MALLORCA, diario Ultima Hora, conversación con Vila-Matas. Domingo 16/07/23

Mallorca-Formentor 3ADRIÁN MALAGAMBA Se cumplen 50 años de su debut literario, no obstante, ¿coincide esa efeméride con sus orígenes como escritor? ¿En qué momento se dio cuenta de que lo era?

V-M Supongo que cuándo escribí algo que vi que podía insertarse ya en un cierto orden poético. Aun no habiendo publicado nunca poesía, en época colegial escribí poemas. Si me animé a escribirlos fue porque me deslumbraron Luis Cernuda y César Vallejo. Pero en cuanto al momento en que me di cuenta de que era escritor es posible que se diera al cruzar la frontera entre una frase corriente y una con un cierto toque literario.

¿Cuál es su relación literaria y personal con Mallorca? ¿Cuánto le ha influido, si es que lo ha hecho, como escritor?

Está fuera de duda que mi mujer, la queridísima Paula de Parma, mallorquina, me ha influido tan decisivamente en todo que hasta me ha salvado la vida. Son amplios, por otra parte, mis vínculos afectivos con personas maravillosas de la isla.  Vine por primera vez a Mallorca con mis padres, a los quince años. Nos hospedamos en el Hotel Alcina. Viajamos por toda la isla y me fascinó la belleza del hotel Formentor, hasta el punto de que lloré cuando supe que no íbamos a pernoctar allí.

¿Cómo de importante es el espacio físico dentro y fuera del libro en su trabajo como escritor?

En mi casa de Barcelona es donde escribo, no lo hago fuera de ella. Pero mis libros tienen algo de viajes mentales, no existen en ellos fronteras del mismo modo que éstas no existen en el pensamiento. De ahí que, cuando el año pasado terminé y entregué mi último libro, Montevideo (Seix Barral, 2022), pergeñado como todos en Barcelona, me diera cuenta de que era como si lo hubiera escrito entero desde París. Desde un París móvil quiero decir. Porque quizás fue esa movilidad de una ciudad extranjera la que me ayudó en Montevideo a desdibujar la noción de espacio-tiempo, tan habitual, demasiado, en las novelas que hemos leído.

Tras 50 años de escritura, ¿cómo se vislumbran aquellas primeras palabras sobre el papel en ‘Mujer en el espejo contemplando el paisaje’ desde el presente?

Para la pregunta que me plantea no hay una respuesta satisfactoria. Es la eterna cuestión del Yo y su continuidad en el tiempo. ¿Qué cambia y qué permanece igual? En aquellas primeras palabras me proponía a mí mismo elegir “mi mejor aspecto para buscar las palabras que iban a llevarme al silencio”. Si todo ha cambiado o permanece igual no sabría decirlo, pero, al recordar esas primeras palabras, me llega la impresión de que están escritas como si supiera que, cinco años después, iba a descubrir a Blanchot, que decía que la obra era el movimiento que nos conducía al punto puro de la inspiración de la que proviene y que parece que no pueda alcanzar más que desapareciendo”

Nabokov señaló, como recoge usted mismo en su propia página web, que ‘la mejor parte de la biografía de un escritor es la historia de su estilo’, ¿es ‘Montevideo’, su más reciente novela, un estudio de esta idea?

Esta frase fue, en efecto, uno de los puntos de partida: escribir la biografía de mi estilo. Pero, afortunadamente, me eché atrás en cuanto comprendí que lo que reflejaba toda mi obra era precisamente la biografía de mi estilo.

¿Es inevitable que el narrador que escribe durante suficiente tiempo acabe escribiendo sobre el propio hecho de escribir? ¿A qué cree que se debe?

No. Seguro que es evitable. Pero yo mezclo desde siempre ensayo (pensamiento) y ficción. Y no es extraño que ya muy pronto pensara en preguntarme (y hasta hoy) qué diablos era eso de la literatura que parecía aspirar a ocupar gran tiempo de mi vida.

¿Cuántas veces se ha formulado la pregunta: ‘Para qué seguir escribiendo’ y cuál es la respuesta que suele darse?

Ahora que ya sé plenamente que es una pasión inútil, más ganas tengo de seguir escribiendo. Y es que me divierto como nunca. Por otra parte, la experiencia de escribir Montevideo ha llegado a conmocionarme. Hacia el final del libro, no quería acabarlo para no tener que entregarlo ya a la editorial. Escribiéndolo, me he sentido otro, como nunca. Sentí emociones y miedo mezclados con las risas. Y la inolvidable sensación de que estaba frente a la puerta que daba al famoso “punto puro de la inspiración”.

¿Existe una frontera en su forma de ver la literatura entre realidad y ficción? Y si la hay, ¿dónde la dibuja?

En nuestro cerebro no existe esa frontera. Ya es sabido que lo que imaginamos también existe. En Montevideo, el narrador viaja a un hotel de esa ciudad para ver una extraña puerta de un cuento de Cortázar titulado La puerta condenada. Una puerta tras un armario sobre la que en 1954 la crítica Beatriz Sarlo había señalado que precisamente en esa puerta del relato se encontraba “el lugar exacto en el que irrumpía lo fantástico en el relato”. Al entender o imaginar que Sarlo sugería que ficción y realidad convivían perfectamente en ese “lugar exacto” que podía encontrarse en la puerta 205 del Hotel Cervantes, de Montevideo, llevé a mi narrador a esa ciudad.

¿Qué importa para el hecho literario: lo que le ocurre al escritor o lo que hace con lo que le ocurre?

Nada y todo. Depende de si el escritor tiene el talento suficiente para lograr que lo que escribe interese al lector. Para interesar ha de conseguir que lo que cuenta sea verosímil, es decir, que el lector lo crea.

Se ha dicho de su obra que es un tirar del hilo de lo cotidiano, de lo mundano, hasta lo más ‘raro’, lo más peculiar, ¿se trata de un equilibrio entre el lugar común reconocible por todos y la huida del mismo?

Esto que dice que se ha dicho sobre mi obra se ha dicho también, por ejemplo, de muchos de los cuentistas argentinos del “área porteña” (Bioy Casares, Cortázar, Samantha Schweblin).

Si partimos del hecho de que el mundo y la vida son carentes de sentido en sí, ¿es la literatura una fuente de la que brotan múltiples intentos de significado?

Suele decirse que la literatura está llena de “visiones del mundo”. Pero esto es un cliché. Yo, por ejemplo, no tengo ninguna, “solo soy una sombra”, que decía Bergamín.

En ocasiones se abusa del concepto ‘literatura filosófica’, personalmente creo que por pura pereza, no obstante su obra sí podría encajar a la perfección en esa ‘categoría’, ¿qué es para usted la literatura de índole filosófico’?

Es la que deja que el pensamiento acompañe a lo narrado. Me encanta leer a autores con una prosa inclasificable, a lo Nietzsche, o la prosa extraña del Discurso del Método, de Descartes, libro que para algunos fue la primera novela moderna, ya que en ella se narra la pasión de una idea. Mezcló ensayo y biografía de un modo insuperable.

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