A.G. Porta /// ME LLAMO VILA-MATAS, COMO TODO EL MUNDO

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16 de enero de 2014. Enrique Vila-Matas anuncia a Porta que ha sido invitado a participar como actor en un teatro alternativo de Broadway. Sin embargo, el alma del proyecto, una mujer llamada Allison, ha desaparecido, y ni Vila-Matas ni su amigo neoyorquino Eduardo Lago consiguen dar con ella. Al despedirse, ambos fantasean, enfrascados en un diálogo cada vez más absurdo, sobre la posibilidad de que el desvarío relacionado con la obra acabe plasmado en dos textos, titulados Buscando a Allison y Off Off Off Broadway. Ya en casa, Porta escribe una obra paródica sobre la conversación. Considera mandársela a Vila-Matas pero no lo hace. Así nace Me llamo Vila-Matas, como todo el mundo, un diálogo que, fiel al absurdo en que surgió, acercará al lector al personal mundo de Enrique Vila-Matas.

A.G. Porta (Barcelona, 1954) obtuvo el Premio Ámbito Literario de Narrativa de 1984 con el libro Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, escrito en colaboración con Roberto Bolaño, así como el premio Café Gijón de 2005 con la novela Concierto del No Mundo. Acantilado ha publicado toda su obra narrativa.

«Mejor que cien ensayos que trataran de explicar lo que escribo» (Enrique Vila-Matas)

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EL DELITO DE ESCRIBIR [Café Perec] 1 de octubre 2019

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¿Oyeron hablar ustedes de la pulsión secreta –tan novelesca por cierto– de algún que otro editor y crítico de castigar a determinados autores, a veces sólo por su feliz relación con la escritura? Es una especie de variante perversa del síndrome de Salieri. De haber escrito alguien la bochornosa historia de nuestros oscuros celosos, el libro habría podido llamarse El delito de escribir, pero se da la circunstancia de que el título precisamente ya fue utilizado por J. Rodolfo Wilcock para una antología (en Adelphi) de sus mejores artículos de los años sesenta sobre el mundillo de las letras italianas (Il reato di scrivere), un libro cuya traducción, justo estos días, se publica entre nosotros. Una antología que insinúa ese odio patológico de algunos miserables, pero amplia su radio de acción a otros aspectos de la sociedad literaria, a otras no menos sorprendentes, singulares, recurrentes, tempestuosas perversiones.

No se baila jamás con tanta vitalidad como al borde del abismo, escribe Wilcock. Y nada nos parece tan cierto a medida que vamos leyendo El delito de escribir (Libros de la resistencia), donde no hay uno solo de los textos que no baile ahí con el peligro y no lo haga, además, con la rara energía del que sabe entrar a saco, sin titubeos, en los más degradados ámbitos de la casa de fieras que siempre fue cualquier sociedad literaria. Por lo demás, el “libelo” de Wilcock no tiene piedad de los numerosos enemigos de los que habla, tan parecidos a veces a los míos, porque no falta ahí ni el crítico enjabonador del poder y además cicatero (“obcecado en reprender a un autor por no haber hecho algo que éste no tenía la intención de hacer”), ni el editor perseguidor y vengativo, ni demás seres supremos de elegancia dudosa, a los que Wilcock hace bien en situar en la tenebrosa categoría de “los otros”.

Así las cosas, no ha de extrañarnos que la imposibilidad de una relación armónica con esos “otros” acabe forjando la gran ilusión de establecer cualquier tipo de contacto con otras personas que lo sean todo menos puñeteras o saboteadoras, un contacto con individualidades que, habiendo sido creadas felizmente por nuestra propia mente –alguna ventaja ha de tener la facultad de crear ficciones–, al menos sean amables.

Sustituir, dice Wilcock, a las horribles (por incomprensibles o intolerantes) personas que componen la vida literaria por seres imaginados, comprensibles y comprensivos, y por lo tanto agradables, es un privilegio sólo de los grandes autores felices, tan distintos de “los mediocres que sufren casi como si no fueran escritores, obligados a reproducir defectuosamente a los seres que ya conocen”.

La clave para vivir mejor estaría pues en la alegría de la escritura cuando ésta va a ligada al ejercicio de la libertad, o a esa variante de la libertad que Cervantes descubrió en la locura. ¿O es que acaso la felicidad de un artista, como dice Wilcock, no reside (como le pasaba a Lewis Carroll a los ochenta años) en poder concebir la vida de igual manera que un diálogo entre una tortuga y un termómetro?

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[Para leer el artículo en El País, según una nueva normativa del periódico, hay que registrarse; es un registro GRATUITO.)

 

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Wilcock, por Bolaño.

siEl libro de Wilcock (La sinagoga de los inconoclastas) me devolvió la alegría, como solo pueden hacerlo las obras maestras de la literatura que al mismo tiempo son obras maestras del humor negro, como los ‘Aforismos’ de Lichtenberg o ‘Tristram Shandy’ de Sterne.

Roberto Bolaño.

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El escritor inusual, por Guadalupe Nettel

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Murakami para el Premio Lattes Grinzane 2019

20190927_215258~3-EFFECTSHaruki Murakami (Japón), publicado en Italia por Einaudi es el ganador del Premio Lattes Grinzane 2019-La Quercia, dedicado a un autor internacional que ha podido recopilar con el tiempo el reconocimiento compartido de crítica y público.

Las ediciones anteriores de la sección La Quercia fueron ganadas por Enrique Vila-Matas (2011; Feltrinelli). Patrick Modiano (2012; Einaudi), Alberto Arbasino (2013; Adelphi). Martin Amis (2014; Einaudi ). Javier Marías (2015; Einaudi). Amos Oz (2016; Feltrinelli). Ian McEwan (2017; Einaudi). António Lobo Antunes (2018; Feltrinelli).

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‘Casa vacía del estornino’, la exposición de Tom McCarthy en Londres.

Eve Sussman | Rufus Corporation, Video still from 89 seconds at Alcázar.

Eve Sussman | Rufus Corporation, Video still from 89 seconds at Alcázar.

El novelista Tom McCarthy desplegará en la Whitechapel Gallery de Londres (Reino Unido) hasta el 5 de enero ‘Casa vacía del estornino’, consistente en una exposición a partir de obras de la colección de arte contemporáneo de La Caixa y un texto de ficción.

Diversos autores de renombre internacional exploran la colección de arte contemporáneo más destacada en España en una serie de cuatro presentaciones que se están sucediendo a lo largo de todo este año y se alargarán hasta 2020.

Cada uno de los escritores comisaría una presentación de obras y aporta nuevos textos basados en su selección; la muestra de McCarthy es la tercera tras las selecciones de Enrique Vila-Matas y María Fusco y a ella seguirá la de Valeria Luiselli.

En esta exposición, el escritor reflexiona en torno a la vigilancia y el control, sus fallos y sus colapsos, de la mano de fotografías, esculturas, instalaciones y películas de artistas como Steve McQueen, Eve Sussman e Isa Genzken.

 

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Como acabar con el cliché del preferiría no hacerlo.

En la tumba de Melville, en el Bronx.

En la tumba de Melville, en el Bronx.

Café Perec.

El fin (por fin) de un cliché.

 

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En octubre llega ‘La parte recordada’, de Rodrigo Fresán.

20190921_135755~4«Hay tiniebla en él, pero acoge luces en su interior, porque es brillante su prosa dirigida a lectores de antes; prosa que arde al modo de un cohete que como una araña explotara entre las estrellas y que incendia en su afán por extremar el estilo, la voz propia, y así de paso, como quien no quiere la cosa, maniobrar como si nada se hubiera colapsado en el mundo editorial y Nabokov siguiera, imperturbable, moviendo alfiles en los atardeceres de Montreux; es decir, como si se pudiera seguir escribiendo como en los buenos tiempos.»

Enrique Vila-Matas, El País

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Luiselli y la libertad a capa y espada.

1568920706068465828725639459713Decía mi muy querido Sergio Pitol que en la escritura lo único que debía defenderse siempre a capa y espada era la libertad creativa. Y esa libertad que tenía Pitol para escribir exactamente lo que se le pegaba –disculpen mi mexicano- la rechingada gana fue una hermosa y valiosa enseñanza.

(Valeria Luiselli ayer 19 sept. en Espacio Telefónica, Madrid)

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NABOKOV y SU INSOMNIO EN WUNDERKAMMER

 De nuevo WunderKammer nos sorprende con un gran libro.

«Sueño: la solución al misterio supremo que descubrimos tras la muerte es que el cosmos, con todas sus galaxias, es una gota azul en el hueco de mi palma (así desprovista de todos los terrores del infinito). Sencillo.»

Vladimir Nabokov, SUEÑOS DE UN INSOMNE.  Experimento con el tiempo.

Edición de Gennady Barabtarlo.

(traducción de Valerie Miles / Aurelio Major)

foto de arriba: Nabokov, Vera y su hijo Dimitri en un lugar próximo a Menton (Francia)

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SUCESORES DE COSTAFREDA [Café Perec]

la-edad-del-desconsuelomaxresdefaultLeí la muerte de Blanca Fernández Ochoa en La Peñota como si fuera  un poema de Alfonso Costafreda: “En la sorda montaña / los pájaros no cantan, aúllan, / cautivos de un cielo inclemente/ una fuerza invisible / los impulsa hacia una muerte cierta/ y a quien importa / que ahora un movimiento / que fuera dulce y armonioso/ el ave conduzca a un final pavoroso”  (siga leyendo)

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EL AUTOR CONTEMPORANEO MÁS ORIGINAL.

nyoLa clave encontrada en Barthes] para interpretar a Vila-Matas: Cuando lo leemos tenemos una constante sensación de déjà vu y, al mismo tiempo la certeza de que seguramente sea el autor contemporáneo más original

(Víctor Gutiérrez Sanz acerca de LA BRUMA INSENSATA, 15 de septiembre de 2019)

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‘ESTA BRUMA INSENSATA’ O LA POÉTICA DE LA DIGRESIÓN.

«Nadie dijo que la literatura tuviera que ser siempre divertida. Y tal como se pregunta Rainer: dígame usted, ¿por qué la realidad tendría que ser fácil de entender?»

[agudísima disección de David Vidal Castell hoy en el diari Ara de Esta bruma insensata)

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“Moltes vegades em sento com una persona de la qual no sé res”. Rainer Schneider, escriptor ocult a Nova York, com un Pynchon -un possible Pynchon-, es lamenta en aquest termes al seu germà Simon, que des de Cadaqués el proveeix de cites amb les quals ell construeix “novel·les veloces”, de prosa enfebrada, i digressions que no van a cap banda. Simon desenvolupa la seva feina de compilador de cites, secreta i mal retribuïda, des d’una casa que s’esllavissa lentament cap a un penya-segat, i en la qual es troba, quan comença la novel·la, bloquejat per una cita que no recorda i enyorat de l’amada Siboney, que desprèn energia d’absència com un forat negre. L’exitós Rainer també amaga la seva celebritat en un “ perfecto dominio de la invisibilidad ”: un escriptor ocult rere un escriptor ocult. Un joc de miralls davant d’un abisme que els atrau a càmera lenta. I les variacions Vila-Matas amb els motius recurrents: la circularitat, el doble, la desaparició i, com sempre, l’escriptura.

Però, aquest cop sí, l’estimat edifici saltarà pels aires: deixarem enrere la maleïda impostura d’escriure, “ ese embuste de como mínimo cien páginas que agrada tanto al mercado y que lleva el nombre de novela […], artificial, planeado e inevitablemente trucado, que exige acontecimientos, acción ”. I per això, Vila-Matas baixa les revolucions de la trama per disseccionar millor. Es recrea en digressions dilatades per les cites de Simon: una conversa dins d’un cotxe, entre Cadaqués i Barcelona, ocupa cinquanta planes tot i ser poc més que quatre frases. Un breu passeig per l’Eixample es fa llarg “ como si hubiera ido atravesando países muy distintos unos de otros, países que habría ido entreviendo medio adormecido, como transportado por un invisible vehículo fantasmal ”. La vida explicada com una catàstrofe a càmera ultralenta, tot congelat, com al bullet time de Matrix. El narrador infiltrant-se per dimensions paral·leles. La jerarquia del món interior sobre la realitat, que té lloc sempre més enllà.

Per forçar el contrast amb la lentitud de la trama, Vila-Matas situa aquesta història metaliterària en uns dies frenètics a l’octubre del 2017. Mentre es mou erràtic, en aquesta broma, per Cadaqués -“ un pueblo tan muerto como irrelevante ” on tothom és catòlic, ultramontà o carlí- sent la remor de les votacions al Parlament per les televisions, i quan, dues-centes planes enllà, per fi Simon es troba amb Rainer a Barcelona, és una manifestació unionista, plena de senyores amb banderes, la que fa de fons de la trobada. L’entrevista surrealista, gairebé onírica, entre els dos germans al bar d’un hotel ple de manifestants fa de clímax i punt de fuga del relat.

Vila-Matas fa anys que compon la seva obra com un tot orgànic, un paisatge conformat per temes -la repetició, el doble, la desaparició, l’escriptura: els hem citat abans- al voltant del qual explora variacions. Ho ha fet en els més recents Mac y su contratiempo (2017) o Aire de Dylan (2012), i en molts dels clàssics de la seva bibliografia, on trobaríem especialment connectats amb aquesta novel·la els llibres Doctor Pasavento (2005), Exploradores del abismo (2007)o Bartleby y compañía (2006). Vila-Matas transmet amb la circularitat erràtica del relat l’esgotament de viure a la ment de Simon, que és potser la de Rainer i que és, segur, la seva: exagera l’absència de trama, la digressió, la recurrència hipertextual. En un autor de perfil estilístic i ideològic molt marcat, això embriaga els adeptes i repel·leix els detractors. És cert que pot desanimar i potser en alguns passatges avorrir, fins i tot els fidels, però ningú va dir que la literatura hagués de ser sempre divertida. I, tal com es pregunta Rainer, digui’m vostè: per què la realitat hauria de ser fàcil d’entendre?

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RECUERDOS INVENTADOS. / MIREIA MATEO EXPONE EN SALA PARÉS, BARCELONA.

650_1567409775foto_Mireia_MateoHasta el 7 de octubre la pintora Mireia Mateo ofrece en la Sala Parés (Barcelona, calle Petritxol) una exposición en la que reflexiona sobre el papel y sobre el arte: RECUERDOS INVENTADOS (título tomado de un libro de Vila-Matas)

El títol té reminiscències d’Enrique Vila-Matas. Vas pensar en ell quan el vas posar?

Va ser curiós perquè vaig titular l’exposició i després, buscant a Google el primer que em va sortir va ser el seu llibre. Em va confirmar que sempre torno a Vila-Matas. Està sota la meva pell. És un d’aquests autors que et marquen i, d’alguna manera inconscient, el seu món aflora en el teu propi món.

http://www.elpuntavui.cat/cultura/article/19-cultura/1660902-tot-el-que-passa-a-la-vida-acaba-sent-art-d-una-manera-o-altra.html

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DOMINIQUE GONZALEZ-FOERSTER //// Textodrome.

Delphine Seyrig

Delphine Seyrig

11 – 15 sept. 2019 à 11h / Petite salle – Centre Pompidou, Paris

Le titre Textodrome, Dominique Gonzalez-Foerster envisage la littérature non pas comme un livre, mais davantage comme un espace pleinement consacré où le texte, une fois sorti du livre, devient tour à tour projeté, oralisé, exposé, sonorisé, ou encore incarné. Après l’installation Cosmodrome créée en 2000, après l’exposition Expodrome au Musée d’art moderne de la Ville de Paris, après l’installation de réalité virtuelle Endodrome, actuellement dévoilée à la dernière Biennale de Venise, le Textodrome vient ajouter un nouvel espace, à la fois mental et réel, dans la cartographie sensible de l’artiste.

Avec au générique de Textodrome : Honoré de Balzac, Tristan Béra, Théo Casciani, Marguerite Duras, Callisto McNulty, Natacha Petresin, Exotourime-Julien Perez, Paul B. Preciado, Philippe Rahm, Alain Resnais, Alain Robbe-Grillet, Catherine Robbe-Grillet, Delphine Seyrig, Gisèle Vienne, Enrique Vila-Matas, Ming Wong,

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«París no se acaba nunca» en Estocolmo. La reseña de Jens C. Brandt en Dagens Nyheter.

París en los años 20 4Nota hoy en Dagens Nyheter, Estocolmo, sobre ‘París no se acaba nunca’, traducción sueca. Reseña del gran Jean  Christian Brandt: Ett farväl till författarnas. (Adiós a la era de los escritores y los grandes gestos) 

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FINLANDIA ES GRÍS.

Corona Baar, Helsinki.

Corona Baar, Helsinki.

(publicado en DIETARIO VOLUBLE, escrito un 2 de septiembre de 2007)

Me dijeron que los finlandeses no se sienten tensos si la conversación atraviesa largas pausas, ya que para ellos el silencio siempre fue una forma de comunicación. Ahora bien, cuando por fin se deciden a hablar, se quedan contrariados si les interrumpes. También me dijeron que resulta sorprendente en la televisión el ritmo pausado de los presentadores de los informativos, y también que muchos finlandeses consideran que el tango  nació en su país y llegó en los barcos a la Argentina. ¿El tango es finlandés? Creo que en Buenos Aires, en revancha, dicen que la sauna es argentina. Y también me dijeron que la vida en Helsinki es gris y deprimente, tal como la retrata el cineasta finlandés Aki Kaurismäki en sus extrañas películas silenciosas o la describe Arto Paasilinna en sus novelas (Delicioso suicidio en grupo), donde dice que el enemigo más poderoso de los finlandeses es la oscuridad, la apatía sin fin, “pues la melancolía flota sobre el desgraciado pueblo y durante miles de años lo ha mantenido bajo su yugo con tal fuerza que el alma de éste ha terminado por volverse tenebrosa y grave”.

Antes de salir hacia allí, leí las Cartas finlandesas de Ángel Ganivet, recientemente reeditadas (escritas hace un siglo, son de una modernidad asombrosa), y me dediqué a investigar sobre Kaurismäki alquilando todas sus películas. Son muy originales, admirables obras de autor, sin duda.  Pero sólo pude ver dos, La chica de la fábrica de cerillas y Sombras en el paraíso. Y es que deprimen al más optimista, aunque reconozco su poesía fúnebre: los silencios se hacen misteriosamente inolvidables, la tristeza se convierte en materia infinita, la oscuridad parece un túnel sin regreso.

Pensé  que, si todo iba a ser así en Finlandia, el viaje sería duro y extraño. Pero me animaba la perspectiva de encontrar buen material literario para un hipotético libro sobre el tema de la rareza en general. Fui allí a primeros de agosto y pasé en Helsinki diez días y no encontré ese material, casi no vi nada allí que fuera realmente raro. Al día de hoy, ni siquiera puedo seguir pensando que Finlandia es extraña. Hasta recuerdo ahora con bochorno que viajé habiendo ya mentalmente escrito las postales: “Desde la rara, silenciosa, pacífica  Finlandia…”.

A los dos días de mi llegada, leí estupefacto en la edición europea de El País: “En la pacífica Finlandia tuvo lugar ayer un crimen tremendo…”. En aquel momento, todo llevaba a pensar que encontraría en Finlandia una réplica del ángulo más raro de mi propio paisaje cerebral… Pero nada de nada. Salvo esa anécdota, lo demás transcurrió con una normalidad inquietante. Los encantadores finlandeses que conocí (Anu Partanen y compañía) no tenían nada de tenebrosos ni graves. Si cuando hablaban les interrumpías, sonreían comprensivos. A uno le pregunté si le había molestado que le interrumpiera y me contestó con una frase de suave rareza: “¿Seguro que naciste para interrumpir?”.  No eran tenebrosos, sino que tenían humor y eran agudos, amables, comunicativos. No encontraba uno grandes rarezas que registrar. Anoté esto en la dinámica terraza del Gran Hotel Kamp: “Kaurismäki es raro, Finlandia no”.

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‘París no se acaba nunca’ (Man kommer aldrig ifrån Paris) en Estocolmo

ECM3rfVXYAAbgna Ragnar Strömberg celebra en Estolcolmo en Aftonbladet la aparición estos días (en Tranan editorial) de ‘París no se acaba nunca’ (Man kommer aldrig ifrån Paris). Traducción de Yvonne Blank.

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UNA NOVELA DESLUMBRANTE (Paco Bernal, Aforolibre, Málaga)

151014_CBOX_Bartleby-Dead-Letter.jpg.CROP.fresca2-xlargeEl El alcance y profundidad de ‘Esta Bruma insensata’ es brutal. Vila-Matas levanta una fortaleza literaria ante la que queda uno deslumbrado.

Vila-Matas es Dios.

(Paco Bernal, Aforolibre, 28 agosto 2019) 

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SOBRE LAS PRESENTACIONES DE LIBROS.

15587192599867001419517785299072                    Empezó siendo una moda y ha terminado por convertirse en una terrible plaga. Hablo de las presentaciones de libros en público. Muchos escritores están dejando de escribir para poder dedicarse a preparar las presentaciones de libros de sus amigos. Por otra parte, como cada día hay más escritores -nunca como ahora había tenido tanto prestigio social la profesión-, puede perfectamente afirmarse que casi todo el mundo anda buscando presentador de su libro. Medio país busca al otro medio para que le presenten el libro. Y es tal la locura que ya nadie parece preguntarse si realmente es posible presentar un libro.Hasta el más impresentable de los libros tiene presentador. Y la plaga se extiende cada día con mayor fiereza. A veces están tan ocupados todos los escritores preparando las presentaciones de los libros de sus amigos que no ha habido más remedio que recurrir a monjas, toreros, actrices o futbolistas para que oficiaran la ceremonia de la confusión que se esconde detrás de cualquier presentación de un libro. Naturalmente, esto ha provocado que muchas monjas, toreros, actrices o futbolistas apenas dispongan de tiempo para dedicarse a su verdadero oficio. Además -como si no fuera ya todo demasiado disparatado- hay futbolistas que escriben libros y buscan actrices que se los presenten, y hay actrices que buscan monjas…

En fin, una verdadera locura. Y un dato muy alarmante: se presentan tantos libros que empieza a faltar público. Y aunque parezca una perogrullada, está claro que sin público ningún libro puede ser presentado en público. Y ahí viene otro de los problemas, pues hay tanta gente que actualmente escribe libros que cada vez son menos los que están dispuestos a ser público en las presentaciones. Esto está produciendo un fenómeno nuevo -todavía incipiente, pero claramente peligroso si no se ataja a tiempo- de consecuencias imprevisibles, pues últimamente es fácil observar cierto malestar entre los que ejercen de público en las presentaciones. Ese malestar se hace evidente de dos maneras distintas. 1. Cuando se abre el turno de preguntas, todo el mundo pone cara de fastidio y, en medio de un clima general de brazos cruzados y protesta silenciosa, nadie pregunta nada. 2. Agresividad creciente del público.

A esto quería llegar: a la agresividad que se va abriendo paso entre el público malhumorado de las presentaciones de libros. Hasta ahora -que yo sepa- preguntar siempre fue desear saber una cosa. Sin embargo, últimamente las preguntas que siguen a la presentación de un libro no son en modo alguno la exposición de una carencia, sino la aserción de una plenitud. Con el pretexto de preguntar, se monta una agresión al autor o al presentador del libro; entonces preguntar toma de nuevo su sentido policiaco. Sin embargo, aquel que es interrogado debe aparentar responder al pie de la letra a la pregunta, no a su intención. Si con cierto tono preguntan: «¿Para qué sirve su libro?», significando con ello que el libro no sirve para nada, el interpelado debe aparentar que responde ingenuamente: «Mi libro sirve para tal cosa o para tal otra».

Hace poco, presencié un caso masivo de agresividad por parte del público, hasta el punto de que el presentador (que como todos los presentadores había dicho que el libro era muy bueno, imprescindible) acabó preguntando al público preguntón: «¿De dónde procede el hecho de que ustedes me ataquen?». Ya sólo faltó que el público le contestara: «Porque ya no tenemos tiempo para ir a las presentaciones».

Augusto Monterroso, por ejemplo, no se ha salvado, a su paso por Barcelona, de la creciente fiereza del público. Supo resolver con su habitual humor la incomodidad de las preguntas.Cuando un señor le dijo «¿Sabe usted decir no?», Monterroso contestó: «No».

En Valencia, presenté el libro de un joven novelista minimalista catalán, autor de un breve texto sin excesivas pretensiones. Alguien del público tomó la palabra para decirle: «Esta última semana me he leído el Ulises de Joyce, la Recherche de Proust, todo Faulkner y Kafka. Y la verdad, al lado de estos libros, el suyo deja mucho que desear…».

En fin, hay un nerviosismo general que creo yo que merece ser meditado.

* (Este artículo apareció en El País en la edición impresa del Sábado, 18 de diciembre de 1999)

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LA DECLARACIÓN DE UNA AUSENCIA [‘Sujeto elíptico’, de Cristian Crusat]

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En cambio, el Quijote se halla abarrotado de biombos. Creo que debería explicar esto: cuando afirmo que en el Quijote observo biombos en cada capítulo, quiero decir que Cervantes provoca una sutil división dentro del espacio mental del lector. Como recuerda Enrique Vila-Matas, el biombo –magnífico invento– permite dividir en dos espacios una sola habitación, invitándonos a diferenciar en ella dos áreas, las cuales son completamente artificiales. Aquí, por supuesto, la habitación es nuestra imaginación. ¿Y cuál es el principal hallazgo del biombo? Que oculta que hay un solo espacio. Nos hace creer que a un lado del biombo está la realidad y, al otro, la ficción. De un lado, los libros de caballerías; del otro, la rústica realidad manchega. Sin embargo, detrás de cada lado del biombo, como decía Tanizaki, la luz cae como suspendida del techo, espesando los contornos de la realidad, estilizando los de la ficción. Pues sucede que ambos lados del biombo forman parte de la misma habitación y de un mismo espacio. Cuando retiramos ese particular tabique japonés, las sombras inseparables de la realidad y de la ficción permanecen allí, engarzadas como los pétalos de un crisantemo, amalgamadas: trabándose, diluyéndose y confundiéndose sobre las paredes de papel de nuestra imaginación. Unidas»

(Cristian Crusat, Sujeto elíptico)

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Enrique Juncosa (La Vanguardia): Ante ‘Possessed by Memory’, de Harold Bloom.

«El concepto de canon de Harold Bloom se asemeja
a la intertextualidad
en la novelística de Enrique Vila-Matas»  (&&)

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DEL CUADERNO DE TRABAJO de ‘ESTA BRUMA INSENSATA’.

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En cualquier momento puedo estar escribiendo. En cuanto al proceso de trabajo, lo que puedo decir de la novela que estoy ahora haciendo es que no paro de corregir. El otro día me acordé de una frase de mi admirado Monterroso: “Yo no escribo, solo corrijo”. Y sí. Estoy escribiendo un libro y estos días abordé el décimo capítulo, que calculé que tendría unas mil palabras. Eso me animó a escribirlo mucho más que si hubiera pensado que tendría que tener, por ejemplo, cinco mil. En ese décimo capítulo tenía que describir un viaje en coche de Cadaqués a Barcelona. Conducía un viejo pintor de paredes de Cadaqués y un mal pintor de marinas; y de copiloto llevaba al narrador del libro, que pronto sentía que avanzaban muy poco en la carretera a pesar de que ya llevaban una hora de viaje. También le parecía que el mundo no estaba acabado de hacer y que quizás estaban en el infierno, porque se movían como si estuvieran en la eternidad. Hice un primer borrador de casi mil palabras. Lo imprimí y taché unas trescientas. Quité toda la grasa y las cosas que no eran necesarias. Y volví a redactar todo el capítulo. A medida que lo redactaba surgían nuevos elementos. Ayer me di cuenta de que tal vez había escrito que el mundo “no estaba acabado de hacer” quizás porque mi novela, a diferencia de otras que había escrito, se demoraba más de la cuenta y no estaba nunca acabada de hacer. ¿Me he vuelto más exigente conmigo mismo con los años? Seguro. En fin: hay pocas certezas en este oficio. Y una de las pocas es que sin dominar el duro arte de corregir no hay nunca un buen escritor.

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HISTORIA DE LAS PRIMERAS FRASES [café perec, abril 2016]

NY-2008-2                              Cuando yo era joven y muy vulnerable, Héctor Bianciotti me dio un consejo en el que no he dejado de pensar desde entonces. “Siempre que vayas a empezar un artículo”, me dijo, “recuerda que la primera frase es esencial, ha de incitar al lector a seguir leyendo”

Eso fue todo lo que dijo y que no he olvidado. Bianciotti tenía una página de crítica literaria en Le Nouvel Observateur y, dado que sus opiniones eran muy leídas, deduje que el gancho de sus primeras frases debía de funcionar muy bien, algo que comprobé cuando espié con asiduidad sus artículos. Pero lo que hoy más recuerdo es la página contigua a la de Bianciotti, donde otro critico abría a veces sus textos con una sentencia inicial que provocaba que muchos le siguieran leyendo, sólo por ver si retiraría al final su severa declaración de principios.

“La primera frase: he aquí al enemigo”, escribió Bernard Quiriny en la primera línea de su divertido libro L´angoisse de la première phrase, publicado hace 15 años en París, en días en los que algunos amigos se empeñaron en señalarme que muchas primeras frases de libros famosos eran flojas y sin embargo habían captado la atención de millones de lectores. Ponían como ejemplo En busca del tiempo perdido: “Durante mucho tiempo, me acosté temprano”. Con una frase así, decían, no se va muy lejos, máximo a la cama. También ponían de ejemplo Doble vida, de Gottfried Benn. “Hemos entrado en la era de la genealogía”, decía la primera frase de Benn, que parecía más bien la última. O me citaban Molloy, de Beckett: “Estoy en el cuarto de mi madre”.

Yo contraatacaba y explicaba que, puestos a elegir un inicio, mi preferido era el de Cyril Connolly en La tumba inquieta: “Cuantos más libros leemos, antes nos damos cuenta de que la verdadera misión de un escritor es crear una obra maestra, y que ninguna otra tarea tiene la menor importancia”. Sé de más de uno que, ante este impecable comienzo, siguió leyendo por ver si Connolly había conseguido que su propio libro fuera una obra maestra.

Hoy esa gran apertura de La tumba inquieta  no podría en internet servir de gran “cebo”, porque todo ha cambiado y actualmente es el título del artículo –el titular si se trata de una noticia– y no la primera frase lo que importa. Existe una miserable pugna por ver quién coloca el título o titular más tramposo, aquel que nos hará pinchar hueso. Y lo que parece más alarmante: se pulsan masivamente titulares estúpidos en detrimento de otros que no son vistosos, pero que informan, por ejemplo, de que ese mismo día, tras la detección directa de ondas gravitacionales, una nueva astronomía acaba de nacer. No es poca cosa esa noticia, pero aun así los nuevos lectores prefieren el hueso bobo y sensacionalista de otras. Último gran éxito viral: “Un feto saluda a su madre desde el útero”. Los nuevos lectores pulsan el título tramposo y, una vez ya dentro, ni siquiera reparan en que la pobre primera frase, antaño tan esencial, hoy es sólo pura hierba muerta en el inicio de un páramo. ¿Ya no leemos?

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Annie McDermott (Times Literary Supplement): ‘Esta bruma insensata’, de Enrique Vila-Matas.

Hopper                 Fragmentos de la reseña de Anne McDermott sobre Mac´s Problem y Esta bruma insensata en TLS:

«Esta es la quinta esencia del territorio Vila-Matas: enfrentarnos a paisajes caleidoscópicos hechos de literatura, donde las voces, las historias y las frases se reflejan infinitamente, repetidas y modificadas, citadas y archivadas, sin fin ni principio a la vista»

«Los pasajes que describen el aislamiento y dolor de Simon Schneider después de la reciente muerte de su padre son algunos de los más líricos y bellos que  V-M ha escrito nunca. Mientras Simon camina por la costa, siente la presencia de la ausencia de su padre. Se pregunta si su padre no estará estancado todavía en una de esas mañanas que siguen a la muerte; estancado en la bruma del amanecer de uno de esos días que de algún modo también se dan en la Tierra y que nacen cargados de borrosas siluetas en el horizonte…

Ambas novelas (Mac’s Problem y Esta bruma insensata) muestran a Enrique Vila-Matas en la cima de su gran juego literario, pero en Esta bruma insensata especialmente se aventura en un rico y nuevo territorio, gratificante.

 la reseña completa

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TODO ES LITERATURA («Esta bruma insensata», comentada por Iñaki Urdanibia)

820862-600-338 Los libros de Enrique Vila-Matas son como matrioskas que conteniéndose unas a otras, nos descubren pagos literarios y artísticos inesperados. Ahora nos presenta en su Esta bruma insensata a un protagonista cazacitas que se dedica a distribuirlas entre sus clientes escritores ( hasta se afirma, en un guiño humorístico tan propio del escritor, que se dice que surte al complejo y misterioso Thomas Pynchon), Simon Schneider recopila citas que necesitan sus clientes para adornar sus textos del mismo modo que se dedica a realizar traducciones previas que más tarde serán firmadas por traductores estrellas. Él se considera un hokusai, expendedor de citas; la solidez de su dedicación obsesiva iba acompañada hasta de una tarjeta en la que constaba bajo su nombre: proveedor de citas literarias, y hasta rizando el rizo añadía a mano: « Experto en la anticipación de frases y desde luego de traducciones: veterano traductor previo».

Quiso la casualidad que el primero en acudir a donde él en busca de ayuda fuera el Gran Bos, Rainer Bos, autor de algunas obras de éxito ( cinco novelas veloces de éxito ), que había cambiado de nombre, dejando de lado sus apellidos Schneider Reus, que coincidían con el de su hermano Simon Schneider que era el suministrador de citas y consejos estilísticos y estructurales. Si en la Ciudad Condal quien devendría escritor de éxito en Nueva York había pasado inadvertido por la flojera de sus novelas, al otro lado del charco se convirtió en un escritor de éxito, de culto, que era combinado con su cerrado secretismo: huía de la farándula del mundillo literario, evitando a la prensa y no dejándose ver por ahí, lo que elevaba la estima hacia los libros de un escritor oculto…La relación de asesoramiento , que Simon dudaba de haberla iniciado, resbalaba en la medida en que el facilitar al escritor de éxito citas ( para su novela más lograda nada menos que treinta y cinco)sentía que mientras el otro crecía, él, el verdadero artífice de las novelas presentadas por su hermano, iba quedando no sólo en el anonimato, sino que sentía que entraba en un imparable proceso de empequeñecimiento; a esto ha de sumarse que Rainer Bos le tratase de manera despectiva en sus misivas, llamándole asesor, subalterno, subordinado, der Gehülfe ( ayudante, en alemán), chupatintas, botarate, teórico críptico, y…hasta esclavo.

Además de vislumbrar, al leer las novelas, la presencia de su mano y de sus atendidos consejos, lo cual le inquietaba provocándole los dolores propios de las piedras en el zapato, por lo general le gustaban las novelas de su hermano, ya que en ellas se daban cambios repentinos de temas serios a frívolos, lo que hacía la lectura ligera, garantizando el éxito de tales libros que, en opinión de algunos, no hacía sino reflejar la marcha del mundo, respondiendo al modo de dibujar impresionista propio de un Monet; se da, por otra parte, un elogio de cierto distanciamiento que es el que facilita, según se expresa, la capacidad de aprehender el mundo en su autenticidad y posibilidad de ser narrado en su carácter fragmentario ( «amaba sobre todo a los escritores que, a partir del momento en que la literatura quedó establecida como un fin en sí misma – sin Dios, sin justificación externa, sin ideología que la sustentara, como un campo autónomo: una posición que empezó a forjarse con Flaubert y sobre todo con Mallarmé, e incluso antes de ellos- supieron asimilar sin problema su condición de impostores » . Los problemas surgen cuando la capacidad de absorber, parece sufrir serios problemas de encasquillamiento lo que hace que algunas citas queden incompletas, incertidumbre en fecha significativa: el 27 de octubre de 2017, siendo este alargado lapsus un caso aparte que le va a dejar bloqueado y sumergido en una búsqueda permanente de una cita sobre el infinito, y…empujado por esta búsqueda partirá del retiro en una casa desconchada de los acantilados de Cadaqués, en el caserón destartalado del Cap de Creus y y su ubicación- precisamente en aplicación de un singular estado de ubicuidad- en Portugal ( rememorando un viaje de juventud), el negro se devana los sesos en busca del final de la incompleta frase que se le resiste…del mismo modo que Rainer se planteaba en alguna de sus obras las dudas de si seguir escribiendo o dejar de hacerlo; y es cuando el suelo firme parece tambalearse cuando la creatividad ha de sortear la sequía y las dificultades para seguir adelante: o cesar o explorar nuevas vías. Las derivas entre los recuerdos de los tiempos pasados de la tía Victoria ( sin obviar la relación vertical impuesta por el Padre Schneider), y otros devaneos que se entrecruzan en los borrosos límites entre ficción y realidad, van desarrollando esta historia que se entreteje con varias otras, entre las que también hay cabida para los tiempos de declaración de la República catalana del parlament, su carácter ambiguo, virtual etc., y la aplicación al caso del dicho de Marx de que la historia se repite como tragedia y como farsa…y el escritor solo con su soledad y su sequía y hasta con tentaciones de deshacerse de toda creación anterior por la senda intentada más de una vez por el atormentado Blas de Otero; « yo deseaba sostener, con mi individualidad desesperada, una lucha contra la soterrada propaganda continua de los partidos, siempre en campaña electoral» [ a fuer de sincero diré que a pesar de la declarada indiferencia y distanciamiento del tema, puede verse por sus expresiones- tejamenajes, separatistas…- una posición definida , cada cual es cada cual, y es de perogrullo que la opinión de cada cual es la opinión de cada cual, con respecto a la cuestión catalana ¿ o española?]. Dos visiones enfrentadas del quehacer literario ( rebelión versus reacción): la creación ad infinitum, en una entrega a la labor sin límite y una tendencia a mantenerse en el anonimato, y la busca de la fama plegándose al negocio mercantil con todas las imposiciones del beneficio y las estrategias que ello supone, aunque con tentaciones a desaparecer. El encuentro en Barcelona, Rainer había acudido en compañía de su mujer , ¿ e inspiradora y ayudante?, Dorothy (el otro hermano buscaba a su esfumada Siboney; contatando, Simon, un asombroso paralelo, de algunas situaciones vividas con ella, con un cuento irlandés de Tóibí) dejará expuestas con nitidez las dos valoraciones de lo literario, aunque con titubeos y hasta con apariencias de cambios de papeles y valoraciones entre Rainer y Simon, y viceversa…« una oscilación entre dos conciencias : la que desea tener fe en la escritura y la que preferiría inclinarse por el desprecio y la radical renuncia – escribía un crítico con respecto a la obra de Rainer, para añadir que – se debate siempre en esta disyuntiva: ahora sí, ahora no, estoy dentro y estoy fuera, al mismo tiempo: sigo, no sigo ».

La habilidad narradora de Enrique Vila-Matas se desliza con una voz ventrílocua que son muchas voces ya que la inspiración y los préstamos, forman parte de cualquier narrador que se precie, ya que de la nada, nada surge en la página en blanco; y si el otro, Bernardo Atxaga dedicaba unas lúcidas páginas de elogio al plagio en su Obabakoak, el catalán nos entrega unos encendidos elogios del arte de la cita – con referencias explícitas a Georges Perec y Vladimir Nabokov- como uno de los componentes esenciales, sino el principal, de la creatividad literaria.

En la prosa de esta novela el escritor da muestras de su capacidad aglutinadora como si de un crisol se tratase, por el que se filtran distintas voces de escritores, en una dirección guiada por ciertas ansias pessoanas, visitando en este caso los problemas de la creatividad, del misterio de algunos escritores ( el modelo de los Pynchon o Salinger, y el grafitero Bansky planean por las paginas), y de los negros , anónimos, utilizados por algunas editoriales y por algunos escritores que se benefician del buen hacer de algunos éstos que trabajan en la sombra para que sus obras sean firmadas por la marca de autores consagrados, y la fama, el éxito, son otros de los temas que inundan las páginas. Una vez más como en él es hábito, Enrique Vila-Matas continua manteniendo en su quehacer, ese híbrido entre novela y ensayo ( evitaré nombrar la inevitable vena meta-literaria ), con un centro de gravedad sustentado en una sólida y fluida capacidad narrativa que conduce al lector a aprender sintiendo un ineludible deleite en la travesía …perlada con el característico y fino sentido del humor con que, por los bordes del delirio, avanzan las historias, que provocarán sonrisas cómplices a no ser que el lector tenga problemas gestuales o esté atacdo por alguna forma de seriedad de oficio … historias y cavilaciones que se dirigen por caminos que no llevan a ninguna parte, caminos del monte ( holzwege, de los que hablase Martin Heidegger), pero que visitan muchos, y conducen a espacios abiertos y claros ( a los claros del bosque se refería María Zambrano), que nos develan coloridos paisajes de la literatura, que van y vienen a/de lugares en los que nunca se ha estado, según diría Samuel Beckett. Buscando la vida y la claridad tras « esta bruma insensata en la que se agitan las sombras, ¿ cómo podría esclarecerlas?» ( Raymond Queneau).

Todo ello puede llevarnos a concluir que si la frase hecha afirma que tout le reste c´est litératture, en el caso de Vila-Matas no es aplicable tal dicho ya que su mundo, todo, es la escritura, la literatura… Enrique Vila-Matas, el oficio de vivir como escritura, como visita impenitente a los laberintos de lo literario…el viajero más lento guiado por el arte de no acabar nada, lo que para sus lectores, entre los que me incluyo, es una suerte y una esperanza, y que habrá más.

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