Pedro Páramo, en concreto, me paraliza (sigue leyendo)
En un sistema literario como el argentino, donde la posición que ocupa un autor no se mide por las ventas, sino que la deciden los suplementos especializados y la crítica, el escritor español más importante y reconocido es Enrique Vila-Matas. A este lado del Atlántico los baremos son diferentes, y el narrador barcelonés -aunque cada vez más popular- sigue siendo casi un artista de culto. En Argentina un locutor televisivo que hace un libro que se titula El verdadero amor se lame como el más carnoso membrillo colocaría entre sus fans instagrámicos cerca de un millón de ejemplares, quizá, pero nunca acapararía la portada de una revista literaria de prestigio. Ricardo Piglia, que apenas besó la banca más que con su Plata quemada, era no solo una figura queridísima sino que nadie osa discutirlo en su país. Hay cosas que son técnica y perfectamente medibles, y los indicadores más rigurosos señalan a Vila-Matas (1948) como un nombre imprescindible en la literatura española del siglo XXI. Por su originalidad, por su propuesta audaz, por su depurada prosa, por sus riesgos metaliterarios, por su vulneración de los límites entre géneros, por su carácter libertario, por su inteligencia, por su capacidad de reinvención, por su reinterpretación de la tradición… Sin embargo, aún queda quien lo cuestiona, como de pasada, con una media sonrisa en los labios y un sutil chiste sobre los abusos de la escritura del yo. Quizá su nueva novela Mac y su contratiempo -que ahonda una vez más en sus obsesiones sobre la escritura y la creación- sea por su marcado humorismo un buen modo de tratar de abordar el universo vilamatiano para quien, en su desconfianza, todavía no lo haya hecho. Comprobará el lector lo divertidas que pueden resultar tanto su manera de relatar como sus reflexiones. Y sabrá que la belleza y el gozo no están reñidos con un trabajado estilo que juega con las formas del ensayo.
(Aumenta la bibliografía de Mac)
Pasan los años y ahí sigue el enigma Simenon. Es un misterio que daría para una compleja novela de espías centrada en las investigaciones de quienes —André Gide o Hermann von Keyserling— pusieron especial empeño en averiguar cómo diablos lo hacía Simenon para hacer lo que hacía.[
Recuerden lo que dijo Kafka: que su obra era la búsqueda de la obra. Toda mi obra, añadió Kafka, es un ejercicio. Entiendo que lo que hacemos al escribir son ejercicios para llegar un día a escribir realmente. /// En cuanto a las raferencias a autores jóvenes en mi novela (Zambra, Schweblin), sólo puedo decir que me he sentido fascinado leyendo sus narraciones y, en el caso de Zambra, también por sus ensayos. Aparecen estos autores en Mac por necesidades de la trama, pero otros escritores de esa generación a los que también sigo con interés… (




Esta escritura anómala de DIETARIO VOLUBLE está lejos de ser reductible a un simple estilo, si bien el estilo de Vila-Matas (transparente, irónico, digresivo, cíclico, conjetural, exacto) sea uno de los rasgos más admirables de su obra, el cual se desdobla en un repertorio de temas enfocados desde lo insólito: la conducta de las moscas y los mosquitos; Kafka; el enano descomunal que atrajo a Kafka en un bautisterio italiano; Sebald; la pereza de Oblómov; la literatura como algo interior y cálido; el cine como algo exterior; el acróbata Philippe Petit que sobre un cable atravesó el horror vacui entre las Torres Gemelas y previó la catástrofe que animaba su estructura; el elogio al uso de citas ajenas; o el epitafio sobre la tumba de W.C. Fields:
FERNANDO ARAMBURU: «Al igual que Alonso Quijano, Mac ha leído mucho y desea traspasar los límites de la vivencia cotidiana. El manchego quiso ser personaje de novela y, de hecho, lo fue al precio de una transformación que dio lugar a uno de los libros mayores de la literatura universal. Mac, más modesto en su propósito, se conformaría con ser autor… (
Me fascina la capacidad que tienen algunos escritores consagrados para seguir no ya cumpliendo con su estatus, que es muchísimo, sino sorprendiendo. Enrique Vila-Matas suele hacerlo. Sorprender. Y lo hace con asombrosa cadencia, teniendo en cuenta su prolífico ritmo de publicación. Para Mac y su contratiempo articula menos una novela al uso que una especie de juego literario en forma de diario ficticio. El que compone el Mac del título, enquijotado en reescribir -para mejorar- el libro que publicó años atrás su vecino, un reputado autor (
Razones y osadías fue
El 24 de marzo almorcé con Enrique Vila-Matas y mi nieta Agomar –una criatura de 16 años catalanopolaca– en La Rotonde, en el bulevar Montparnasse. Era la segunda vez que coincidía con Enrique en París y la primera que almorzábamos juntos en aquella ciudad. Almorzar con Enrique en La Rotonde, frente a media docena de retratos (copias, claro está) de Modigliani y ver cómo se tomaba una sopa de cebolla –por la tarde tenía que dar una conferencia y estaba algo resfriado– mientras conversaba con Agomar sobre Sylvia Plath y François Truffaut, me produjo una sensación la mar de agradable, pero, al mismo tiempo, un tanto extraña (
¿Qué pensaríamos de alguien que estuviera escribiendo, por ejemplo, la historia imaginaria de la literatura contemporánea? Pongamos que estuviera trabajando en una reconstrucción sarcástica y apasionada de los lugares, sueños, enfrentamientos y obsesiones de los escritores, los lectores, los traductores, los libreros los editores o los críticos de todos estos últimos años y que los hubiera situado en un buque a la deriva. Pensaríamos que podría tratarse de un heredero más de Marcel Schwob (1867–1905) y de su mejor libro, Vidas imaginarias. ¿No dicen que la literatura se ha llenado últimamente de sucesores de Schwob? (

“Ahora que ocho títulos tuyos circulan por los Estados Unidos, que New Directions también ha comprado los derechos de Mac y su contratiempo, que estás traducido al sueco y que has recibido tantos premios, ¿han menguado o han crecido tus ganas de huir?
Lo de ahora, sin embargo, es otra cosa. Mac y su contratiempo, publicada también por Seix Barral, es lo más parecido a una novela dentro de la órbita lúdica e intransferible de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948), un hombre atravesado de literatura y con una alta conciencia de la necesidad de las máscaras para llegar a concretar una identidad despojada y, a la vez, desprevenida…
«Yo soy uno y muchos y tampoco sé quién soy», escribe el narrador cuando ya no es Mac

