Un fragmento de Alejandro Zambra

Transatlántico atracado en el puerto de Barcelona en 1920.

Transatlántico atracado en el puerto de Barcelona en 1920.

AMPLIACIÓN DE LIBROS RECOMENDADOS (2) Con Mudanza, el libro de poesía de Alejandro Zambra, tengo una relación extraña. Me regaló el autor en 2003 un ejemplar de la primera edición, me lo regaló en Santiago de Chile horas después de conocerle; él era entonces un joven crítico que no había aún publicado los libros de narrativa que luego le dieron fama. Es un libro genial, que se lee muy bien por el tono y que a mí -sólo a mí que yo sepa- me recordó el tono que tanto me había fascinado en Sepulcro en Tarquinia, de Antonio Colinas.

En la mudanza de 2010, de una casa a otra en Barcelona, mi ejemplar de Mudanza se perdió y no tardó en aparecer a la venta en internet (Zambra me había dedicado el libro). A diferencia de otros escritores, de los que también perdí involuntariamente sus libros y que se lo tomaron mal, porque no creyeron en mi inocencia, Zambra fue a mi encuentro en Parati, en Brasil, para decirme que comprendía que en una mudanza pudiera perderse Mudanza y que, además, era un libro tan pequeño, que era fácil extraviarlo entre tantos pesos pesados que debí trasladar en mi cambio de casa. No hace mucho un amigo me anunció que iba a enviarme una reedición en la editorial Contrabando de un libro de Zambra y de inmediato adiviné -como así fue- que era el libro perdido que volvía a casa:

“Me dijeron que avisara treinta días / antes me dijeron que avisara treinta/ veces al menos me dijeron que al/ menos avisara treinta veces y que / en días como estos no se debe / -no se puede- trabajar. Que me fuera (…)”

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