“Ça a commencé comme ça” (L.F.Céline. Voyage au bout de la nuit)
La cosa empezó así. Me llamó un día Chus Martínez. No la conocía personalmente y me impresionó su viveza y talento, su genio tan desligado en cuestiones artísticas de la cutre apatía propia de este país. Me dijo que Carolyn Christov-Bakargiev y ella querían invitarme a Kassel 2012 junto a unos cinco o seis escritores más, europeos y americanos, ligados a la vanguardia literaria del momento. Querían contar con nuestra presencia para que residiéramos en la Documenta por un tiempo. Me sugirió que pensara en alguna clase de proyecto, en algo que pudiera hacer allí. Al principio, pensé sólo en el propio proyecto que me sugirió Chus aquel día. Me habló de que pasara tres semanas en un restaurante chino de Kassel escribiendo y hablando con la gente que apareciera por allí. La escuché con interés, pero la sola idea de imaginarme a grupos de abuelos alemanes bajando de autobuses del inserso para ir al restaurante chino a ver lo que escribía me horrorizó y acabamos pactando una intervención en Kassel de otro estilo, ligada a un proyecto totalmente imposible: la presentación de un archivo completo –ni Dios lo tiene- sobre el mundo de las trazas, de las huellas; la historia del rastro que hemos dejado los humanos en el tiempo.
Ese proyecto entró pronto –en junio de este año- en pleno work in progress y en mi propio blog (1) anuncié que iría a Kassel con mi Archivo de Huellas, del que era consciente que al final solo podría presentar en sociedad la sección A-1, que por sí sola ya venía a ser una sección inacabable, infinita, y que por tanto no tendría terminada para Kassel, ni nunca. Ya desde el primer momento reconocí que mi fantasmal proyecto recordaba bastante al Archivo General del Fracaso del joven Vilnius en mi novela Aire de Dylan. Y, como nada tenía que envidiarle al gran Fichero de Vilnius en cuanto a planteamientos desorbitados, expliqué que estaba seguro de tener bien amarrado un completo naufragio. Está claro, dije, que me gusta lo difícil y, sobre todo, lo imposible. La sección A-1 de mi archivo cargará las tintas, seguí diciendo, sólo en un tipo de trazas que son precisamente, de entre todas las posibles, las más complicadas de localizar.
Me dediqué en los días siguientes a buscar las huellas del descubridor en Occidente de las huellas digitales, anduve husmeando en datos concernientes a la vida de Juan Vucetich, un modesto y gris policía argentino de la ciudad de La Plata, que en 1891 llevó a cabo las primeras fichas dactilares del mundo… Fue curioso, o quizás no tanto, pero no tardé en descubrir que de él se había perdido todo, incluso sus propias huellas dactilares.
En definitiva, dije un 12 de junio, mi exposición en Kassel consistirá tan sólo en la presentación de una sección de mi archivo, la A-1. No me parecía que me alcanzara para más. Primaría lo literario en esa presentación porque todo tendría la apariencia de una conferencia. Mejor dicho: sería una conferencia.
Unas horas después de decidir esto, me enteré casualmente de que la Documenta había encontrado en el otro extremo de Kassel una casa en la que Critical Art Ensemble iba a realizar un proyecto que consistiría en un ciclo de conferencias durante los 100 días de la exposición, ponencias a las que probablemente no acudiría nadie y no serían oídas, dada la lejanía del lugar. De inmediato caí en la cuenta de que ese lugar de conferencias a las que no asistirá nadie podía ser el sitio idóneo (desde luego mejor que el restaurante chino) para dar mi conferencia, presentar ahí esa primera sección de mi archivo imposible de las huellas.
(1) Esta es la primera de las notas que V-M escribe con destino a su “Conferencia sin Nadie” de septiembre de 2012 en la Documenta. En estas notas -que irán apareciendo en este blog- se propone ir avanzando lo que leerá en Kassel, en la conferencia previsiblemente sin público, que dará en la casa de las afueras que se sabe que la Critical Art Ensemble ha dispuesto para ponencias fantasmas).



