
La paradoja tiene algo de justicia literaria. El escritor que durante años escribió contra determinadas convenciones de la novela ha acabado convirtiéndose en una referencia para quienes escriben después de él. Lo que entonces podía parecer extravagancia, juego, contaminación de géneros o insumisión respecto de las formas narrativas dominantes ha ido dejando de ser una anomalía. Beckett y Borges, Gombrowicz, Marguerite Duras, Thomas Bernhard: autores que para Vila-Matas fueron durante mucho tiempo escritores singulares, difíciles de situar en el canon, son ahora clásicos indiscutibles.