Diario de Pernambuco, versão original: [ O que ler de] PRISCILA CAMPOS /// 31 DE MARZO 2018 Hoje o escritor catalão Enrique Vila-Matas comemora 70 anos. O autor volta a ser lançado no Brasil em setembro, pela Companhia das Letras, com o inédito Mac y su contratiempo e com uma nova edição do romance Bartleby & companhia. Aproveitando a efeméride de Vila-Matas, a jornalista e pesquisadora do catalão Priscilla Campos faz uma lista do seu essencial. Destaque para El viento ligero em Parma, inédito no Brasil.
A viagem vertical (1999): Indico como primeira leitura, início de percurso. Aos 77 anos, o nacionalista Federico Mayol é um personagem que conquista e irrita o leitor, guiando a narrativa de maneira ranzinza, mas com argumento, fluxo do pensamento afiados. Após um casamento falido, Mayol abandona Barcelona e vai em busca do abismo e de seu trauma essencial em outras cidades: Porto, Lisboa, Ilha da Madeira. Um esboço elucidativo de como Vila-Matas vai trabalhar o conceito de espaço, posteriormente, em Doutor Pasavento e Dublinesca, por exemplo.
EL VIENTO LIGERO EN PARMA (2004): Ótima seleção de ensaios – gênero dominante na produção de VM, um ensaísta caprichoso. Cinema, leituras, deslocamentos, paisagens são os motes principais dos textos; difícil delimitar destaques, mas escolho dois: 1. Nunca se logra hablar de lo que se ama – Barthes e Stendhal, memória, amor, diários; Vila-Matas, mais uma vez, o elo entre um escritor e outro. 2. El viento ligero en Parma, ensaio que dá o tom da reunião. O poeta Attilio Bertolucci e a cidade de Parma são os protagonistas, o espanhol destrincha o espaço a partir dos versos de Attilio e das imagens de Bernardo, pai e filho como fios condutores de um mosaico geográfico-memorialista.
Doutor Pasavento (2005): Ponto chave na obra do espanhol. Para além do seu fervoroso intuito em desaparecer – argumento que será construído, principalmente, através do conceito de memória da biblioteca – Andrés Pasavento é um caminhante atento. Na sua sombra, disputando o protagonismo da trama, estão os espaços públicos e privados de algumas cidades, em especial, Paris. A Rue Vaneau é, ao mesmo tempo, local tangível e fantasma, voltando sempre ao enredo de maneira recordativa, misteriosa. O romance concentra os principais componentes da escrita vila-matiana: narrador neurótico, reconfiguração dos elementos urbanos na paisagem, apagamento do eu autoral, pleno domínio dos mecanismos intertextuais.
En muchos casos las obras de Rudolph Wurlitzer o Robert Cover resultan inexplicables 
Su proyección latinoamericana (Vila-Matas) ha estado solapadamente activa desde hace mucho tiempo. Ajena a la voluntad de este autor pero no al efecto de su literatura, es acaso en la obra de Roberto Bolaño donde ello puede verificarse. Bolaño asume buena parte del bagaje neo vanguardista de Vila-Matas y lo traduce, servido de instrumentos propios, a lo que considera el imaginario literario latinoamericano. Ello pone en un lugar curioso a Vila-Matas, cuya literatura, a través de la obra de su amigo, devuelve un potencial elusivo que paradójicamente reitera la inteligencia inscripta en 
(De la ![The Outsider. Albert Camus. [Penguin]](http://i2.wp.com/www.blogenriquevilamatas.com/wp-content/uploads/2018/03/índice-1.png?resize=281%2C472)
Hace diez años, en una temporada muy triste descubrí un amigo. El mundo se forma, reforma, informa, conforma a partir de algo así. Porque sientes que si tiembla hay alguien más que lo sustenta. Más bien debería decir: caminando sobre el alambre confío en que me llevará en sus hombros hasta el otro extremo. Amor funánbulo.
ANDREU JAUME. A la pregunta con que titula su artículo “¿Qué hacemos con Lolita?” (El País, 21-II-2018), Laura Freixas contesta al final que “hay que leerla, porque es una gran novela, pero también analizarla y criticarla.” Antes, para fundamentar sus conclusiones, pone en un pie de igualdad, nada menos, que a Tiziano representando al óleo un episodio –el del embate– del mito de la violación de Lucrecia, y a Vladimir Nabokov creando al personaje de Humbert Humbert en su novela. Para ella, tanto el pintor en 1568 como el escritor en 1955 son culpables de haber utilizado su arte para sublimar el abuso de mujeres indefensas.
He de advertir al lector de que en cualquier momento este prefacio podría quedar interrumpido por la máquina de impedir prólogos que he inventado precisamente aquí mismo en esta casa de Berna en la que vivo desde hace unos meses, a cuatro pasos tan sólo de Kramgasse, 49, donde Einstein a principios del siglo pasado anunció al mundo su descubrimiento de la teoría de la relatividad. Por esos días, junio de 1905, él trabajaba en la Oficina de Patentes y se dedicaba a redactar informes sobre los numerosos inventos que llegaban a Berna, ciudad que ocupaba una posición pionera en el sector de la electrificación y vivía en una incesante y triunfal euforia de inventos –yo diría que la misma que recorre Inventario de inventos (inventados), el libro del que estas palabras son el prólogo–. Si me instalé tan cerca de esa vivienda mágica es porque pensé que, si tenía suerte, me bastaría con ser rozado por una misérrima porción de aire einsteiniano para crear mi máquina de interrumpir prólogos. Era algo que parecía improbable que pasara, pero que había que probar, y que probé, y que a veces creo que pasó. Estaba un día mirando por enésima vez la recargada cuna de 1906 que conservan en el antiguo piso de Einstein en Kramgasse, 49 cuando se iluminó de pronto mi memoria y me acordé de Raymond Roussel, nada menos que del inventor –con patente registrada incluso– de la creación de vacío en las casas. Se sabe que el invento para el que solicitó su patente en la Office Nationale de la Propiété Industrielle consistía en algo que servía para incrementar la comodidad en los hogares: «El procedimiento consiste en instalar, al construir una casa, placas de metal hueco (en cuyo interior se ha hecho el vacío) en las paredes, tejado, tablas del suelo, techo, tabique y puertas… Creí de golpe ver claro cómo tenía que construir la máquina de interrumpir prólogos: era necesario que combinara la instalación del vacío en mi hogar suizo –hoy apenas me llegan ruidos externos y en realidad vivo como si lo hiciera en una bombona, y creo que nunca coincido con la temperatura exterior– con el invento rousseliano de la resurrectina, aquella sustancia de color rojo que, inyectada bajo la oreja derecha de un muerto y mezclada con un líquido llamado vitalium, causaba una reacción craneal en los cadáveres del jardín de Locus Solus y les hacía revivir breve y exclusivamente el instante más emocionante de su vida. Puse manos a la obra, pero, a lo largo de casi un año, siempre hubo algo que impedía que el invento llegara a buen puerto. Hasta que un buen día decidí analizar seriamente qué fallaba en aquella mezcla de vacío y resurrección y descubrí que el problema estaba en el episodio de turbación que había elegido y que, bien mirado, nunca había sido importante para mí. En realidad, mi mayor emoción la había vivido el día en que, paseando distraídamente por Edimburgo, me encontré de pronto frente al 52 de Queen Street y quedé paralizado al leer de lejos una placa que había allí en la fachada y que hablaba de mí, aunque del que había sido en otro tiempo. Al principio, no podía ni creerlo, pero miré más de cerca y comprobé que había leído bien: “En esta casa nació sir James Young Simpson, el inventor del cloroformo”. Eso me produjo un impacto emocional profundo, pues me llegó de un modo nítido y brutal el recuerdo de que, en una encarnación anterior, yo había patentado el cloroformo poco después de que en una infinita noche escocesa hubiera descubierto por casualidad el poder anestésico de aquella sustancia de la que, de haber ingerido algún gramo más, habría muerto y, en cambio, de haberme quedado corto en la ingestión, no habría descubierto nada. La recuperación de ese recuerdo, el reencuentro con la emoción más profunda, me dio la pista para –mediante una combinación más eficaz de vacío y plenitud– mejorar el mecanismo de mi máquina de interrumpir prólogos, de cortarlos en seco sólo para que de golpe se abra paso, sin mayores y ridículos preámbulos, por fin, la emoción verdadera.
PABLO SOL MORA. En mi opinión, el mejor novelista en lengua española de la actualidad, el que mejor ha comprendido la evolución del género (como Philip Roth y J. M. Coetzee lo han hecho en otros lares) y el que le ha abierto nuevos caminos
(…) Convertido ya en el lector modelo de su propia obra, es también lo más parecido a la figura de un autor (auctor) que pueda imaginarse en estos cínicos tiempos; es decir, alguien que, como indica la etimología, se dedica a augere: a aumentar, a agrandar, a multiplicar las coordenadas de nuestra ambigua y escurridiza realidad. El auctor, por eso mismo, se apoya en lo que ya existe y en lo que, ya existiendo, tiene autoridad. En definitiva, aumenta la cultura; acrece el tiempo de la vida; coloca, en mitad de un viejo sendero chino, un invisible gato bajo la lluvia 

JOAN VIGÓ (Poble Nou, La charca literaria) Quiero exhumar el poema que compongo con las palabras de Vila-Matas en DOCTOR PASAVENTO. Utilizaré las 25 marcas de color amarillo que señalan pasajes del libro. De la página de cada marca, en su orden numérico, elegiré un verso, tomando el título del poema de la primera marca hasta formar un poema de 24 versos. La imposición implica, como siempre, no poder retroceder en la decisión tomada en cada página.
“Ahora que ocho títulos tuyos circulan por los Estados Unidos, que New Directions también ha comprado los derechos de Mac y su contratiempo, que estás traducido al sueco y que has recibido tantos premios, ¿han menguado o han crecido tus ganas de huir?
En el Día de la Mujer.
Que todo en él era excesivo se percibía en las intensas tertulias de cine y humo que sostuvo durante un largo tiempo con Juan Marsé y Joan de Sagarra, en el bar —con pianista— del Majestic. Por aquellos días, Marsé llegó a escribir del descomunal Coma: «Tiene que haber algo que este chico no sepa. Se ha visto todos los wésterns y todo el cine negro y de aventuras, todos los melodramas y todas las comedias clásicas, se ha leído toda la narrativa que ha nutrido el cine norteamericano, sabe de jazz y tebeos más que nadie, pero ¡por todos los diablos!». (
Me preguntaron si era fácil distinguir entre una buena novela y una que no lo era, y dije que bastaba con examinar cuáles eran sus relaciones con las altas ventanas de la poesía. Precisé que hablaba de sutiles conexiones con la poesía y en ningún caso de lo antagónico: novelas escritas por poetas a base de prosa poética, algo absolutamente a evitar cuando se trata de una novela. (
Todo es posible, eso creo que quiere decir Vila-Matas con esa frase, siempre que sepamos ver lo que hay de «encuentro» en las cosas y procesos que hallamos en el acto de vivir-
SANTIAGO DE CHILE. Breve homenaje a Vila Matas, jueves 8 de marzo, entre las 16 y las 21 horas. Participan Gonzalo Maier, Diego Zuñiga, Claudia Apablaza,Pesce, Espinoza, Cristian Crusat y Lorena Amaro. Aud. Filosofía Campus Oriente. Más información aquí:
Decía Manuel Azaña que de 100 lectores, 99 eran poco interesantes. Cuando se le pregunta a Juan Goytisolo, dice que tal vez la frase es exagerada, y sólo son 90, pero que siempre ha sido así, siempre ha habido autores para ser leídos y otros para ser vendidos. La gente tiene la costumbre de comprar a los más vendidos (que casi nunca pertenecen al estricto campo de la literatura) y últimamente, encima, hay suplementos literarios que abren con tres páginas dedicadas al libro que vende, como si éste necesitara aún vender más. Debería esperarse de los suplementos un trabajo más orientador, no marginar –como hacen algunos de ellos- a los escritores poco conocidos o a las editoriales pequeñas. Lo que ya es el colmo es que algunos de esos suplementos ni siquiera a veces actúen así por las presiones empresariales (que es cierto que cada día son más grandes), sino por pura tontería, porque les chiflan los best sellers americanos -de categoría inferior a los de otras épocas-, así de simple.