de irracionalidades e instintos asesinos. Tavares tiene otro recopilación de novelas, El barrio, que funciona como contrapunto a esta oscuridad: «Es una zona amigable, un alegre Chiado literario. Es en este barrio donde imagino a Tavares asistiendo a una de esas inauguraciones a las que tambien va el señor Kraus que lo satiriza todo: «El buen político llega tarde incluso a la inauguración de un reloj» «.
Se inauguró Kosmópolis con una entrevista al sociólogo Richard Sennett , seguida del encuentro entre las literaturas de Gonçalo M. Tavares y Enrique Vila-Matas. Siguió la excepcional intervención musical de Jocelyn Pook Ensemble.
Recuerdo que para Arthur Koestler el cerebro humano constaba de una pequeña parte, ética y racional (todavía muy pequeña) y una enorme trastienda cerebral, bestial, animal, territorial, cargada de miedos, de irracionalidades, de instintos asesinos. Harían falta millones de años, dijo, para que la evolución moral acabara con la brutal trastienda. El Reino, la serie de cuatro “novelas negras” de Gonçalo M. Tavares, se centra en los laberintos de esa trastienda.
“Galgo: correr como un galgo”. “Literatura: ocupación de vagos”. “Dinero: no da la felicidad”. “Claroscuro: No se sabe qué es”
