EL CONJURADO DEL JARDÍN DE KASSEL, por Alejandro Ratia, revista Quimera, junio.

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 En Kassel no invita a la lógica de Vila-Matas reutiliza el título de un artículo suyo. Allí era Turín la ciudad que no invitaba a la lógica, contradiciendo y confirmando a un tiempo una cita de Italo Calvino: «Turín invita a la lógica, y ésta abre camino a la locura». La cuestión es que la locura y Nietzsche se cruzaron en una esquina turinesa. Y Vila-Matas partía de Nietzsche, en su artículo, para reflexionar sobre el futuro de la literatura y del arte, porque en paralelo a la locura, había surgido la intuición de que «las obras de arte del futuro serían narraciones irónicas que pondrían en pie ya sólo simulacros de tragedias: dramas fundados, por ejemplo, en la heroicidad de lo insignificante».
En su último libro, Vila-Matas cuenta su experiencia como escritor invitado (writer in residence) en la última Documenta de Kassel (2012). Y esa experiencia lo confronta con ese futuro nietzscheano de las obras de arte. Cuando los críticos ya no se toman (no nos tomamos) el arte demasiado en serio, o no se entretienen en él lo suficiente, conviene aprender del escritor Vila-Matas que, confesando su ignorancia, se pasa una noche al raso junto a una instalación de Pierre Huyghe, consistente en «un estercolero para la producción de humus», la estatua de una mujer con una colmena en su cabeza, y dos perros deambulando por los alrededores, uno de ellos, un galgo con una pata pintada de rosa. El jardín francés de la ciudad alemana dejaba hueco para la descomposición creativa, la extrañeza, y el azar de las transformaciones. El monólogo interior condujo a Vila-Matas a Turín, y de allí de vuelta a Kassel: «la ciudad invitaba a la ilógica que abría paso a una lógica no conocida». El arte como acicate del pensamiento, en una visión positiva, casi ingenua.
Vila-Matas lleva a su terreno una posible crónica de la Documenta, y ése es el género que él mismo bautizó como autoficción en El mal de Montano. Como es bien sabido, Kassel es el evento mayor del Arte, una cita quinquenal donde es obligado sorprender. En los prolegómenos de su relato, Vila-Matas confiesa lo siguiente: «Para convencerme a mí mismo de que iba a estar muy bien que viajara, me dio por pensar que había un punto en común entre las grandes expediciones de otro tiempo y la que me proponía emprender en solitario». Estos capítulos iniciales, incluida la misteriosa invitación de la comisaria, se parecen al arranque de una novela de Julio Verne. Más adelante nos encontramos con que se inventa dos autores consecutivos (el anti-intelectual Autre, y el leve Piniowsky, nombre que toma en préstamo de Joseph Roth, y que dejará de opinar del mundo para opinar del arte), personajes que escribirán por él en ese restaurante chino, a las afueras de Kassel, donde la dirección de la Documenta lo condenaba a ser instalación viviente. Excelente en su escritura y estructura, Vila-Matas sabe darle cuerda, con claves recurrentes, en espiral, a una novela no-novela tan divertida como reflexiva, con pequeños poemas en prosa incrustados, y donde se nos refieren las patologías de la conversación y los beneficios de las caminatas.
La actitud de los escritores españoles hacia el Arte Contemporáneo suele ser la del desdén. Recuérdense las tonterías que dijo Muñoz Molina sobre Joseph Beuys. Este desencuentro conjuga desconocimiento y recelo, recelo de la Literatura hacia un arte que compite en su mismo territorio. Se añora la vieja entente entre Poesía y Pintura. Vila-Matas no tiene miedo a la competencia. Sabe que su juego es el mismo. Por algo, las artistas Sophie Calle o Dominique Gonzalez-Foerster pidieron la colaboración del escritor barcelonés. «Siempre me ha gustado ser vanguardista», dejó escrito. La dificultad contemporánea para ser vanguardista es, no obstante, que la vanguardia quedó atrás. E incluso parece haber quedado atrás la literatura. Tarea nueva es dejar de ser vanguardista. La solución (y cito a Vila-Matas) es ser «una especie de ágil y muy móvil conjurado del bosque».

(Revista Quimera, en su número de junio 2014)

 

Acerca de evilamatas

Me acuerdo de la primera vez que oí a mi padre hablar en su idioma fantasma...» (p. 103-104 de 'El padre extranjero'de Eduardo Berti)
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