
No me había preguntado nunca qué había sido de la biblioteca personal de Borges –que otros llaman Biblioteca de Babel– hasta que hace dos años un amigo barcelonés, que no tiene relación alguna con la literatura pero le gusta aventurarse en territorios ajenos (cuando va a París se instala en el cuartucho de hotel de Jean Seberg y Jean-Paul Belmondo en À bout de souffle), me envió por whatsapp unas desconcertantes fotos que se había hecho en Buenos Aires con María Kodama y con la biblioteca personal de Borges al fondo. ¿Cómo había llegado hasta Babel? Pidiendo hora, me respondió. (sigue leyendo)