
⁄Pérez-Reverte es el autor español vivo más traducido, Vila-Matas un firme candidato al Premio Nobel.
Apenas se habían tratado, y por eso fue para muchos una sorpresa verles juntos en la Real Fábrica de Tapices de Madrid, donde se entregaban los premios Zenda el pasado martes.
El barcelonés, que recibió el Zenda de Honor a la trayectoria, se mostró fiel a su leyenda: anunció que iba a leer “el discurso de minuto y medio, que en realidad será de dos minutos” (en referencia al tiempo que le habían fijado), y comentó que Ana Botín, quien le precedió en los parlamentos, había adelantado una cita de su intervención antes de que él mismo la leyera, sin que supiera cómo podía haber ocurrido. “A Enrique siempre le pasan estas cosas”, comentó una persona próxima.
La celebración de Zenda, que llega a su segunda convocatoria, me ha recordado, aunque en formato muy diferente, una característica de la fiesta de La Vanguardia en Sant Jordi. Son encuentros con gran capacidad de convocatoria que congregan a una audiencia transversal, tanto en lo político como en lo cultural, transcurren en un clima simpático y amable y demuestran que la buena convivencia sociocultural se genera creando y ofreciendo puentes.
Zenda es una publicación literaria digital impulsada desde hace diez años por Arturo Pérez-Reverte, con más de 300 artículos mensuales y derivaciones como la colección de libros de aventuras Zenda-Edhasa, y con un equipo integrado por el director Leandro Pérez, Álvaro Colomer, María José Solano y Miguel Santamarina, entre otros.
Los premios los decide un amplio jurado independiente, compuesto por periodistas culturales y responsables de suplementos, entre los que figura Cultura/s.
La fiesta congregó a ministros socialistas (Félix Bolaños, Óscar Puente) junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde José Luis Martínez-Almeida, del PP. En el campo literario, nutrida presencia de académicos de la RAE como Soledad Puértolas, Clara Sánchez, Javier Cercas, José María Merino y Luis Mateo Díez (Pérez-Reverte, también académico, había publicado el día anterior en El Mundo un duro artículo criticando el funcionamiento de la institución).
A su lado, Espido Freire, Sergio del Molino, Carlos Zanón, A.J. Ussía, Carmen Posadas, José Carlos Llop o Emilio Lara; superventas como Luz Gabás y Juan Gómez Jurado; numerosos editores; el cantante Loquillo y el director Alejandro Amenábar.
La entrega estuvo presidida por la reina Letizia, buena lectora, siempre comprometida con la difusión de la literatura. La Reina hizo un elaborado discurso con alusiones a una frase ya célebre de Pérez-Reverte (“no tengo ideología, lo que tengo es biblioteca”), a los contenidos de la revista (invitó a “vivir en Zenda ”) y a los distintos premiados. De Vila-Matas destacó la capacidad de desafiar convenciones, y al acabar el acto quiso seguir la conversación con él, para lo que el novelista venció con éxito lo que calificó como “mi timidez”.
Al igual que el año pasado, los premios contaron con buena presencia catalana: junto al autor de Bartleby y compañía fueron reconocidos Anna Caballé (ensayo), José María Micó (traducción), Luis Solano de Libros del Asteroide (editorial) y Najat el Hachmi (infantil).
Otros premios fueron para Paco Cerdà (narrativa), Chantal Maillard (poesía), Esther L. Calderón (ópera prima) y Letras Corsarias (librería). El de innovación recayó en el servicio bibliotecario digital eBiblio, que recogió el secretario de Estado de Cultura, Jordi Martí.

Sergio Vila-SanJuán