SOBRE CONTENIDOS POLÍTICOS [Café Perec]

sobre contenidosUno se convierte en escritor comprometido y se hace con un lugar sólido en el mundo, y hasta puede que llegue a verse mejor a sí mismo: honesto, solidario, conectado con la realidad, adscrito a una célula de escribientes honrados, mientras que lo que no actúan como ellos y adoptan posiciones más abiertas, van a notar enseguida el frío descomunal que hay afuera. Aun así, hay quienes optan por la Gran Nevada y es como si quisieran demostrarles a los colegas que la idea de compromiso es más dúctil y amplia de lo que parece y adopta las más variadas formas y alguna de éstas va más allá de las que proponen ellos. Se aplaude al escribiente que milita en las filas piadosas y se olvida que en ocasiones las posiciones políticas se usan para hacer marketing y hay quienes hacen marketing de la buena conciencia política. (sigue leyendo)

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«L´OMBRE DE VILA-MATAS». Les machines célibataires Collection Morel.

Pierre Bastien-paper orchestra.

Pierre Bastien-paper orchestra.

NANTES. LE LIEU UNIQUE. Du 19 février au 13 mars 2016
exposition- entrée libre Une proposition de Marie-Pierre Bonniol avec des oeuvres de Michel Carrouges & Jean-Louis Couturier, Marcel Duchamp, Pierre Bastien, Glen Baxter, K.P. Brehmer ; les figures de Raymond Roussel, Francis Picabia, Norah Borges ; l’ombre d’Enrique Vila-Matas et la participation d’Eduardo Berti.

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“Dr. Vila-Matas, I presume?” por Christopher Domínguez Michael

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«Hoy quisiera ver en Vila-Matas un símbolo de la universalidad de Barcelona, una garantía del cosmopolitismo hoy vacilante de aquella ciudad que es, como Enrique mismo, tan paradójicamente latina y americana»

LETRAS LIBRES. ENERO 2016. La FIL tuvo el acierto de reconocer en diciembre pasado la obra lúdica y antisolemne de Enrique Vila-Matas. Esta laudatio, a cargo de uno de sus lectores más experimentados, corrobora que la suya es una literatura que celebra a la literatura.

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HANDKE ANTE LA GRAN CHÁCHARA [Café Perec]

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 Escribe Kafka en la primera página de sus diarios: “¿Seguía estando el bosque allí? Seguía estando en buena parte. Pero apenas mi mirada se alejaba diez pasos, yo desistía; atrapado otra vez por la aburrida conversación”.
En el mundo de hoy, la “aburrida conversación” que atrapa y nos impide alejarnos de la dictadura de la actualidad es el ruido del gran bombo mediático, la gran cháchara de la que parece difícil escapar. (sigue leyendo)

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La habitación de una sola llave.

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CENTRE POMPIDOU: «Cette chambre, LA 19, seul Enrique Vila-Matas en a la clef, sans lui : elle demeure fermée». [De esta habitación, la 19, sólo Enrique Vila-Matas tiene la llave. Sin él, la puerta se mantiene cerrada]  Retrospectiva de Dominique Gonzalez-Foerster en el Pompidou de París. Hasta el 31 de enero.

Artiste majeure de la scène française et internationale, Dominique Gonzalez-Foerster nourrit son oeuvre d’une mémoire vivante du cinéma, de la littérature et des structures ouvertes de l’architecture et de la musique.

DGF : Depuis 2007, Enrique Vila-Matas et moi avons commencé une conversation très fertile. Nous nous rencontrons régulièrement pour échanger des indices et nous influencer sans manifeste ni méthode. Il y aura dans l’exposition une « chambre » dont seul Enrique aura la clé et qui restera un mystère pour les autres spectateurs. Dans l’espace 77, où flotte le fantôme du Grand verre (NDLR : l’oeuvre manifeste de Marcel Duchamp), il y a une vitrine pour laquelle Philippe Parreno crée une composition sonore, musicale ou proche de la voix que l’on entend dans sa tête lorsque l’on pense. Couleurs et paysages croisent textes et personnages, comme dans une nouvelle forme d’opéra sans entracte ni fosse d’orchestre.

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DOMINIO DE LA PARTE INVENTADA [Café Perec]

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Lo acaban de editar, pero al verlo el otro día creí que era un libro de cabecera que había estado ahí siempre. No te conozcas a ti mismo, de Moisés Mori, lo componen tres ensayos independientes sobre Nerval, Schwob y Raymond Roussel, y ya en el mismo subtítulo se detecta una música familiar en cuanto caen, en grave letanía, los nombres de estos tres creadores de ficción. Un aire de rara belleza, cómica y trágica a la vez, parece unirlos. Roussel, por ejemplo, decía sangrar en cada frase que escribía de Locus Solus. En cuanto a Nerval, se ahorcó en un callejón y, horas después, el sombrero permanecía firme en su oscilante cabeza. (sigue leyendo)

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EL FUTURO

(Discurso de recepción del premio Rulfo en Guadalajara, México, 28 de noviembre 2015)

(Discurso de recepción del premio Rulfo en Guadalajara, México, 28 de noviembre 2015)

He venido a hablarles del futuro. Supongo que del futuro de la novela, aunque quizás sólo del futuro de este discurso. Voy a contarles cómo durante años imaginé que se presentaba el futuro. Sitúense en 1948, el año en que nací, en la tarde de agosto en la que un disco extraño y casi silencioso comenzó a sonar en las emisoras de música de Maryland, y pronto se fue extendiendo por la Costa Este, dejando una estela de perplejidad en sus casuales oyentes. ¿Qué era aquello? (sigue leyendo)

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VILA-MATAS Y BARCELONA

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Jordi Nopca entrevistó a Vila-Matas para un reportaje sobre «Escribir en Barcelona» de la revista F (que edita Foment del Treball). Aquí la entrevista completa.

¿Recuerdas cuál fue la primera aparición de Barcelona en tu literatura? ¿Fue una referencia topográfica o literaria?

A mí se me relaciona con la literatura y no con Barcelona. Y es lógico porque escribo ficción desde un espacio que suelen ocupar, más bien, los ensayistas, desde un lugar en el que se me ve a mí tramando, pensando o escribiendo bajo el avatar de un narrador. Ese narrador siempre está en Barcelona, que es donde he escrito el noventa y cinco de toda mi producción literaria. Pero lo que se cuenta puede estar sucediendo en cualquier lugar, porque sucede en mi mente, y por tanto puede suceder incluso en Barcelona.

¿Podrías citar dos pasajes de tu obra –sea de ficción o no– en los que algún espacio barcelonés aparezca más o menos explícitamente y contarme qué te llevó a escribir sobre él?

Hay muchos. Pero el primero que me viene a la memoria es el que aparece en el relato La hora de los cansados, perteneciente a mi libro Suicidios ejemplares. Está basado en un hecho real. Basado en un hombre viejísimo (con un maletín) al que vi hace treinta años  a las siete de la mañana, salir disparado del metro del Liceo, dirigirse al teatro para ver qué habían programado y luego, a una gran velocidad (lo que hacía difícil seguirle) caminar con el maletín por calles intricadas hasta la Catedral. Allí entró por la puerta de la sacristía y desapareció, dejándonos muy cansados a mí y a unos amigos que me acompañaron en la persecución. Cuando, después de la larga noche en blanco y de la ardua persecución, nos retiramos a dormir a casa, imaginamos que en unos instantes iba a estallar una bomba en la catedral. Aquel viejo andarín tan veloz parecía salido de ultratumba: un viejo anarquista que había vuelto… Todo eso desencadenó un cuento.
El segundo pasaje que me viene a la memoria es la escena de Hamlet, representada en la Mas Bernat, bajo la batuta de la librera Montse Serrano, el duende del lugar. En su librería transcurre gran parte de la novela Aire de Dylan. Escribo actualmente cerca de ahí, en el mismo inmueble en el que José Mallorquí, escribió la serie de El Coyote, los best-sellers de la postguerra, esas novelas populares (pulp en su homólogas en inglés) que llegaron a ser lo más vendido de su época.

En ‘Kassel no invita a la lógica’ el personaje principal se toma su marcha de Barcelona para instalarse unos días en Kassel como una huída de la ciudad (como ya pasaba años atrás en otra de tus novelas, ‘El viaje vertical’, aunque por motivos diferentes). ¿Es Barcelona una ciudad menos interesante actualmente que hace unos años, para un escritor? ¿Por qué?

Para un escritor todo es interesante. En lo de querer irme, es verdad que siempre he querido marcharme de Barcelona. Me encuentro menos solo y más cómodo y comprendido en París, en Nueva York, en México DF y en Buenos Aires, por hablar sólo de cuatro lugares donde esto es evidente. Pero me quedo, pues la mejor forma de irse es quedarse. Es como las moscas. ¿Dónde están más seguras? En el matamoscas.

¿Cómo crees que aparece reflejada Barcelona en tu literatura en los años 80 y cómo aparece ahora?

No creo que muy diferentes, porque yo soy el mismo. Otra cosa es que haya cambiado la ciudad, y eso es indiscutible. Ya señalaba Baudelaire que la modernidad es sobrevivir a la ciudad de tu infancia. En la actualidad, sigo como siempre estando alerta, procurando escapar siempre de las redes de la lengua, la patria y la religión. Me gusta más lo que viene del futuro –una novela como 2666, de Roberto Bolaño, por ejemplo- que lo que viene del pasado, como sería la resistencia en 1966 de Sant Magí de Sotaigues ante la entrada de pornografía extranjera.

Quizá me equivoque, pero diría que en Barcelona has vivido como mínimo en Passeig de Sant Joan, Travessera de Dalt (barrio de la Salut) y ahora cerca de la calle Buenos Aires. ¿Cómo aparecen reflejados estos tres espacios en tu obra y los barrios donde están ubicados?

Apenas me he alejado del Paseo de Sant Joan y del barrio de la Salut, aunque todo el mundo sabe que he viajado mucho. Cuentan que, una vez, Kafka estaba mirando desde una ventana hacia la plaza principal de su ciudad y comentó a un amigo: “Allí estaba mi colegio, en aquel edificio que mira hacia nosotros está la Universidad y más allá hacia la izquierda mi oficina –dibujó un círculo con el dedo y agregó–: ahí se encierra toda mi vida”. En mi modesto caso, podría hablarse del círculo del barrio de la Salut como lugar en el que se encierra mi vida. Ahora bien, si usted me viera en Nueva York y, no me conociera, no llegaría ni a imaginar que yo podría ser barcelonés. Con esto quiero decir que no hay nada en mí que diga que soy de aquí. Ni de allí, claro.

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Leer a modo de nota a pie de página:

Repetition Kurt Baasch 1912

Perec y Vila-Matas: tentativas de agotar una ciudad

por Laeticia Rovecchio

 

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Calvino, treinta años después. [Café Perec]

I.Calvino

A lo largo de la última semana, mientras releía a Cesare Pavese, autor que intuyo medio olvidado, no podía dejar de acordarme de sus palabras sobre la lectura y la soledad: “Incluso un libro en chino está hecho para ti. Se trata siempre de aprender las palabras de un hombre. Todos los libros que valen están escritos en chino, y no siempre hay un traductor. Llega el momento en que estás solo ante la página, así como estaba solo el que la escribió” (el artículo completo)

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HAIKÚS PARA VILNEWS [por Eduardo Lago]

Dominique Gonzalez-Foerster, que le dio a Enrique la llave secreta de una puerta secreta que da a una habitación secreta...

Dominique Gonzalez-Foerster, que le dio a Enrique la llave secreta de una puerta secreta que da a una habitación secreta…

A Por el Abismo, jardín tragaaviones de la literatura. Por la Aventura, sentido último de la escritura. Por Paul Auster leyendo a Vila-Matas en su jardín de Brooklyn. Por Adonis que escribió que a los muertos hay que sepultarlos en el lenguaje.

B Por Borges, que está en la raíz de casi todo. Por Thomas Bernhard. Por Blanchot, que se comportaba como si estuviera muerto y decía que sus libros eran póstumos. Por Bouvard y por Bartleby. Por Bolaño y por el Barça pero sobre todo por el Barça. Por Bartleby y por Beckett, pero sobre todo por Beckett. Por Beckett y por Buster (Keaton), pero sobre todo por Buster (Keaton). Por Buster Keaton y por Chet Baker, pero sobre todo por Chet Baker.

C Por Sophie Calle siguiendo los pasos de Enrique.

D Por Duchamp. Por Dylan. Por Dominique Gonzalez-Foerster que le dio a Enrique la llave secreta de una puerta secreta que da a una habitación secreta detrás de la que hay otra puerta y otra habitación secretas, en el Pompidou. Por el arte de la desaparición, que es la esencia de la literatura. Por Dublín. Por Marguerite Duras.

E Por el éxito, que en palabras de Kertész, se consiga o no el camino que lleva a él es igual de ignominioso.

F Por Finnegans Wake y su estela inacabable.

G Por el cementerio de Glasnevin, junto al que se encuentra el pub de los enterradores, punto de encuentro de la Orden del Finnegans. Por Gombrowicz. Por Gregor Von Rezzori brindando con Gregor Samsa. Por Grand Central, en cuyas escalinatas Elizabeth Smart por fin pudo llorar.

H Por Hölderlin. Por el loco de Herisau, que escribió su último micrograma derramando su sangre en la nieve. Por Hemingway y las hordas de avatares que ocupan las páginas iniciales de París no se acaba nunca.

I Por los infraleves. Por Impostura. Por La asesina ilustrada.

J Por James Joyce, maestro de Beckett.

K Por Kafka, por Kassel, por Kertész.

L Por la lucidez de Lichtenberg. Por la literatura, que es a lo que se dedicó Pasavento cuando, harto de intentar desaparecer sin conseguirlo, no sabía muy bien qué hacer.

M Por Michel de Montaigne. Por la muerte de la metaliteratura. Por el mal de Montano. Por Marienbad. Por México, donde Vila-Matas logrará por fin desaparecer, como lo hicieron en su día Arthur Cravan y Ambrose Bierce.

N Por la literatura del No. Por Nueva York, que siguió siendo un relato soñado después de que Enrique la visitara, comprobando con asombro que existía.

Ñ Por las corbatas de ñandutí, tejido de textura similar a la telaraña, prenda de luto que los shandys están obligados a lucir cuando se les inflige un premio literario.

O Por Oblomov. Por los Odradeks. Por la Orden del Finnegans, que tras ocho años durante los cuales sus miembros se expulsaron unos a otros sin piedad, lograron por fin desaparecer.

P Por Pitol. Por Perec. Por Pynchon. Por Pessoa. Por París. Por Pécuchet. Por la literatura portátil. Por Philippe Petit equilibrista del fin del mundo que se paseó por el abismo que mediaba entre las Torres Gemelas de Manhattan. Para Paula de Parma.

Q Por Ednodio Quintero, que durante un viaje por México en el Tequila Exprés, le salvó la vida a Enrique, quien entre trago y trago, creyendo estar haciendo amigos, contaba «chistes de mexicanos» a un corro creciente de pasajeros, sin darse cuenta de que cada vez estaban más cabreados y lo iban a matar.

R Por Ramón (Gómez de la Serna). Por Rimbaud. Por Raymond Roussel royendo los huesos del realismo. Por Alejandro Rossi, que encontró la forma de su muerte en Mexico.

S Por Marcel Schwob. Por Sebald flotando en los anillos de Saturno. Por el silencio de Salinger.

T Por Tristram Shandy, que es la tercera parte del Quijote. Por Thomas el oscuro, la extraña novela de Maurice Blanchot.

U Por Ubu, rey de la vanguardia patafísica y anartista.

V Por la vanguardia, cuya esencia es estar siempre en vilo. Por el vilo de los viajes verticales. Por Vilnius y su ayudante. Por Veracruz en su lejanía. Por Valéry. Por la Verdad, que en el fondo es lo único que busca alcanzar Enrique al escribir.

W Por el cementerio de Woodland, en el Bronx, donde Jeremías Jiménez, policía de cementerios, nos mostró la tumba de Moby Dick. Por Robert Walser, príncipe discreto de la estirpe angélica de los escritores.

X Por los xoloxcuincles de Xalapa, los xoconostles de Xochimilco y los xilófonos de Xicoténcatl.

Y Por la literatura del yoyó también conocida como autoficción autoficción.

Z Por Zinedine Zidane arbitrando un partido entre Zambia y Zanzíbar en Zimbawe ante un público de zulús zurdos bajo la mirada atenta de un tal Enrique Vila-Matas, zapatero de Zacatecas, que nada tiene que ver con el escritor.

* (Texto leído en la reunión de “amigos de Vila-Matas” que tuvo lugar el 29 de noviembre 2015 en el marco de la entrega del premio Rulfo en la 29 edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Cristina Fernández Cubas, Guadalupe Nettel, Eduardo Lago, Juan Antonio Masoliver e Ignacio Vidal-Folch, moderados por Josep Massot, compartieron recuerdos, anécdotas y vivencias de su relación con Vila-Matas.)

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No es Coetzee tan lacónico [Café Perec]

????????????????Vitalidad cultural de América. A diferencia del gélido escepticismo europeo, el respeto y el interés por el arte de la literatura alcanza en Argentina cotas que superan incluso el entusiasmo y fe en la lectura que hemos advertido cuantos nos acercamos estos días a la feria internacional del libro de Guadalajara. [lea el artículo entero]

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EL CRÍTICO LITERARIO [por Julio Trujillo]

Christopher Dominguez Michael.

Christopher Dominguez Michael.

Estaba yo escuchando y no escuchando los discursos de inauguración de la FIL Guadalajara. Al fin sólo son tres horas, me dije sin humor mientras, ñoñamente, procuraba perderme en la fresquísima memoria de algo leído: el célebre viaje de Darwin en el Beagle, que duró cinco años, en el que estuvo muuuy mareado pero que cambió su vida, y la nuestra, pues ahí se gestó su teoría de la selección natural. Frente a mí, pero en el fondo de mi mente, un presidium con diecinueve hombres y dos mujeres se saludaba a sí mismo y decía, por turnos, que la lectura es la mejor arma contra la barbarie. El tópico del año pasado fue Ayotzinapa. Es un momento-pecera, un ritual en el que la industria editorial mexicana se reconcentra y saluda. Muy soportable, a veces incluso memorable, pero Darwin estaba observando unas salientes rocosas, en las Galápagos, y preguntándose famosamente si las iguanas que las coronaban eran totalmente nuevas o totalmente viejas. Entonces se anunció que Christopher Domínguez haría el elogio de Enrique Vila-Matas, premio FIL. “Buenas tardes”, fue su lacónico saludo al presidium y a nosotros, y de golpe tuvo mi atención y gratitud. Con ese “buenas tardes” el crítico literario, el lector libérrimo, se pronunciaba frente a los obligados protocolos de los demás. Christopher no es particularmente carismático, ni histriónico, pero lo mueven los hilos mucho más seductores de la inteligencia y la fruición lectora. Su encomio a la obra de Vila-Matas delató una complicidad receptiva que admiré y envidié, y es probable que el crítico no se diera cuenta de que sus palabras perfilaban, más que a un autor premiado, a un lector. Éramos quinientas o mil personas, no sé, pero callamos, Darwin se había perdido en algún lugar de Valparaíso, y la apenas insinuada sonrisa de Vila-Matas era de pura satisfacción, como si bastara con ese sólo lector de lujo, de entre los miles que tiene, para que su escritura valiera la pena y encontrara una salida a los callejones en los que opta por arrinconarse. La conversación, en la mesa de los protocolos, subió instantáneamente de nivel, y escuchar a Christopher era una forma de leer y entender, y de querer decir o querer leer, pues la buena conversación siempre es estimulante. Se escribe idealmente, supongo, para una mente así, furiosamente aguda y no pasiva, capaz de incluso devolverle al autor nuevas revelaciones sobre su propia obra. Los poetas solemos presumir, falsamente, nuestra marginalidad, pero es el crítico literario quien de veras trabaja en la sombra sin apenas recompensa. Hay una muda y casi secreta gratitud, al menos de mi parte, por esa geología de la lectura, pues el crítico es un poco como Darwin, que desaparecía semanas enteras recolectando insectos porque algo estaba intuyendo, algo importante, panorámico y crucial que sólo él podía cuadrar. Algo emocionante, como reconocer que desde Gómez de la Serna nadie ha jugado tan seriamente a escribir como Vila-Matas, apostándolo todo y sin marcha atrás. Así lo dijo Christopher Domínguez frente al micrófono y las quinientas o mil personas. Pero casi nunca hay un micrófono para el crítico literario, ni mil personas. Trabajan solos. Su foro es nuestra lectura. (La Razón de México. 5 diciembre 2015)

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“Dr. Vila–Matas, I presume?” [Christopher Domínguez Michael, su discurso en la entrega del premio Rulfo)

28 nov

Entre los orgullos que un crítico literario puede darse el lujo de disfrutar está el ver confirmada, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, una ya lejana apuesta entusiasta por un escritor del otro lado del Atlántico que cuando publicó Historia abreviada de la literatura portátil, en 1985, tenía treinta y siete años contra mis veintitrés de aquel entonces, que cumplí, casualmente, en Barcelona, donde nació Enrique Vila–Matas, en 1948. Me hospedaba no lejos de la mítica Travessera de Dalt donde él vivió tantos años.
No podría ser Enrique, mi padre, él, recalcitrante hijo sin hijos, a quien, sin embargo, he sorprendido, reciente e inesperadamente, llamando a sus novelas, “mis hijas”. Hijas suyas a las que sólo les falta, tras éste Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, aunque clandestinamente y para la eternidad, por encima de la codicia será Premio Rulfo, dos premios internacionales más para llenar por completo la página laudatoria de su biografía. Tampoco podía ser, siendo sinceros, un hermano mío: nos falta la familiaridad, esa atmósfera común, en su caso, rancia y sepia, como la Barcelona de los tempranos años cincuenta bajo el dominio del Generalísimo y de la cual viene su pasión por los sombreros de ala ancha, visible en Impostura (1984), la novela en la cual Vila–Matas abandonaba su prehistoria, inaugurada con un arrebato magnífico de artista adolescente, “En un lugar solitario”, texto que hasta no ser convocado a esta sesión no había leído yo. Es una antikafkiana carta al padre desde la cual se anuncia la materia central de la más reciente de sus novelas Kassel no invita a la lógica (2014): para sobrevivir, el espíritu de la vanguardia debe negarse a sí mismo, confundiéndose con la vida y llevando si acaso una existencia secreta, que no otra cosa fue lo que André Breton le pidió a Octavio Paz en una caminata por Les Halles, poco antes de la muerte del surrealista francés. Ese mismo Paz (ambos, él y Enrique, nacieron un 31 de marzo), festejó en Vila–Matas la reivindicación de Valery Larbaud, nota insólita, según el poeta, en la España democrática, colmada, como es propio de las sociedades tras las dictaduras, de realismo vengador en la literatura y de alegría comercial en la edición. Mucho tiempo después, un Maurice Nadeau, decano de los críticos literarios del mundo, a sus ciento y pico de años, mandaba correos electrónicos donde se felicitaba de haber empezado su carrera descubriendo a Albert Camus y de terminarla leyendo a Vila–Matas.
El escritor hoy premiado en Guadalajara se ha distinguido por no haber confundido nunca, como tantos de nuestros colegas, a la literatura, precisamente, con la edición. La popularidad de Vila–Matas, vista desde la perspectiva de los treinta años que llevo leyéndolo, es tan rara como la alcanzada por Borges después de haber compartido con Beckett el Premio Internacional Formentor en 1961: la de un “escritor para escritores” que deja de serlo al convertir a sus propios lectores en parte de su literatura. El genio, ya se sabe, se apodera de todo, con legitimidad y sin ella. Cuando pienso en Hijos sin hijos, en Bartleby y Compañía, en El mal de Montano, en París no se acaba nunca o en Doctor Pasavento, para citar sus libros, en mi opinión, mayores, se me ocurre que, para muchos (yo mismo entre ellos) leer a Vila–Matas fue confirmar una filiación que si hoy es canónica no lo era del todo antes de él. Su Kafka equilibrista nada tiene que ver con el apesadumbrado ser que dibujaron en blanco y negro los marxistas y las psicoanalistas (aunque acaso sea un poco deleuziano), mientras que un Vila–Matas pareciera haber sido profetizado por Robert Walser en alguno de sus microgramas. Y otro Maurice, Blanchot, gracias a él, dejó de ser aquel “pirómano en pantuflas” aborrecido no sin cierta razón por los adversarios del logocidio, para convertirse en un monstruo tierno.
Vila–Matas, que quede claro, es un escritor para quienes, sean pocos o sean muchos, tienen tiempo para leer. Es decir para leerlo no sólo a él, si no a la vasta literatura de la que su obra es una apología en el sentido primigenio del término. No sólo los ya citados (y subrayo a Borges y a Beckett), si no a muchos otros: Josep Pla, Rimbaud, Carlos Díaz Dufoo hijo, Fernando Pessoa, Mario Bellatin, Herman Melville, Roberto Bolaño (su contemporáneo capital a quien reconoció sin atisbo alguno de envidia), Witold Gombrowicz, Julien Gracq, Sergio Pitol, Lichtenberg y Juan Villoro: quizá fue gracias a mí que los conoció a éstos dos últimos aunque ignoro el orden de precedencia.
Vila–Matas es de los pocos autores, a las cuales es casi imposible reducir a las dicotomías habituales, hijas de la pereza aunque a veces irreductibles. No es apolíneo ni dionisíaco, ni clásico ni romántico. Lo suyo, sin duda, son las obras portátiles. Supongo que prefiere al Gogol de los cuentos de San Petersburgo frente a las multitudes dostoievskianas repudiadas por Borges; quizá nunca ha citado La guerra y la paz, pero puede hacerlo en cualquier momento y no es un publicista de la obra de Thomas Mann pero siempre habrá un detalle a descubrir en él que lo conmueva: la madre brasileña que consideraba esencial en su obra o la nuca rasurada sin mácula del patricio alemán. Su literatura es juego pero nunca fue, salvo en sus primeros balbuceos, propiamente experimental. No inventa reglas Vila–Matas sino estudia casi teatralmente todas las posibilidades narrativas del escritor moderno como personaje, desde el que no escribe hasta quien ostenta aquello de que el éxito es un fracaso, como dijo Scott Fitzgerald.
Es melancólico, sin ser pesimista; sus historias de amor a menudo son fantásticas, como lo es Paula de Parma, la dedicatoria de todos sus libros. Le falta solemnidad para ser un romántico y no lo imagino como clásico pontificando en las sedes de Ferney o de Weimar; lo suyo son las estaciones de trenes, las maletas olvidadas, los aeropuertos, las conspiraciones, las habitaciones de hotel, los dobles y los espías, el mcguffin. A don Luis Buñuel, por cierto, le hacía gracia que en el viejo cine mexicano se creyese que los así llamados patos era nuestros mcguffin. El suicidio lo tienta como un problema más propio de la novela policíaca que del drama existencial o de la comedia psicológica, aunque su emoción ante el abrazo que Nietzsche le dio a un caballo en Turín, deja ver el temperamento romántico defendiéndose, con la ironía, de las lágrimas. O pienso en su intención de abrazar a Rimbaud durante el instante de un sollozo, como se lo propone en Marienbad eléctrico de 2015, su breve y contundente poética a modo de relato. Hubo un momento de su obra, a mediados de los años noventa, en que parecía que su dominio original, el cuento, le impedía transformarse en novelista y publicó entonces un par de libros dubitativos, propios de la confusión ante ese cruce de caminos.
Es impreciso también, reclutarlo entre los híbridos, con perdón de los profesores. Sin duda, el pasado fin de siglo y los primeros años del XXI han difuminado un tanto las fronteras entre el ensayo y la ficción. Pero aun siendo la literatura la materia de su literatura, Vila–Matas no necesita darnos gato por liebre. Ensayista, confía en que sus buenos lectores saben bien cuándo está hablando de Rimbaud el hijo, como diría Pierre Michon y cuando se está inventado un Rimbaud propio para hacerlo ingresar en su compañía, como lo hace en Marienbad eléctrico. Autoreferencial lo es y mucho: su obra es una autoficción, novedosa y vivaz como lo es la segunda parte del Quijote.
En 1991 conocí en persona a Vila–Matas. Un año después regresó a Coyoacán y fuimos juntos a la Plaza de Santa Catarina a escuchar un recital de Paz. Somos amigos a la manera supuestamente inglesa de serlo; amigos de aquí y de allá, aunque yo lo asocio, por comodidad topográfica, a una banca de parque cercana a mi domicilio en la Plaza de la Conchita, a espaldas de la casa donde vivía Pitol, el mexicano que lo tonsuró escritor, en Varsovia, en 1973. Otras veces nos hemos encontrado en Barcelona o en Guadalajara y a veces hasta no nos hemos encontrado, como ocurrió en Dublín, una más entre las ciudades que él colecciona (Lisboa, Chicago, Bérgamo, Xalapa). Hemos pasado juntos algunas horas, primero bebiendo tragos espirituosos y luego refrescos o cafés; es amistad inglesa porque hablamos poco y nos queremos mucho. Mi opinión le fue interesante en un momento de quebranto; y su presencia, para mí, fue capital en una fecha precisa de mi vida, aunque él no lo sabe o sí lo sabe, se lo guarda.
Atesoramos el silencio como otros la conversación. Nunca hemos hablado de política, por ejemplo, porque quizás ambos somos cripto–trotskistas de obediencias distintas y hasta enemigas, tal como lo sospeché cuando visitamos juntos la casa de Lev Davidóvich Bronstein en la calle de Viena. No hemos intercambiado favores; me ha sido suficiente con ejercer hacia él, el gesto de admiración, que es la actividad principal del crítico aunque no sea la más reconocida. Y él es uno de los pocos escritores que, habiendo yo hablado de su obra, ha creído pertinente escribir sobre alguno de mis libros de ensayos.
Como los chinos, hemos visto crecer la hierba, ver pasar a un perro, asistir a la caída de una tarde, como alguna, no hace mucho tiempo, en que le demostré que en ninguna otra parte del mundo atardece tan lentamente como en la Ciudad de México, tal como lo percibió Bolaño para sorpresa de los distraídos chilangos. Guadalupe Nettel, que estaba allí, no me dejará mentir. Yo soy hijo de un psiquiatra, que de niño lo acompañaba en sus rondines hospitalarios entre los entonces llamados neurástenicos y maníaco–depresivos; uno de los lugares, a la vez comunes y espectrales, donde habitan los personajes predilectos de Vila–Matas, es el manicomio. Él mismo pasó por un hospital de ese orden, como lo cuenta en la instructiva introducción a En un lugar solitario. Narrativa breve, 1973–1984; yo pasé por otro, por dipsómano, aunque tampoco hemos hablado de ello.
Hoy se premia, en Guadalajara, a Enrique Vila–Matas, el prosista más creativo, lúdico y veloz que ha tenido la lengua española desde Ramón Gómez de la Serna, que está, desde luego, entre sus dioses del hogar. RAMÓN, con mayúsculas, volaba y se perdía en el cielo como el globo en aquel cortometraje (The Red Ballon, 1956), mirado tantas veces como se podía en aquellos tiempos rústicos, durante mi infancia. Menos el globo rojo, todo estaba en blanco y negro en aquel París que no se acaba nunca, según Enrique, quien en cambio, como Robert Walser, camina sobre la nieve. Nunca va al cine, pero va. Nunca va al teatro, pero va, como lo prueba Aires de Dylan (2014). Busca bosques y descubre Atlántidas futuristas o instalaciones arqueológicas. Es un mago que va rindiendo visita a sus lectores, quienes a veces acabamos por ser sus personajes. No es extraño, le dijo Pitol a Vila–Matas en una ocasión, que tu obra guste en América Latina pues es, como ésta, excéntrica y heterodoxa, con un pie fuera del canon y el otro hundido, por nacimiento, en la tradición moderna.
Dada la actual situación política catalana, tomé la precaución de preguntarle a Enrique cómo quería que yo lo nombrase aquí, ante ustedes, como peninsular, español o catalán. Me dijo, tal cual lo esperaba, que como barcelonés. Tengo por costumbre imaginarme a Vila–Matas antes de conocerlo, espiándolo yo a él, durante mi primera visita a su ciudad, en 1981, cuando las Ramblas eran para caminar hasta un mar simulado, de utilería y la catedral de Gaudí, “un lugar solitario” como diría Enrique, todo ello antes de la catástrofe olímpica que borró al Barrio Chino y otras maravillas. Hoy quisiera ver en Vila–Matas a un símbolo de la universalidad de Barcelona, a una garantía del cosmopolitismo hoy vacilante de aquella ciudad que es, como Enrique mismo, tan paradójicamente latina y americana.
En aquellas ramblas, paraje entonces repleto de locos (y un loco es por definición lo contrario de un turista), poco después del Tejerazo, imagino a un Vila–Matas ya en calidad de observador de pájaros raros, escribiendo fragmentos mentales, reteniendo detalles insignificantes que le permiten transformar cosas en seres y viceversa, afilando el punto de precisión de su cayado de mago. Todo lo que toca Vila–Matas es literatura. Yo ignoro aun y por ello he de seguirlo leyendo, qué clase de rey será para la posteridad pero asumo que me hice escritor durante su soberanía, libre y trascendente, sobre la imaginación novelesca de toda una generación.
En los días pasados, una periodista atolondrada me preguntó si yo había “descubierto” a Vila–Matas en México. No, no hubo una escena en que, tras larga y peligrosa búsqueda, lo encontrara yo en el lago de Chapala e injertado en Henry Morton Stanley, le preguntase: ‘Dr. Vila–Matas, I presume?’ ”
La verdad es acaso tan novelesca como el mundo de los exploradores del África Negra, fascinantes para Raymond Roussel y para él, pues entramos en contacto, Enrique y yo, mediante el remotísimo medio del papel, la tinta, el sobre y el timbre o estampilla. Eso fue antes de la caída del muro de Berlín. Mi carta de admiración, acaso, iba adjunta a mi primer artículo sobre él y la contestó de inmediato. Fue, junto con el ecuatoriano Leonardo Valencia, vecino suyo en Barcelona, mi último amigo por correspondencia a la antigua usanza y el primero con el que crucé correos electrónicos, aunque ambos posamos un rato y fracasamos, de neófobos o misoneístas. Entrado el nuevo siglo, la red parece haber sido inventada para los shandys, la famila cuya protección le encargó Laurence Sterne a Vila–Matas. Modernist en el sentido anglo–sajón pero a la francesa, como Paul Morand, Enrique Vila–Matas es paciente y espera horas, días, años, a que su presa caiga en la trampa, se ponga en el blanco o sea “encantada” por su magia. No hay cosa en nuestro tiempo que le deje de interesar y por ello, en su novela más reciente, al observar el Arte Contemporáneo también se divierte con él pues su obra es de las pocas que mira al presente con animación y apetito y sin miedo, seguro como ésta de que el verdadero misterio sigue allí, en la fijeza de la letra impresa y de su lectura a través del libro.

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EL DIARIO DE ALEJANDRO ROSSI

Alejandro Rossi y Vila-Matas en Guadalajara (México) 1995

Alejandro Rossi y Vila-Matas en Guadalajara (México) 1995

Ahora sé que en los mismos días de 1994 en que traté en Guadalajara (México) al gran escritor Alejandro Rossi, él escribió en su diario personal que acababa de ver con claridad un tema que en realidad le rondaba desde hacía años, un tema tan simple como complejo: el destino propio realizado por otro (sigue leyendo)

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CELEBRACIÓN DE VILA-MATAS (Premio Fil 2015)

portada Ñ, Clarin, Buenos Aires 3 octubre 2015

portada Ñ, Clarin, Buenos Aires 3 octubre 2015

 Textos publicados por los medios a raíz del premio Rulfo 2015 a Enrique Vila-Matas

La pasión hiperliteraria (Sergio Chejfec)

Celebración de Vila-Matas (Álvaro Enrigue)

Una excepción (Antonio Ortuño)

El autor virtual (Juan Villoro)

Vila-Matas eléctrico (Edmundo Paz Soldán)

Trucos y astucias de una lengua ambigua (Jorge Carrión)

Batallas entre el catalán y el español (Clarín)

La realidad es apócrifa  (Ignacio Martínez de Pisón)

El estilo de la felicidad (Rodrigo Fresán)

Escribe y no hagas nada más (Pedro M. Domene)

El banquete de Vila-Matas (Leonardo Valencia)

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LA ENTREVISTA CON VILA-MATAS QUE SE PUBLICA EN REFORMA (MÉXICO)

En exclusiva la entrevista que publica REFORMA hoy domingo 22 de noviembre y a la que no se puede acceder sin ser suscriptor del periódico.

En exclusiva la entrevista que publica REFORMA hoy domingo 22 de noviembre y a la que no se puede acceder sin ser suscriptor del periódico.

BEATRIZ DE LEON. REFORMA. 22.NOV 2015  «Después de pasar mis primeros 20 años de vida en una Barcelona siempre bajo la dictadura fascista de aquel general innombrable, París me hizo saber de qué hablábamos cuando hablábamos de libertad», expresa el escritor catalán Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) al recordar los ataques terroristas ocurridos el 13 de noviembre en la capital francesa.

El Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2015 condena los hechos, pero también la respuesta del gobierno francés, y desea que no se repitan aquellos errores cometidos tras el 11 de septiembre de 2001.

«Me he emocionado estos días oyendo cantar La Marsellesa al Parlamento francés», dice. «Pero sobre la respuesta bélica de Hollande, pienso como tanta gente que no es la solución, pues ya se vio en Iraq después del 11-S que no lo era, y creo que ahora necesitaríamos de unos políticos menos holgazanes -alcanzan la poltrona y luego no hacen nada; Rajoy es un ejemplo perfecto de esto-, que supieran actuar con la inteligencia que actuaron algunos políticos occidentales después de la Segunda Guerra Mundial».

Claro que es pedir peras al olmo, lamenta. «La raza de los políticos ha degenerado. Pero aún así habría que procurar que los errores no se repitieran, que no hubiera otro Iraq; han pasado sólo 15 años del 11-S y aún podemos aprender de esos fallos» .

El autor señala que se ha sentido muy mal, muy incómodo, al ver la violencia desatada en una ciudad símbolo de cultura y libertad, una ciudad con la que ha mantenido una relación literaria y personal desde su juventud.

Ahora, después del 13-N, lo invade la angustia por ese París que siente tan próximo. «Ha sido una angustia que me ha afectado muy personalmente. Y la verdad es que los ataques me han descubierto que tengo un afecto por la ciudad de París mucho más profundo del que creía. Es normal, ahora lo veo: en esa ciudad maravillosa descubrí qué era exactamente lo que algunos llamaban ‘una ciudad abierta a la cultura y a la libertad'».

Enrique Vila-Matas estará en México el próximo sábado para recibir el Premio FIL, dotado con 150 mil dólares y entregado durante la inauguración de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

El catalán es considerado un autor fundamental, con alrededor de 40 libros de diversos géneros, traducciones a 36 lenguas y múltiples reconocimientos internacionales. En México, es un escritor leído y querido; incluso, como él señala, fue donde primero se reconoció su obra. En entrevista, Vila-Matas recuerda que alguna vez preguntó al escritor poblano Sergio Pitol a qué atribuía ese gusto de los mexicanos por sus libros. «Me lo explicó muy bien: Mi literatura no es central en los cánones literarios convencionales, y México es un país excéntrico. Por ahí se unieron las dos cosas», cuenta.

Para el jurado del galardón tapatío, Vila-Matas se impuso ante los 42 candidatos de 14 distintos países por una obra en la que se entrelazan los distintos géneros literarios y se diluyen las fronteras entre ensayo y ficción.

-Usted afirma que si no hay riesgo en lo que se escribe carece de sentido escribir. ¿Qué opina de la tendencia de muchas editoriales de ir sobre seguro e inclinarse por fórmulas de mercado?

-La padezco yo mismo. Me ha pasado con Marienbad eléctrico, por ejemplo, una pieza breve, pero importante en mi obra. Comentó Edmundo Paz Soldán en una reciente reseña que con ese libro no sólo defiendo una nueva forma de escribir “novelas” sino que presento un excelente ejemplo de esa nueva forma. Pero en Italia, por ejemplo, la editorial Feltrinelli ha descartado publicarla. Y sin embargo el libro va boyante en su trayecto por las editoriales independientes que lo han publicado: Almadía, en México. Caja Negra, en Argentina. Bourgois, en Francia.

Su obra está llena de alusiones a escritores, que entran y salen de forma constante; como personajes o referencias, como una especie de hipertextos que invitan al lector a su propia búsqueda. Robert Walser, Franz Kafka, Witold Gombrowicz, W.G. Sebald, Arthur Rimbaud, Samuel Beckett o el mexicano Sergio Pitol, entre muchos otros, deambulan por el imaginario vilamatiano como presencias, recuerdos o evocaciones. Además, le gusta jugar con la realidad y la ficción, inventa recuerdos, mejora citas literarias y hasta trastoca a personas de su entorno en personajes de su literatura. Y aunque en ocasiones se ha declarado alejado de la política, se asume como un autor al pendiente de la realidad. Incluso, en ocasión del Premio FIL, el escritor destacó su compromiso con el mundo en el que vive, tanto en la obra como en la vida política y social. Porque para él, la experiencia creativa y literaria ayuda a enfrentar el desánimo moral durante las crisis.

«Estoy leyendo un librito titulado Solo, de Strindberg. Ahí puede verse como aquel que se concentra en la experiencia creativa es capaz de sobrevivir a todo», expresa. «Me estimula encontrarme a veces en Barcelona con Rodrigo Fresán. Cuando publicó La parte inventada, le preguntaban de qué iba su libro y él solía decir que era una novela sobre una de los temas más transgresores, más escandalizadores e incómodos que puedan existir hoy: leer y escribir».

El autor asegura que no es nada nostálgico y lleva una buena relación con la tecnología, mas aún extraña un poco el cine de los 60. «Aunque aminoro este problema viendo el cine -estilo producción independiente de los 60- que realiza en Francia mi amiga Dominique González-Foerster junto con su compañero, Tristan Bera. En cuanto al correo ordinario, archivo los e-mails que recibo que tienen calidad literaria, y así disminuyo el drama de la desaparición de la correspondencia escrita. En cuanto a la técnica, soy un hikikomori total; ya sabe, los hikikomoris son gente que se encierra en Japón años sin salir de casa, a solas con su computadora». Hoy, en tiempos de los dispositivos de lectura, cuando la gente lee más, pero no precisamente mejor, Vila-Matas evoca el pasado remoto de la cultura. Señala que no sabe cómo beneficia el libro electrónico a la lectura y al mercado editorial. «Lo ignoro. Dentro del mundo editorial, mi parcela no es la edición, sino la escritura. Sólo sé que decían que el libro electrónico iba a acabar con los libros impresos y todos los periódicos que conozco -como si en ellos se tuviera un recalcitrante odio inconsciente a la lectura- nos alarmaban con eso. Pero no ha tenido lugar, al menos por ahora, la catástrofe que anunciaban.

Y, en estos tiempos globalizados, destaca la función que desempeñan las ferias libreras como la de Guadalajara para evitar esas catástrofes anunciadas. «Espero que su función sea evitar el hundimiento ya definitivo de algo; no sé exactamente de qué, pero pongamos que de algo que a todos nos parece que podría hundirse en cualquier momento», ironiza. Al momento de escribir, Vila-Matas prefiere arriesgarse, movido por la necesidad de encontrar escrituras que interroguen desde la estricta contemporaneidad, que no se limiten a repetir modelos. Como refiere el acta de la FIL, sus temas principales son el escritor que prefiere no escribir, el texto que reflexiona sobre sí mismo y la escritura como un salto al vacío que pone en riesgo tanto al autor como al lector. Siempre dispuesto a jugársela; a no repetir fórmulas ya conocidas, Vila-Matas afirma que si no hay riesgo en lo que se escribe carece de sentido escribir. Sin embargo, hoy la tendencia de muchas editoriales es ir sobre seguro e inclinarse por fórmulas de mercado, un fenómeno que lo ha alcanzado.

En Marienbad eléctrico, novela que comienza a circular en México, habla de moverse en zonas de riesgo, situarse en los límites y «permitírnoslo todo». Pero al cuestionársele si existe hasta ahora algo que no se permita a la hora de escribir recuerda su reciente viaje a China, donde ha publicado cuatro libros este año.En sus libros más recientes, Kassel no invita a la lógica y Marienbad eléctrico, que describe como novelas que entrarían en la categoría de semificciones o «paseos en prosa», hay un giro temático hacia la plástica. A diferencia de sus obras anteriores, llenas de alusiones literarias, en estas novelas se da un acercamiento y un diálogo con el arte contemporáneo. En la primera, narra su viaje al corazón del arte de vanguardia en pleno siglo XXI y, en la segunda, el personaje principal es un escritor interesado en la instalación. Este acercamiento con el arte contemporáneo, además del deseo de buscar algo nuevo, nació de una extraña propuesta que le hizo la artista multidisciplinaria Sophie Calle en diciembre de 2005. «Acepté escribirle una historia que, según me dijo, ella luego trataría de vivir», recuerda.

Mientras preparaba Suicidios ejemplares, Vila-Matas decía: «Voy a terminar este libro y luego ya no escribiré más». Pero ¿habrá cruzado de nuevo esa idea por su cabeza; realmente, se puede huir a voluntad de la literatura, dejar de escribir? «Me divierte que me pregunte esto, porque precisamente acabo de estar en la librería del barrio y de repente, cuando más me estaban hablando de las circunstancias felices por las que atraviesa últimamente la recepción de mi obra, me ha salido del alma decirles: ‘Creo que me voy a retirar’. «Nada más decirlo, me he acordado de cuando tenía 20 años y en las barras de los bares de noche de Barcelona decía: ‘Muchachos, creo que voy a dejar de escribir’. Y todo el mundo me decía: ‘¡Pero si tú no escribes!’. Y, era verdad, aún no escribía y, sin embargo, quería ya retirarme».

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«Sigo alerta, procurando huir de la patria y la religión»

vJOAN DE SAGARRA. LA VANGUARDIA (21.11.2015) El premio de la FIL, antiguo premio Juan Rulfo, es el galardón literario más importante de América Latina, el equivalente de nuestro premio Cervantes. Se da la circunstancia de que los tres únicos escritores españoles que lo han conseguido hasta la fecha, los tres son catalanes, nacidos en Barcelona: Juan Marsé, Juan Goytisolo y Enrique Vila-Matas.

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EL ARTE DE LA INFLUENCIA [Gonzalo León en ‘Perfil’, sobre Marienbad eléctrico].

Marienbad eléctrico es la historia de una amistad contada como un diario con diferentes entradas que tienen un orden cronológico aparente y que recuerdan –porque hay muchas cosas en esas entradas– al Diario de Gombrowicz, pero también es la historia de una influencia cruzada, basada en equívocos y encuentros.

Marienbad eléctrico es la historia de una amistad contada como un diario con diferentes entradas que tienen un orden cronológico aparente y que recuerdan –porque hay muchas cosas en esas entradas– al Diario de Gombrowicz, pero también es la historia de una influencia cruzada, basada en equívocos y encuentros.

GONZALO LEON. Perfil 15/11/2015 Los ensayos y las crónicas del escritor español Enrique Vila-Matas (EVM) son deliciosas, un raro arte en el que siempre se encuentra inventiva y lucidez (sigue leyendo)

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SECRETAS Y NO SECRETAS [Café Perec]

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En general, me gusta pertenecer a sociedades que no entiendo mucho, aunque a la larga ansío saber más de ellas. Me ha ocurrido con la sin duda desmesurada y algo convulsa Orden de los Caballeros del Finnegans, festivo grupo de escritores españoles que en junio celebran la obra de Joyce en el pub Finnegans de Dalkey. Y me ha pasado también en mi trabajo como “catedrático (desconocido) de la Universidad (desconocida) de Nueva York, con sede en la librería McNally Jackson, 52 Prince Street”. (sigue leyendo)

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BECAUSE SHE NEVER ASKED / PORQUE ELLA NO LO PIDIÓ

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El relato Because she never asked (Porque ella no lo pidió), perteneciente a Exploradores de abismo, traducido por Valerie Miles, se publicará en noviembre 2015 en New Directions, la editorial neoyorquina.

«Nobody imitated Sophie Calle better than Rita Malú. Rita liked to be considered an artist, though she wasn’t at all sure of being one. She had carried out a variety of experiments with truth, which someone baptized with the name wall novels, that were nothing more than modest tributes to her beloved Sophie Calle, “narrative artist” par excellence, artist with whom she shared a difference in age of but a single year.»

No hubo nunca mejor imitadora de Sophie Calle que Rita Malú. A Rita le gustaba que la consideraran una artista, aunque no estaba nada segura de serlo. Había hecho variados experimentos con la verdad, lo que alguien había bautizado como novelas de pared y que no eran más que modestos homenajes a su admirada Sophie Calle, la “artista narrativa” por excelencia, la artista con la que se llevaba tan solo una diferencia de un año. Había entre las dos mujeres un notable parecido físico. Sus rostros, por ejemplo, si Rita sabía maquillarse bien, podían llegar a parecer casi idénticos. En lo que menos se parecían las dos era en la altura, pues Rita Malú medía unos centímetros más. A ella le divertía decir que era “alta y mundial”, le divertía decir eso a sus amigos, pero sólo era alta y nada mundial. De haber sido más baja, hasta habría guardado un parecido rotundo con Sophie Calle, que sí era, por cierto, una figura mundial.

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Enrique Vila-Matas, Pierre Huyghe, Ai Weiwei y Kassel.

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DE HIPSTER A HACKER [Café Perec]

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A menudo olvidamos, nos recuerda John William Wilkinson en el prólogo de su libro, que sin el poderío de los Estados Unidos es más que improbable que el inglés hubiera llegado a convertirse en la lengua franca global que es ahora. (sigue leyendo)

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Dominique Gonzalez-Foerster juega con el « yo »

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Emmanuelle Lequeux. LE MONDE | 23.10.2015.
Mais qui est-elle donc ? Plus que jamais, Dominique Gonzalez-Foerster s’échappe. « Je est une autre », semble-t-elle nous dire au fil de son exposition au Centre Pompidou. Et pourtant, plus que jamais, elle est là, en chair et en esprit : un corps soumis à tous les transformismes, un visage acéré qui maquille ses origines, une vie traversée de milles récits. Qui est-elle ? Une des plasticiennes françaises les plus reconnues sur la scène internationale, à l’instar de ses fameux compagnons de route, Pierre Huyghe et Philippe Parreno, qui l’ont précédée dans cette vaste salle vitrée. Une insatiable, qui a multiplié les collaborations tous azimuts : dans la musique avec le chanteur Christophe, dans la mode avec le créateur Nicolas Ghesquière, dans l’architecture en créant une maison à Tokyo. Une lectrice avide, surtout, dont chaque œuvre fait référence aux livres de son cœur, de la science-fiction de J. G. Ballard à Jean Genet ou Virginia Woolf, en passant par l’idole absolue, le Chilien Roberto Bolaño.
Et ces mots, qui la résument en points de fuite : « Je reste envahie de plein de choses. » Mais plus elle s’expose, plus elle disparaît. De vidéos en installations, chacune de ses œuvres semble une chambre à soi, où notre curiosité vient se briser sur les récifs d’un intime offert à tous les vents. Une chambre ouverte sur tous les flux du monde. Mais secrète. Comme celle qui se cache derrière cette porte close, et qui est le cœur battant de l’exposition. Chambre 19 d’un hôtel, quelque part. Nul ne peut l’ouvrir.
« Dominique Gonzalez-Foerster, 1887-2058 », suggère le titre de sa rétrospective. Elle y revisite son parcours sous la forme d’une autobiographie vaporeuse et falsifiée, questionnant « son rapport au temps et à sa perception », résume-t-elle. Un temps autre que celui d’une vie : « Le temps intérieur aux œuvres. » « Cette exposition est une demeure fictionnelle, poursuit Emma Lavigne, sa commissaire. L’identité de l’artiste s’y dessine en œuvre ouverte, repoussant toujours ses limites : la biographie en expansion d’une évadée de la littérature. »
Toute l’exposition se construit en une litanie de pièces, chargées de mille ailleurs à envisager. Et pour les faire tenir ensemble, ce bruit obsédant de la pluie drue de Rio, ville où l’artiste passe la moitié de son temps. Son clapotis tourne tout autour de l’espace, cherchant à le « tropicaliser ». Il donne son unité à cette succession de period rooms, qui sont à l’image de ces salles de musée qui reconstituent l’intérieur d’une époque, « mais en plus joueur. C’est un jeu, avec mes villes (Brasilia, Rio, Hongkong), mes chambres, mes dates… ».

Ses dates, donc ? 1887, construction du Palacio de Cristal dans le jardin du Retiro, à Madrid, où Dominique Gonzalez-Foerster exposa l’an passé et donna vie au Splendide Hotel imaginé par Rimbaud dans un de ses poèmes, la même année. 2058 ? La date où devrait être construit l’abri géant pour réfugiés du changement climatique qu’elle a imaginé dans le Turbine Hall de la Tate Modern de Londres, en 2008. Mais cela n’éclaire guère qui ne connaîtrait pas bien son histoire. Alors sans doute, avant d’aller visiter cette flottante rétrospective, doit-on conseiller de se plonger dans un livre : Marienbad électrique, d’Enrique Vila-Matas (Christian Bourgois, 144 pages, 15 euros). Car chez elle, écrit-il, « tout commence par les livres ». L’auteur espagnol est l’un de ses plus fins complices, il a déjà fait plusieurs fois de « DGF », comme on l’appelle, l’héroïne de ses romans qui n’en sont pas. A travers l’évocation de leurs dialogues, il livre dans son ouvrage quelques indices qui lèvent un peu le secret sur elle : sa manière d’« évoluer sur des terrains où il y a doute et risque », des « régions troubles ». Sa façon d’inventer « d’autres manières d’écrire des romans », en « écrivain sans cabinet » qui produirait une sorte de «  littérature en expansion ». Et finalement, cette confidence qu’elle lui aurait faite : « A chaque fois que j’ai une exposition, je cherche le plan d’évasion. »

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Pour rencontrer cette œuvre, il faut alors accepter de s’enfuir avec elle. Retourner dans les années 1970 et laisser surgir, dans cette chambre marronnasse cerclée de miroirs « à hauteur de sexe », le souvenir du réalisateur Fassbinder. Ou saisir le dialogue avec Rimbaud, celui des Illuminations et celui du Harar, qui disait dans une lettre à sa mère son désir visionnaire : « M’exposer moi-même, car je crois qu’on doit avoir l’air excessivement baroque après un long séjour dans des pays comme ceux-ci. »

Excessivement baroque, ainsi apparaît aujourd’hui Dominique Gonzalez-Foerster : sans que l’on sache de quel pays elle revient, si ce n’est celui des mots, elle « s’expose », littéralement. Depuis quelques années, elle s’est faite performeuse, incarnant différents personnages au fil d’apparitions où se joue, chaque fois un peu plus, le trouble de son identité : « un opéra éclaté dans le temps et dans l’espace ». Et dont elle endosserait tous les rôles. Identification d’une femme : ce film d’Antonioni n’est pas pour rien un de ses modèles, qui dédouble son actrice à l’instar de ce qu’opère Hitchcock dans Vertigo.

« Le corps, la présence du corps, a longtemps été un tabou pour moi, avoue l’artiste de cette voix qui elle aussi s’échappe, se cassant parfois dans ses aigus jusqu’à revenir à l’enfance. Mais j’ai senti depuis quelques années la possibilité de ces personnages comme autant d’espaces. Pour moi, ils disent tous la résistance à la standardisation, la numérisation, à nos comportements de plus en plus prévisibles. Ils sont l’irruption du désir et de l’inconscient, de l’organique, du fantastique, de l’irrégulier, de la nervosité. Ils débordent de cette magie qui me semble aujourd’hui plus que jamais nécessaire. »
A chaque apparition, elle semble possédée, consciente que « l’œuvre devient une espèce de Frankenstein, qui te fait faire des choses… Un monstre, qui déborde très largement tes intentions de départ. Ces apparitions, c’est une transe préparée, une conversation avec des vivants mais aussi des morts. Enfin, je ne les vois pas morts : mes œuvres en sont les extensions vivantes ».
Et de fait, au détour d’une des salles, on a bel et bien le sentiment de croiser un fantôme : celui de Fitzcarraldo, héros dément du film de Werner Herzog, inspiré de ce baron du caoutchouc qui voulut créer un opéra en pleine Amazonie, à la fin du XIXe siècle. Grimée et costumée à s’y tromper, l’artiste devenue hologramme hurle son délire, et la forêt semble se lever autour d’elle. « I want my opera », clame-t-elle, pendant que la voix de ténor du Caruso se fond dans les cris des perroquets. Son opéra, Dominique Gonzalez-Foerster est elle aussi en train de le construire. En terre pas si lointaine, mais paradoxalement inaccessible.

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POR UN SABER DISCRETO [nuevo CAFÉ PEREC]

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 Cuando murió Henry James, Ezra Pound dijo que había muerto el que sabía qué era la literatura. Exactamente dijo: “Había alguien en Londres que era la literatura para nosotros, estaba ahí, en algún lugar de la ciudad, y tenía todas las respuestas”. (SIGUE LEYENDO)

 

 

 

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Vigésima entrega de Eduardo Lago de ANNA LIVIA PLURABELLE.

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 Vigésima entrega
Brooklyn, New York, 18 de octubre de 2015.

BUSTER KEATON: Anna fue, Livia es, Plurabelle será.
SAMUEL BECKETT: Desde luego, la que has armado.
BUSTER KEATON: Yo no fui, estaba cambiándole los ojos al pez cuando me di cuenta de que el escriba se había liado. Me llamó por teléfono ayer para decírmelo.
SAMUEL BECKETT: Pero si estamos muertos. Aquí no hay teléfono.
BUSTER KEATON: Es una manera de hablar. (SIGUE LEYENDO)

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