Lucas Vargas Sierra le da 4 estrellas en GoodreadS a CHET BAKER PIENSA EN SU ARTE

https://www.goodreads.com/review/show?id=3265221642
9783836505147-2
Uno de mis tópicos favoritos en el quehacer de las historias es aquel donde la muerte se ve engañada. Desde la cuentista de las mil noches y una noche, hasta el buen samaritano que en un cuento antioqueño deja a la parca colgada en la punta de un palo de aguacates. Todas estas ficciones me hablan de cerca porque resuelven uno de mis miedos primarios. Si la muerte puede ser engañada quizás no debamos temerle, quizás haya algo parecido a la esperanza de no tener que apurar su plazo.

A mí me gusta, en ocasiones, sentir que la literatura de Vila-Matas es un poco eso. Un esfuerzo por engañar a la muerte, la real, con la existencia de la ficción, la real. Y aquí empieza uno a hacerse un embrollo porque esas categorías, ficción y realidad, no son en Vila-Matas sino una excusa para crear narraciones, una suerte de campo elegido para atravesarlo con el lenguaje, sin que importe mucho que dicho terreno esté lleno de verdor o de esparto, sin que importe mucho si los límites existen o se crean o se rompen. De algún modo, lo que quiero decir sobre la escritura de Vila-Matas es que consigue encontrarse con la vida (y por lo propio, con la muerte) en igualdad de condiciones y ofrece, entonces, la muy tentadora posibilidad de leer todo esto como un juego, como un relato, como una línea que alguien compone y que es, por el acto de la escritura que es el acto de la lectura, al mismo tiempo efímera y eterna.

Ahora, el juego de Vila-Matas, la búsqueda de Vila-Matas, la he encontrado en todos sus libros. Este no es la excepción, por el contrario, al tratarse de una antología cuyo hilo es temático, pareciera que aquí hay mucho más de ese juego que en cualquier de sus otras obras. Aquí las preocupaciones del autor, que no van sólo en este sentido de los límites entre lo real y lo falso, se ven diluidas a la exclusividad: aquí lo importante es el texto, la relación de la literatura con sus posibilidades de realización, la idea, intermitente pero siempre presente, de que son las paradojas del lenguaje y de la escritura las que permiten habitar el mundo. De que un mundo sin literatura es, no solamente inviable e inmensamente aburrido, sino netamente imposible.

El espíritu de la antología queda claro en la selección y aunque me parece curiosa la elección de una organización temporal de los relatos (qué importa, pues, si uno va después del otro cuando el tiempo de la escritura no es, según el mismo Vila-Matas, el tiempo de la lectura) creo que consigue trazar un camino al lector, llevándolo despacio hasta enfrentarlo con el texto epilogal de los sucesores de Vok luego de haber sobrevivido, vapuleado, a ese largo ensayo fictocrítico cuyo título es homónimo al título de la obra. “Chet Baker piensa en su arte”, el cuento ensayo, es el centro de gravedad de la antología y creo que todos los demás, incluso el hecho de que sea una antología, no están ahí sino como parte de un proyecto cuya presencia el texto central requiere. Creo que los demás relatos entran a formar parte del libro porque se necesitaba de muchos Finnegans y de muchos Hires para situar de manera propicia el ensayo de Chet Baker.

Mejor dicho. Creo que los demás cuentos del libro no cumplen sino como víctimas propiciatorias, como sacrificios, a ese monstruo especulativo que es el título central. Los personajes, los epígrafes, las situaciones, todo es absorbido por ese último relato que termina construyéndose como una reflexión alrededor del alcance de la propia escritura, en una declaratoria de poética no muy inesperada pues pocos autores insisten tanto en destripar el engranaje de sus aparatos creativos como Vila-Matas.

Falta agregar, simplemente, que esa carnicería a mí me encanta, y que seguiré comentándola, a punta de pleonasmos y paradojas, siempre que la encuentre.

 

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